𖠻 Declaración de intenciones


La investigación que dio cuerpo a este manuscrito la inicié a finales de 2022, cuando cursé Taller de Investigación con la profesora Stefania Gallini. En ese momento, aún no tenía claro qué camino tomar para salir del laberinto en que se había convertido mi pregrado en Historia. Tenía claro, eso sí, que quería escribir una monografía de grado en vez de escoger una pasantía o cursar materias de maestría. En los semestres anteriores al taller de investigación había coqueteado con una investigación en la que proponía realizar un análisis sensorial sobre cómo se había representado la violencia cauchera que se vivió en el Amazonas durante las primeras décadas del siglo XX. Después del taller, realicé un giro temático y temporal hacia el estudio de la botánica en el siglo XIX, pero mantuve, hasta donde me fue posible, el enfoque teórico sensorial de mi proyecto inicial pues en las teorías sobre el sensorium había encontrado un espacio creativo que me permitía reconstruir el pasado, leer el presente y soñar el futuro. Puesto que en la lectura teórica puedo encerrarme en un monólogo con mis ideas y alejarme de la realidad, debo hacer explícito mi agradecimiento a las orientaciones de Stefania y a su insistencia vehemente en la importancia de las fuentes históricas y de la discusión historiográfica que me ayudaron a anclar mis pies en la tierra y enfrentar los retos metodológicos de este trabajo de tesis.

Mi decisión de optar por una tesis también estuvo impregnada por el ímpetu de atravesar un “último jardín” y enfrentar mis miedos académicos, antes que cruzar una meta meramente disciplinar. Durante una de las primeras reuniones de asesoría con Stefania el nombre de José Jerónimo Triana surgió en la conversación. Poco sabía de él y lo último que pensé fue que durante los siguientes dos años establecería un diálogo con su trabajo y que de allí se desprenderían afectos y afinidades. 

La botánica siempre me ha generado una atracción particular desde lo sensible, lo sensorial y lo afectivo. En el 2019 consideré hacer una doble titulación con Biología, que luego tomó un rumbo hacia las Artes Plásticas, no sin suplir mi curiosidad por las plantas. En los siguientes años cursé varios cursos de botánica ofrecidos por el Instituto de Ciencias Naturales y tras estas decisiones, fue de nuevo Stefania quien me sugirió que revisara el trabajo de Triana. Su consejo resultó el camino más orgánico. 

Desde entonces, la estructura de esta tesis ha cambiado bastante. En las primeras etapas de la investigación afirmé que mi análisis se centraba en Triana. Pronto caí en la cuenta de que el estudio de su vida y trabajo como botánico ya estaba hecho y que mi pregunta iba por otro lado: el del archivo. Considerar el herbario como un archivo de plantas implicaba considerar los especímenes botánicos como fuentes históricas creadas por manos humanas. Esto me permitió desenvolver mi argumento bajo un paradigma sobre la observación botánica y la conservación de la información biológica. Así mismo, la escritura de la tesis bordeó la práctica de cortar-pegar del fanzine y del remiendo de la costura, actividades que he intercalado entre mis actividades académicas. En varias ocasiones he tenido que realizar pequeñas puntadas para unir, separar y reordenar los argumentos. La arquitectura actual de mi argumentación tiene que ver con la pregunta de si es posible reconstruir una planta a partir de la historia del botánico que la estudió, y si bien no terminé por responder esta pregunta en la investigación que aquí entrego, sí me permitió conectar mi experiencia en la botánica con el trabajo de José Jerónimo Triana. Sin mi proceso formativo tanto autónomo como curricular en esta área del conocimiento no hubiera comprendido gran parte de la documentación consultada y tampoco me hubiera emocionado de la misma forma que lo hice al revisar los especímenes, las cartas, los apuntes y los dibujos de Triana. Mi observación botánica en campo y en las aulas me permitió ponerme en los zapatos del botánico sobre el cual trata esta tesis y por ende el título remite tanto a la observación de José Jerónimo como a la mía.















































































































































































































































































































































































1. Introducción


1.1. Líneas y superficies


1.1.1. Ruta

La investigación que desarrollé para este documento tuvo como objetivo reconstruir y analizar el rol de la experiencia estética y sensorial durante el proceso de conformación del Herbario Nacional, durante el siglo XIX, por José Jerónimo Triana. La pregunta que orientó la investigación fue en qué medida un acercamiento sensorial al herbario de José Jerónimo Triana puede arrojar nuevas luces sobre las prácticas, las lógicas y los discursos de conservación del Herbario Nacional. Partí de la idea de que rescatar la experiencia personal, por ende, afectiva y estética, de quien crea una colección de herbario, así como de quien la consulta, permite comprender cómo los especímenes han sido creados, utilizados y reinterpretados a lo largo del tiempo. 

La argumentación está dividida en dos partes que articulan dos tiempos investigativos. Por un lado, la Primera parte se centra en el tiempo histórico del botánico José Jerónimo Triana en la segunda mitad del siglo XIX y, por el otro lado, la Segunda parte tiene como punto de partida mi tiempo presente de observación del trabajo realizado en el Instituto de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de Colombia. Estos dos momentos están compuestos por cuatro capítulos en total, El botánico, La especie, El espécimen y La planta; organizados según el proceso de reconstrucción del tema de la investigación. 

Los procesos y las experiencias de adquisición y conservación del conocimiento botánico se manifiestan desde la colecta misma, a la cual se suma el prensado, la descripción, el etiquetado y el montaje en la creación de un espécimen[1] y registro de una especie. Estas etapas son necesarias para que lo que era una planta pueda ahora caber en una carpeta, la cual a su vez estará en el cajón de un armario (ver Ilustración 1). Así, esta investigación no es sólo un recorrido histórico por el Herbario Nacional colombiano, sino también una caminata por la materialidad de los bosques contenidos en él. Al igual que en los archivos históricos, el herbario cobra vida por medio de los pliegues y despliegues de una conversación[2].


 Ilustración 1- Estanterías y especímenes botánicos de la sala José Cuatrecasas del Herbario Nacional Colombiano. Fotografías de la autora tomadas a lo largo del 2024 en el Instituto de Ciencias Naturales.



1.1.2. Mapa


Dos versos del poema-ensayo Mapas, de Alberto Blanco, inspiran mi ubicación en la segunda mitad del siglo XIX: “Los mapas nos miran de frente cuando dan cuenta de las superficies. / Cuando quieren dar cuenta de las profundidades, nos miran de lado.”  Bajo este juego de perspectivas y dimensiones, realizaré un mapeo de la superficie espaciotemporal de este trabajo. 

Me centro entre los años 1840 y 1880, duración delimitada por las fuentes que permiten analizar el trabajo de José Jerónimo Triana desencadenado durante la Comisión Corográfica. Esta expedición científica (ver Ilustración 2), creada en 1850 por el gobierno colombiano y activa hasta 1859, tuvo como principal objetivo “producir los mapas de cada una de las provincias de entonces y describir los aspectos naturales, culturales y sociales de las comunidades humanas y de su medio natural”[1]

Ilustración 2- Mapa de los diez viajes de la Comisión Corográfica. Realizado por Milenioscuro el 4 de septiembre de 2012. Consultado en este enlace.

Es importante enmarcar el proyecto de la Comisión en lo que Lina Del Castillo define como “el pensamiento, los métodos y las prácticas que trataron experimentalmente de crear una república moderna para el mundo. La artesanía[2] explorada aquí subraya la cultura material y el trabajo manual práctico que fue fundamental para la producción del conocimiento científico de principios a mediados del siglo XIX.”[3][i] Se trataba de una máquina, un dispositivo ideado para capturar lo viviente que componía el territorio: desde las capas geológicas del “nevado de Chita” (ver Ilustración 3), hasta las comunidades de “cosecheros de anís” en la provincia de Ocaña (ver Ilustración 4). El lenguaje escrito y visual de la Comisión se configuró como un nuevo marco sensible desde el cuál se construía la documentación científica, basada ya no en narrativas externas e “imaginadas”, sino en la observación directa del territorio y de la vida cotidiana; y que luego se usaría para el gobierno republicano. Siguiendo con el análisis de Del Castillo, las élites bipartidistas de la Nueva Granada poscolonial desarrollaron diversas formas de producir conocimiento y prácticas con fines concretos. Entre ellas se encontraban técnicas de levantamiento topográfico para mapear, medir y distribuir las tierras comunales indígenas; estudios sociopolíticos sobre la cultura y costumbres de las provincias; así como escritos, textos y mapas geográficos de la región.[4][ii]


Ilustración 3- Vista del nevado de Chita i del gran nevero que tiene hácia Güicán. Carmelo Fernández (1810-1887). Ca. 1851. Acuarela. 22 x 36,4 cm. Biblioteca Nacional de Colombia, Bogotá. Consultado en este enlace.
Ilustración 4 - Cosecheros de anís, indios mestizos. Carmelo Fernández (1810-1887). Ca. 1850. Acuarela. 31 x 24 cm. Biblioteca Nacional de Colombia, Bogotá. Consultado en este enlace.


La Comisión de la República de la Nueva Granada estaba compuesta por un grupo de científicos, exploradores y artistas que realizaron una serie de viajes por todo el territorio. Entre sus miembros se destacan, además de Triana, Agustín Codazzi, Manuel Ancízar, Carmelo Fernández, Manuel María Paz y Henry Price. José Jerónimo Triana (1828-1890) médico, botánico y diplomático colombiano, fue recomendado por Carmelo Fernández para unirse a la Comisión Corográfica en 1851[5], y se le encargó la creación de un herbario nacional con su respectivo catálogo taxonómico. En esta medida, las observaciones botánicas de Triana están tanto ancladas como dispersas en los múltiples recorridos que realizó a lo largo el territorio que conformaba la nación en aquel momento. En 1855, firmó un contrato para ir a Europa a estudiar y publicar sobre las plantas útiles de Colombia. Desde este lugar, estudió, identificó y clasificó las muestras que había recolectado durante sus viajes. En París, así como en otras capitales europeas, entabló diálogos con científicos notables, escribió la "Flora de Colombia" y representó al país en múltiples exposiciones internacionales. Trabajó como cónsul en París desde 1874 hasta su muerte en 1890 debido a complicaciones de salud. Así, tanto la colecta como las investigaciones de Triana se originan en distintas geografías y temporalidades.


[i] Del Castillo, Crafting a Republic for the World, 2.
The thinking, methods, and practices that experimentally sought to craft a modern republic for the world. The “crafting” explored here underscores the material culture and practical handiwork that was central to the production of early to mid-nineteenth- century scientific knowledge.[ii] Del Castillo, Crafting a Republic for the World, 4.
The forms of knowledge production and practices that these bipartisan postcolonial elites produced toward that end included the land survey techniques developed specifically for New Granada efforts to map, measure, and distribute indigenous lands held in common; midcentury political ethnographies documenting New Granada popular culture in the provinces; the emergence of New Granada’s “science of constitutionalism” and political administration; and the geographic writings, texts, and maps produced of New Granada provinces.



1.1.3.  Morfología y anatomía

Inspirada en Ingold[1] tuve en cuenta líneas y superficies para integrar y definir mi ruta de análisis y poner en conversación la botánica, la historia y mi propia intervención para suscitar el diálogo entre ellas. Las superficies pueden remitirnos a planos de un paisaje por el que se viaja, de un espacio a poblar, o a la piel del cuerpo y el espejo de la mente[2][i]; las líneas, en cambio, se perciben “como un movimiento y un desarrollo”, la continuidad, renovación y quiebre de prácticas, narrativas y discursos.

En el caso de la botánica, la analogía de las líneas y las superficies nos remite a la morfología y la anatomía. La morfología que trata de la estructura externa: sus órganos, disposición y crecimiento, y la anatomía en tanto se encarga de estudiar la estructura interna de las plantas: sus tejidos, exsudados, procesos y reacciones químicas. Más allá del título de esta sección, la dupla morfología y anatomía alude a la relación de interdependencia entre la estructura externa e interna no solo de las plantas, sino de esta investigación: las superficies sobre las cuáles se incrustan estas líneas (libros, cuadernos, cuerpos botánicos) y las líneas que conforman los documentos (letras, dibujos, trazos). En cierta medida, se trata de una conversación sobre la materia, los materiales y la materialidad.[3]

En casi todas las instituciones dedicadas a la investigación en ciencias, existe un salón con estanterías metálicas[4], que hospeda cuerpos. Cuerpos biológicos, cada uno con un espacio definido para reposar durante un tiempo de silencio e inercia. Podríamos también llamarlo tiempo de espera, como en las clínicas, cuando el paciente permanece atento a que el especialista lo haga seguir al consultorio. De esta misma forma, estos cuerpos aguardan el momento en que unas manos lo retiren de la caja o carpeta que lo sostiene para ser interrogado sobre la información que pueda almacenar su materialidad. Es importante agregar que esta evidencia científica contenida en estos cuerpos únicamente se constituye como tal cuando es institucionalizada; proceso que, en el caso de mi análisis, se da por medio del ingreso del individuo botánico al herbario. Aquí se revela que las colecciones no son meramente entidades biológicas; más bien, se erigen como entidades culturales moldeadas por un trabajo de generación de conocimiento intelectual, material y artesanal[5].

Ilustración 5– Fotografías del Laboratorio de Botánica, donde se realiza el quemado de las plantas colectadas por profesores y alumnos del ICN. Fotografías de la autora tomadas en Septiembre de 2024.

Una vez se colecta un extracto o totalidad de una planta y se prensa, aquello que devendrá un espécimen es sometido a un proceso peculiar: es quemado en un horno (ver Ilustración 5). El objetivo es sencillo de entender una vez miramos la materia y los materiales en cuestión: el papel y el ser botánico en proceso de disección y descomposición. El secado en horno se realiza como una manipulación ante aquello que se evita a toda costa, la humedad y las plagas. Una vez la planta está del todo seca, es adaptada a la dimensionalidad plana del papel con técnicas de costura. Así, la transformación física y material durante el quehacer práctico se constituye como etapa fundamental para la conservación de los especímenes botánicos y su inserción en el campo de las ciencias humanas como fuente histórico-cultural. 

Por esto, en mi trabajo establecí contacto con los especímenes colectados por José Jerónimo Triana en el marco de la Comisión Corográfica (1850-1855), los cuales suman aproximadamente 4’000 ejemplares disponibles para consulta en el Herbario Nacional Colombiano (COL), el Harvard University Herbaria y el National History Museum UK. En el caso de los especímenes almacenados en COL, el contacto fue directo. La piel de mis manos pudo tocar y sentir el papel del montaje, las etiquetas escritas por Triana y lo que queda de las plantas que en algún momento entre 1851 y 1857 crecieron en los bosques, humedales y pastizales de Colombia. 

Paralelamente, en esta investigación trabajé con otro cuerpo documental que reposa de forma segmentada en múltiples cajas de distintos archivos: el Archivo Histórico Central[6], la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, la Biblioteca Nacional de Colombia, la Biblioteca Digital del Patrimonio Iberoamericano, la Biblioteca Digital de Bogotá y la Biblioteca Digital Real Jardín Botánico. Es decir, el acervo documental producido por y en relación con José Jerónimo Triana se presenta como las partes de un cuerpo fragmentado en cabeza, cuello, torso, brazos, manos, piernas y pies. En esas cajas encontramos todo aquello que permaneció de su época y de su trabajo, a excepción de los especímenes, precisamente por su particular materialidad. 

La consulta de estos documentos históricos implicó el uso de otro tipo de herramientas según los códigos de consulta de las instituciones y de las superficies. Dejando de lado las colecciones digitales, la utilización de guantes fue obligatoria en este caso. Al contrastar esta consulta de archivo con la del Herbario, se hizo evidente que el abordaje físico de las fuentes depende directamente del tipo de pliegues[7] que albergan estos objetos. El uso o no de guantes nos habla de una diferencia epistemológica de las disciplinas que atraviesan este trabajo: en botánica el acto estético de tocar un espécimen para poder leer la información es intrínseco de los procesos de acceso y traslado del conocimiento; en historia el guante es una medida de protección ante el deterioro físico del documento y no es considerado un impedimento sensorial para acceder a la información. Las implicaciones de esta diferencia entre la relación que establece la investigación histórica y la botánica al manipular este “archivo” las desarrollará más adelante.


[i] Ingold, Lines, 39.
Yet the ways in which they were understood depended critically on whether the plain surface was compared to a landscape to be travelled or a space to be colonized, or to the skin of the body or the mirror of the mind.



1.2. Líneas y superficies

1.2.1. Estética

El espécimen botánico, o ecofacto, es una planta. El inicio de la metamorfosis de su materialidad es la colecta, es decir, su extracción del ecosistema en el cuál crece. A su vez, la colecta en campo comienza por el sentir cuidadoso de su morfología. Su cuerpo: tamaño, contextura y textura; su crecimiento: orientación, colaboración y sustrato; su entorno: amigos, huéspedes, parásitos; su olor: aromático, putrefacto y clorofílico. Hablo de sentir y no de observar porque todos los sentidos están involucrados en esta acción de reconocimiento. El acto de colectar una planta es entonces, no sólo una práctica científica, sino una experiencia sensorial que, de acuerdo con Eulalia de Valdenebro y Ana María Lozano[1], es a la vez estética, puesto que la estética es una “percepción sensorial”. Así, mi práctica investigativa, al igual que la de las autoras, “también transita por la valoración de la experiencia y la intuición como métodos de conocimiento, por comprender e integrar datos científicos, por usar la potencia simbólica y poética de los elementos que van apareciendo en el proceso”[2] –añadiría yo– sensorial y estético.




1.2.2.  Cuerpos

La palabra ecofacto es retomada del léxico arqueológico para referirse a los elementos considerados “naturales” cuya naturaleza propia no ha sido modificada por los humanos, que proporcionan principalmente información del orden ambiental y paleoambiental. No obstante, en este trabajo, el término ecofacto implica la manipulación humana en el momento de su recolección, estudio y conservación; y, por ende, estos elementos proporcionan información sociocultural. En su investigación El espécimen ingobernable, Mariana Florián nos proporciona una explicación más clara del término empleado para estos objetos, no podemos considerarlos mera naturaleza ordenada por normas de recolección, ni tampoco artefactos creados únicamente por manos humanas. Más bien, son ecofactos: “vestigios naturales sometidos a fuerzas climáticas, geológicas, biológicas y ecológicas que han sido confeccionados y conceptualizados por mentes humanas” [1], situándose en un espacio intermedio entre lo natural y lo artificial. Se trata de los cuerpos que ingresan a las distintas infraestructuras de conocimiento científico: colecciones biológicas, museos de historia natural y jardines botánicos. Su admisión en estos centros de conservación e investigación es mediada por procesos de transformación material, sensorial y simbólica. ¿Cómo hablar entonces con los cuerpos que habitan estos archivos de la naturaleza? ¿Bajo qué parámetros y con qué fines? 



1.2.3.  Afectos

Para responder a la anterior pregunta, retomo las palabras de Heather Houser cuando se refiere a la manera como el ecocriticismo busca establecer una conexión entre el giro afectivo[1][i] en las disciplinas sociales y la investigación ambiental y biomédica:
dos compromisos se destacan para afiliar los relatos de afecto en estas áreas, así como en las ciencias cognitivas, la estética y la filosofía política: determinar cómo los objetos y eventos atraen la atención en nuestros mundos personales y cómo los apegos, desapegos y compromisos se forman a partir de esa atención.[2][ii]

Según Houser, el entrelazamiento de las emociones y la narración en los estudios ambientales plantean “un compromiso más explícito con las teorías del afecto que enriquece la comprensión de los ecocríticos sobre la influencia de la narrativa en cómo vemos, cómo sabemos y cómo arraigan las obligaciones"[3][iii]

En esta investigación, la comunicación de los afectos en la narrativa construida cobra sentido en la medida en que hace parte de mis postulados académicos: escribir desde un lugar sensible y transmitir esa sensibilidad estética para generar pensamiento y movimiento en sentido político. Esa relación entre emisor-receptor que establece la escritura-lectura es fundamental para la imaginación y elaboración de otras formas de pensar el futuro afectivo-ambiental y por ende de construirlo. Como lo afirma Alexa Weik von Mossner: 

esto implica que la comprensión afectiva y propositiva de los lectores –e incluso la de los no lectores-- puede moldearse o, al menos, verse influida por la narrativa ambiental [a través de] un repertorio de técnicas retóricas y narrativas que pretenden implicar sensorial y emocionalmente a los lectores y, de este modo, moverlos a la acción.[4][iv]
Y es que mi investigación no sólo tiene un objetivo académico, sino que también busca abrir un diálogo político sobre cómo y por qué se le ha negado una infraestructura adecuada[5] a las entidades biológicas no humanas que habitan en el Instituto de Ciencias Naturales del país, y en este caso puntual a los especímenes botánicos. Actualmente, la infraestructura de este Instituto se encuentra en alto riesgo de colapso interno y se ve constantemente afectada por las lluvias intensas que se presentan en Bogotá durante ciertas épocas del año[6] (ver Ilustración 6). Estos dos elementos ponen en peligro la conservación del muestreo más grande que existe sobre la biodiversidad del país. 

 Ilustración 6- Retratos de la situación actual de la infraestructura del Herbario Nacional Colombiano y del Instituto de Ciencias Naturales. Fotografías de la autora tomadas en Septiembre de 2024.

En el desarrollo de este trabajo, preguntarme por la historia y el presente de las prácticas de colecta del Herbario Nacional me permite problematizar los discursos de conservación ambiental y la orientación de las políticas de restauración ecológica. Evidenciar cómo se manifiesta el afecto es fundamental para analizar la relación entre actor[7] y aquellos objetos-cuerpos[8] que captan su atención restituyendo importancia y agencia no sólo al actor, sino a los objetos que suelen considerarse estables y estáticos. Al rastrear estas relaciones afectivas, emergen las diversas formas en que estos objetos se despliegan según el tipo de contacto con las demás entidades. Es por esto por lo que a lo largo de esta investigación manejo el concepto de ecofacto para referirme a estos objetos con los que dialogo.

El panorama sobre el contacto y el tacto al momento de leer la documentación sugiere una inquietud sobre la diagramación e impresión que he decidido darle a esta investigación. Como lo detallaré más adelante, me guía la intención de transmitir una sensibilidad estética que toque al lector para generar movimiento en sus pensamientos, palabras y acciones. Aparece entonces la cuestión de la narrativa relacionada con la materialidad del objeto que la contiene y la transmite. El diseño y el material no sólo sirven de acompañante o elección, sino que busco que participen activamente en la experiencia de lectura, comprensión y aprehensión del texto. El análisis de Gerard Genette en Paratexts[9] es enriquecedor en este sentido porque reinstala la necesidad de una reflexión sobre la forma en que se genera la primera impresión del lector sobre el documento. Este ya no se empieza a leer cuando aparece el texto central, sino desde el momento en que se coge con las manos. Así, el objeto mismo cumple un rol activo para comunicar los postulados aquí desarrollados: se convierte, no en complemento, sino en un argumento respecto a las cuestiones de percepción, corporeidad y emoción. Esto último vale tanto para los documentos y piezas de los herbarios como para la impresión este manuscrito.


Ilustración 7- Fotografías de la maqueta de impresión del manuscrito. Trabajo artístico-editorial de la autora. 2024.


Cada sección del cuerpo del manuscrito, ver Ilustración 7, cuenta con una portada en un papel específico. Los capítulos buscan transmitir su identidad propia, la cual está directamente relacionada con el lugar de origen de la información utilizada. Es decir, en el caso del primer capítulo, El botánico, que trata sobre la vida de José Jerónimo Triana, la envoltura del capítulo recrea el color y la forma de las carpetas del archivo consultado: el Archivo Histórico Central. En el capítulo dos, La especie, la envoltura simula una portada editorial como en la que Triana publicó los resultados de sus investigaciones, dando a los a luz a las “especies” determinadas. Para el tercer capítulo, El espécimen, la selección de la envoltura también remite a una carpeta: aquella que se usa en el Herbario Nacional para resguardar los especímenes botánicos. El cuarto capítulo, titulado La planta, cuenta con una envoltura fabricada a partir de papel periódico. Este papel se usa para prensar las plantas colectadas en campo y es el momento inicial de su transformación material. Cada Anexo tienen su diagramación individual y son independientes del resto de la publicación. En todas estas secciones, las fotografías, los especímenes y las ilustraciones se insertan como desprendibles y su consulta se complementa por una lupa de mano.

Retomando la lectura que hace Alexa Weik von Mossner sobre Material Ecocriticism de Serenella Ioviono and Serpil Oppermann, “los ecocríticos que se suben a «la nueva ola materialista del pensamiento» se interesan por «las dinámicas emergentes de la materia y el significado, el cuerpo y la identidad, el ser y el saber, la naturaleza y la cultura, el bios y la sociedad... no aislados unos de otros sino unos a través de otros, siendo la materia un proceso continuo de encarnación que implica y determina mutuamente la cognición, las construcciones sociales, las prácticas científicas y las actitudes éticas».”[10][v] Las estrategias narrativas se configuran entonces como una arquitectura autoportante y relacional. De forma similar a los rizomas de Deleuze, que se caracterizan por su capacidad de generar conexiones, las narrativas también están conectadas con otros sustratos del conocimiento. Alexa Weik von Mossner lo resume al exponer su interés “en el modo en que [las] narraciones apelan a nuestra percepción sensual y a nuestra cognición corporal –aunque de maneras muy diferentes-- para sumergirnos en sus mundos y hacernos partícipes […].”[11][vi]


[i] Clough y Halley, The Affective Turn., 3. 
The Affective Turn elaborates might itself be described as marking an intensification of self-reflexivity (processes turning back on them- selves to act on themselves) in information/communication systems, includ- ing the human body; in archiving machines, including all forms of media technologies and human memory; in capital flows, including the circulation of value through human labor and technology; and in biopolitical networks of disciplining, surveillance, and control. [ii] Houser, Ecosickness in Contemporary U.S. Fiction, 23.
Two commitments stand out to affiliate accounts of affect in these areas as well as in the cognitive sciences, aesthetics, and political philosophy: determining how objects and events rise to attention in our personal worlds and how attachments, detachments, and commitments form from that attention.[iii] Houser, Ecosickness in Contemporary U.S. Fiction, 23.
More explicit engagement with theories of affect enriches ecocritics’ understanding of narrative’s influence on how we see, how we know, and how obligations take root.[iv] Mossner, Affective Ecologies, 8.
This implies that the affective and propositional understanding of readers—and even that of non-readers—can be shaped or at least influenced by environmental narrative [trough] a repertoire of rhetorical and narrative techniques that aim to engage readers sensually and emotionally and thereby move them to action.[v] Mossner, Affective Ecologies, 10.
Ecocritics who ride ‘the new materialist wave of thought’ are interested in ‘the emerging dynamics of matter and meaning, body and identity, being and knowing, nature and culture, bios and society . . . not in isolation from each other but through one another, matter being an ongoing process of embodiment that involves and mutually determines cognition, social constructions, scientific practices, and ethical attitudes’ (2014, 5).[vi] Mossner, Affective Ecologies, 2.
My concern is with the ways in which both narratives appeal to our sensual perception and embodied cognition—if in very different ways—in order to immerse us into their storyworlds and engage us in the gruesome tale they tell about environmental disaster and human suffering.


































[1]
Un espécimen no es una planta. Ha atravesado procesos de transformación material y epistémica que la insertan en otra red de relacionamientos. No obstante, esta nueva materialidad simbólica y estética es lo que hace del espécimen una representación material de una planta.



[2]
Me interesa la similitud entre conservación y conversación por las luces que arroja sobre los temas tratados en estas páginas: conversar para conservar algo, conservar para luego poder conversar
.


































[1] Amat-García y Aguirre-Ceballos, «El Instituto de Ciencias Naturales (1936-2019)», 769.




















[2] Por artesanía se entiende al trabajo práctico e intelectual ejercido por el equipo que conformó la comisión.


[3] Del Castillo, Crafting a Republic for the World, 2.













[4] Del Castillo, Crafting a Republic for the World, 4.

































[5] Sánchez, Gobierno y geografía, 275.































[1] Ingold, Lines.
[2] Ibid., 39.






[3] Por materia me refiero a todo aquello que ocupa un lugar en el espacio: un cuerpo; puede ser un ser vivo, un ser muerto, un ser en descomposición, un objeto en movimiento, un objeto inerte. Por material me refiero a los materiales me refiero a los componentes que conforman los cuerpos (materia) según su variabilidad de asociaciones. Por materialidad me refiero en sí a la cualidad que se les atribuye a los cuerpos según su forma física y su material.




[4] En nuestro caso se trata del Herbario Nacional Colombiano (COL), ubicado actualmente en el Insituto de Ciencias Naturales de la sede Bogotá de la Universidad Nacional de Colombia.






[5] Comprendo el trabajo artesanal desde la perspectiva de Richard Sennett en su obra El Artesano, 329: “El trabajo artesanal encarna la gran paradoja de que una actividad de gran refinamiento y complejidad surja de actos mentales tan simples como la descripción detallada de los hechos y su indagación posterior.” 





















































[6] Este Archivo, también ubicado en el campus de la UNAL, se encuentra al otro lado del Herbario. 















[7] Desplegar los pliegues nos remite a reconocer el movimiento interno de los cuerpos interrogados en la investigación (los especímenes, las cartas, las ilustraciones…) y que dialogan a distintos tiempos y escalas consigo mismos y con aquellos cuerpos que resultan similares como diferentes.




























[1] Blackmore et al., Cuerpos Permeables, 6-16.
[2] Ibid.



















[1] Florian Tirado, «El espécimen ingobernable. Cultura material del error en colecciones de historia natural.», 11.











[1] Clough y Halley, The Affective Turn., 3. El giro afectivo remite a un enfoque transdisciplinario que replantea el papel de las emociones y los afectos en la vida social, política y cultural, enfocándose no solo en las experiencias humanas, sino también en cómo estas se ven amplificadas, registradas y transformadas por tecnologías y sistemas contemporáneos. 



[2] Houser, Ecosickness in Contemporary U.S. Fiction, 23.
[3] Ibid., 23.


















[4] Mossner, Affective Ecologies, 8.




[5] Bromberg, Best Practices for the Conservation and Preservation of Herbaria.
Una infraestructura ideal para el mantenimiento de un herbario se estructura en torno a varios componentes de conservación. Por un lado, debe proveer un control riguroso de plagas mediante la congelación de especímenes a -20°C durante 48-72 horas, evitando el uso de pesticidas que puedan dañar tanto las muestras como la salud. En las aulas de consulta y almacenamiento se debe mantener una temperatura estable de 20°C y una humedad relativa del 50%, evitando fluctuaciones. Las muestras deben almacenarse en papel libre de ácido y protegidas del polvo, utilizando gabinetes metálicos con sellos de goma para evitar la entrada de luz, polvo y plagas. Finalmente, es clave que la infraestructura física también provea una infraestructura digital para preservar la información asociada a los especímenes, garantizando su accesibilidad y conservación a largo plazo sin necesidad de manipulación física directa.

[6] Ver: Instituto de Ciencias Naturales – UNAL (@ICNUNAL). "Grietas estructurales que se quieren volver historia de una tragedia. Este edificio se hunde y se quiebra mientras el agua nos cae encima #SOS_ICN” Twitter, 21 de febrero de 2024, https://bit.ly/3BgmgRD.
























[7] Por actor contemplo tres posibles escenarios en esta investigación: quien colecta la planta, el científico; quien estudia al científico, la investigadora de esta tesis; quien lee la investigación, el público.

[8] En el marco de esta investigación, por objeto me remito a la planta, el espécimen, la especie.
















[9] Genette y Macksey, Paratexts.





























































[10]
Mossner, Affective Ecologies, 10.
[11] Ibid, 2.
























































































































2. Primera parte

2.1. Capítulo I. El botánico

2.1.1. La formación

Entre los documentos que nos permiten aproximarnos a la vida de José Jerónimo Triana, no existe consenso sobre su fecha de nacimiento. En algunos casos se registra el 22 de mayo de 1826, mientras que en otros se menciona el año 1828[1]. Lo único que podemos afirmar con certeza es que nació en Bogotá, pocos años después de la independencia de Colombia, cuando la ciudad contaba aproximadamente con diecinueve calles y dieciocho carreras[2]. Triana cursó sus estudios durante un tiempo en el Colegio del Espíritu Santo, institución fundada y dirigida por Lorenzo María Lleras, a quien más tarde se uniría como asistente[3][i]. En esa época, la instrucción pública se fundamentaba en el método Lancaster, que se basaba en una organización jerárquica de la educación primaria y elemental. Según este enfoque, "un joven podía y era capaz de aprender lo enseñado por su maestro y transmitir más adelante a sus propios compañeros toda una serie de conocimientos"[4]. El plan de estudios se transmitía de maestro a auxiliar, quien generalmente era un estudiante de grados superiores con proyección profesional en la pedagogía, y luego de auxiliar a estudiantes de grados inferiores. De acuerdo con la información del periódico El Papel Ilustrado, Triana ocupaba un lugar en el eslabón medio de esta dinámica de enseñanza. En otras palabras, colaboraba estrechamente con su maestro y desempeñaba el papel de pedagogo para sus compañeros. Esta posición le valdría más tarde en la misma institución el cargo de "Director Adjunto y profesor de varias asignaturas, incluida la Botánica”[5]. Durante sus años de enseñanza en el Colegio del Espíritu Santo, 

El señor Lleras comprendió que el joven que él había escogido para secundarlo, era más que un joven estudioso, minucioso observador, digno de mejores aspiraciones, y fomentó en Triana su inclinación al profundizamiento de las ciencias naturales y de la medicina. Las horas de reposo que dejaban las tareas del Colegio, las empleaba en recoger plantas, en observarlas y en acondicionarlas, aprovechando para sus trabajos preliminares las escasas nociones recogidas al vuelo en las pocas obras de que se podía disponer en esa época, y de los fragmentos dispersos dejados por Humboldt y Caldas, datos que él recogía con perseverante solicitud.[6]
Se manifestaba así un interés por las ciencias naturales, especialmente por las plantas, que no se limitaba únicamente a las aulas de clase, sino que también se desarrollaba en espacios exteriores: "recoger", "observar" y "acondicionar" aquello que encontraba en su entorno físico. Influenciado posiblemente por la pedagogía de Pestalozzi[7] propuesta por su padre durante el mandato de Mariano Ospina Rodríguez[8][ii], José Jerónimo Triana basaba su aprendizaje en el método de enseñanza objetiva. De forma paralela, su enfoque autónomo hacia las plantas se complementaba con el conocimiento transmitido por Francisco Javier Matiz, pintor botánico de la Real Expedición Botánica (1783-1810), quien a su vez se había formado de manera autodidacta de la mano de José Celestino Mutis. La instrucción que Matiz impartió a Triana no se limitó únicamente a la morfología vegetal, esencial para la ilustración botánica, sino que también abarcó conceptos de botánica sistemática, como la taxonomía y la nomenclatura.[9] [iii] La Expedición resultó en la conformación de un inventario de la naturaleza regional con más de 20 000 especies vegetales y 7000 animales. No obstante, el material producido a lo largo de este trabajo de reconocimiento y clasificación permaneció varias décadas fuera del alcance de los científicos y naturalistas nacionales puesto que la Expedición se vio afectada por los procesos bélicos de la Independencia. La tradición oral, así como la supervivencia de algunos integrantes de la Comisión, permitieron la salvaguarda del legado conceptual de este proyecto científico. Contar con la Expedición Botánica[10] como antecedente de los estudios botánicos y fitogeográficos en el territorio neogranadino resultó fundamental para la formación, estudio y trabajo de Triana.  En su quehacer botánico no solo se respaldó en los datos recopilados por la Expedición de Mutis, sino que más adelante se encargaría de reorganizar y poner en valor esta colección documental abandonada en la postguerra de independencia. 

Por otro lado, ya en el ámbito familiar, el compromiso de su padre, José María Triana, por el mejoramiento de la educación pública fomentó una seriedad en su propia educación y en el desarrollo de la ciencia nacional.[11] [iv] Si bien Triana tenía una marcada inclinación hacia la botánica, su formación principal se centró en los estudios de medicina[12]. Además, complementó estos estudios médicos con un trabajo etnobotánico exhaustivo sobre diversas plantas que podrían ofrecer avances significativos en el campo de la medicina, debido a sus valiosos componentes químicos curativos. Un ejemplo destacado de esto fue su minuciosa investigación sobre las propiedades de la coca y las quinas, las cuales se caracterizan por sus elevadas concentraciones de alcaloides con importantes aplicaciones terapéuticas. De hecho, para mediados del siglo XIX, período en el que Triana finalmente obtuvo su título en medicina, ya había iniciado su destacada labor como notable botánico de la prestigiosa Comisión Corográfica, consolidando así su doble especialidad en el estudio de médico y botánico.


[i] ACH, Colección Triana, Cj. 2, cp. 12, f. 8v 
Dotado de una ilustración sólida y variada, apasionado por las bellas artes y por la juventud, [Lorenzo María Lleras] fundó de 1843 a 1844 el Colegio del Espíritu Santo; y podemos asegurar que, en ese Colegio, en que formaron y fortificaron sus ideas la mayor parte de los hombres políticos de esta época, Triana fue un auxiliar poderoso.[ii] Piedrahita, José Triana, 2.
La personalidad de Triana en buena parte es un reflejo de la de su padre. Triana Algarra sobresalió como educador tanto en Zipaquirá como en Bogotá; a él se acredita el haber introducido en Colombia los métodos pedagógicos de Pestalozzi; a su vez fue autor de varios textos escolares, de cartillas y de manuales de enseñanza innovadores para su época y regentó varios establecimientos educativos, entre ellos la Escuela Normal de Bogotá.[iii] ACH, Colección Triana, Cj. 2, cp. 12, f 8v. 
Contribuyeron eficazmente a organizar sus estudios, las lecciones orales, los datos y analogías suministrados por el modesto e infatigable señor Matiz.–Consultaba con él el nombre dado por la ciencia a cada planta y a cada familia, y empezaba así a establecer las bases de la botánica sistemática aplicada al variado muestrario que ofrecen los campos americanos.[iv]ACH, Colección Triana, Cj. 2, cp. 12, f. 7r.  
El germen hereditario de amor por la instrucción pública, sembrado en el vasto campo de la inteligencia de Triana, ha dado abundante fruto. –No hay acto ninguno notable de su vida que no esté ligado directa o indirectamente con el gradual perfeccionamiento de la educación popular.


2.1.2. El territorio y los viajes


El primero de enero de 1851 marcó el inicio del contrato[1] suscrito por José Jerónimo Triana, Agustín Codazzi y el presidente Tomás Cipriano de Mosquera, en el que se le adjudicaban las siguientes tareas:

Art. 2.   Siendo la botánica una de las ramas de instrucción a que con más decisión y ahínco se ha consagrado Triana, se compromete, ya que no a desempeñar las tareas de un hombre científico en la materia, porque no ha tenido el tiempo de profundizarla. Al menos a esforzarse en hacer este respecto todo cuanto esté a su alcance para proporcionar al Gobierno i a la juventud estudiosa cuantos conocimientos pueda él adquirir i perfeccionar con el estudio de esta preciosa rama. Al efecto se obliga ___ 1º. A acompañar a la comisión en sus diferentes exploraciones, sujeto siempre a las órdenes e indicaciones que el jefe de ellos le haga sobre todo lo concerniente a su instrucción i al modo de desempeñar sus trabajos. 2º. A examinar, clasificar i dar nombre botánico a las plantas que se vayan encontrando en los diferentes países que recorra, llevando separadamente un registro ordenado, en que estés clasificadas i descritas las plantas de aplicación útil en la medicina, las artes i para la exploración. 3º. Recoger, examinar, disecar i describir las plantas nuevas u otras que considere que deban formar parte de los herbarios, cuya colección debe presentar la comisión anualmente al gobierno.[2]
A pesar de que inicialmente consideró que carecía de la educación y experiencia necesarias para llevar a cabo semejante tarea, Triana finalmente aceptó los términos del contrato y en 1851 emprendió un viaje por las llanuras, valles, mesetas y serranías de la nación como parte de su trabajo en la Comisión. Este compromiso demandó de Triana un esfuerzo continuo, primero en el territorio nacional y luego, hacia 1857, en París, enfrentándose a condiciones particulares como la geografía compleja de las regiones, las circunstancias de la guerra civil[3][i], los contratiempos personales, la pérdida y destrucción de una parte del herbario recolectado y las dificultades de financiación para su estadía y su labor final en Francia: el estudio y determinación[4] de las plantas colectadas. Es crucial destacar que este trabajo implicó afectaciones físicas considerables que nos recuerdan a las crónicas de viajeros en las cuáles también tomaban protagonismo plagas, enfermedades e infecciones: En una noticia del periódico El Papel Ilustrado, se encuentra una narrado uno de estos episodios, donde “tuvo que soportar, además de las molestias y fatigas inherentes a los diversos climas y accidentes de los terrenos, los efectos de varias plantas cuyas propiedades deseaba conocer para aplicarlas a la medicina”[5]. Se trató del estudio del árbol Pedro Fernández, hoy conocido científicamente como Toxicodendron striatum, el cual, como su nombre bien lo indica, tiene propiedades altamente tóxicas y urticantes para la piel (ver Ilustración 8).

Ilustración 8 - COL000231954 - Toxicodendron striatum (Ruiz & Pav.) Kuntze – Anacardiaceae. Consultado en este enlace. [6]

Para comprender el desarrollo de su labor en campo, tema que atañe a esta sección, es esencial tener en cuenta la geografía del país que José Jerónimo recorrió en busca de las plantas que lo habitaban. Este enfoque espacial se deriva de la influencia de los estudios geográficos europeos de Humboldt y Bonpland en América a finales del siglo XVIII e inicios del XIX, los cuales fueron fundamentales en la formación del botánico. Se trataba de una forma holística de comprender el paisaje y sus sistemas internos, como lo explica Jerzy Solon en Incorporating geographical (biophysical) principles in studies of landscape systems[7]. Para esa época, estudiar la flora de una región implicaba también el estudio de las relaciones geográficas de dicho espacio y viceversa. Como bien lo plantea Appelbaum, 

el punto inicial de partida de Humboldt fue la vida vegetal; sus intenciones no se limitaban a identificar y clasificar especies y géneros sino también a comprender las relaciones que se establecían entre ambas y otros fenómenos, y cómo estos se distribuían a lo largo y ancho del globo terráqueo.[8]
Caldas, así como Humboldt, influyeron fuertemente en la perspectiva científica de Triana, quien en casi todos sus trabajos agregó la distribución de las plantas por altitud, basado en los postulados de estos precursores de la botánica y la geografía en la Nueva Granada. 


[i]   Appelbaum, Dibujar la nación. La comisión corográfica en la Colombia del siglo XIX, 33.
El trabajo se vio varias veces interrumpido, no solo por las guerras civiles, conflictos en los que, dicho sea de paso, Codazzi participaba, sino por otros menesteres cartográficos y trabajos de ingeniería, por ejemplo la elaboración de planos y el trazado de vías.


2.1.2.1.           Viajes de José Jerónimo Triana en el marco la Comisión Corográfica (1851-1857)

Uno de los productos a entregar por Triana según su contrato[1][i] era la primera versión de lo que se conocería como el herbario nacional del país. Con esta tarea en mano, Triana recorrió la Nueva Granada de 1851 a 1857 

de norte a sur y de este a oeste, y desde el nivel del mar hasta las altas cumbres de los Andes, a menudo cubiertas de nieves perpetuas. Reunió un herbario con casi 50.000 muestras de más de 5.000 especies vegetales. También reunió una gran colección de productos vegetales de uso cotidiano. [2][ii]
Ilustración 9 - Georreferenciación de los especímenes botánicos colectados por Triana entre 1851 y 1856. Mapa realizado por el equipo del ICN para el recurso digital Herbario Virtual José Jerónimo Triana (2018). [3]

Los recorridos de Triana no siempre coincidieron con los del resto de la Comisión Corográfica, ni siguió el mismo orden de provincias[4], “José Jerónimo Triana trabajó durante varios años y terminó por dejar quizá uno de los más importantes […] aportes científicos a la Comisión. Pero trabajó en muy buena medida de manera independiente a Codazzi”[5]. Asimismo, es importante destacar que fue difícil identificar en qué recorridos José Jerónimo Triana trabajó de manera independiente y en cuáles lo hizo de forma colectiva con los demás integrantes. 

El siguiente apartado narra las diversas rutas y regiones exploradas por Triana durante sus años de trabajo en el marco de la Comisión, y ofrece una visión general de su esfuerzo por llevar adelante su labor botánica[6]. La organización cronológica, en lugar de por provincias, responde a la disposición de la fuente de archivo consultada y a la georreferenciación de los especímenes botánicos de Triana realizada por el ICN.

1851: Suroeste de Cundinamarca[7]
Provincias donde se realizaron colectas botánicas: Cauca, Mariquita, Medellín, Córdoba, Tequendama, Bogotá, Tunja, Soto, Pamplona, Santander y Ocaña.

En este año, José Jerónimo Triana se embarcó en una travesía por el suroeste de Cundinamarca, acompañado del botánico prusiano Warsewiz. Su recorrido incluyó paradas en Tena, La Mesa y Tocaima. Posteriormente, lso dos cruzaron el imponente río Magdalena en Guataquí y atravesaron el Tolima desde Piedras hasta Ibagué. Continuaron explorando las montañas del Quindío, visitando Cartago y Cali, para finalmente descender a San Antonio y llegar al río Dagua en septiembre. El retorno a Bogotá se dio por la misma ruta, aunque Triana ya mostraba señales de enfermedad ocular.
Ilustración 10 - Georreferenciación de los especímenes botánicos colectados por Triana en el año 1851. Mapa realizado por el equipo del ICN para el recurso digital Herbario Virtual José Jerónimo Triana (2018).

1852: Estudio de las montañas cercanas a Ibagué[8]
Provincias donde se realizaron colectas botánicas: Ocaña, Tunja, Zipaquirá, Bogotá, Tequendama, Mariquita, Cauca, Córdoba, Medellín y Buenaventura.

En el siguiente año, toda la Comisión Corográfica, incluyendo la participación de Triana, se enfocó en el estudio de las montañas cercanas a Ibagué. José Jerónimo, a pesar de enfrentar problemas de salud, destacó su visita a un cráter extinguido de un volcán: “Yo he visitado el cráter extinguido de un volcán y las fuentes termales que se encuentran a su pie”. Después de un mes de exploración, los viajeros llegaron a Manizales tras pasar por El Roble, el río Cansota y Santa Rosa de Cabal. Más adelante, Triana se encontró con Codazzi y Price en Rio Negro. A pesar de una infección ocular, continuó avanzando en la constitución del herbario nacional, que para diciembre de ese año ya contaba con 1.050 ejemplares clasificados.
Ilustración 11 - Georreferenciación de los especímenes botánicos colectados por Triana en el año 1852. Mapa realizado por el equipo del ICN para el recurso digital Herbario Virtual José Jerónimo Triana (2018).

1853: Travesía desde Chocó hasta Pasto[9]
Provincias donde se realizaron colectas botánicas: Santander, Soto, Tunja, Zipaquirá, Cundinamarca, Bogotá, Tequendama, Mariquita, Córdoba, Medellín, Cauca, Chocó, Buenaventura, Popayán, Barbacoas, Pasto y Túquerres.

Durante 1853, Triana exploró extensas regiones, desde Chocó hasta Pasto. Pasaron por diversas localidades, incluyendo Tenasucá, El Hospicio, La Mesa, Anapoima, Apulo, Tocaima, Agua de Dios, Peñalisa, El Espinal, Ibagué, Quindío y Cartago. Luego, se dirigió a Ansermanuevo, La Boca, y continuó hasta Zancudo con servicio de cargueros. Ingresó a Chocó por Palogordo, a 2.465 metros sobre el nivel del mar, y exploraron Cienagueta, El Chorro y el Puente de Ingará. Después de recorrer Buenavista, Pilcuán, Chatucal, Altaquer, Cuaiquer, el río Guabo, San Pablo, Piedrancha, Túquerres, la laguna verde y el volcán Azufral, regresó por el río Guáitara, Yacuanquer, Anganoy, llegando finalmente a Pasto. Desde allí, se dirigió a Meneses, Ortega, el río Juanambú, La Erre, el alto Puruguay, el páramo Achupallas y Almaguer, antes de llegar a Popayán en julio.

Siguiendo el camino de regreso, Triana atravesó el río Cauca, el río Quilcasé, pasó por Pitayo, Silvia, La Balsa y Cali. Posteriormente, cruzó a El Cerrito, Buga, La Paila, El Naranjo y Cartago. Luego, pasó por Quindío[10], Ibagué, Piedras, Guataquí, Jerusalem, Tocaima, Apulo, La Mesa y Tena. Tras completar este último recorrido por el valle del Magdalena, regresó a Bogotá. Triana realizó excursiones por los alrededores de Bogotá y Choachí en agosto y septiembre. En septiembre, visitó Fusagasugá, Pasca, Pandi, Viotá y Agua de Dios, regresando por el río Bogotá y el Salto de Tequendama.
Ilustración 12 - Georreferenciación de los especímenes botánicos colectados en el año 1853. Mapa realizado por el equipo del ICN para el recurso digital Herbario Virtual José Jerónimo Triana (2018).

1854: Herborización y exploración con Hermann Karsten[11]
Provincias donde se realizaron colectas botánicas: Chocó, Mariquita, Tequendama, Bogotá, Zipaquirá y Cundinamarca.

En enero de 1854, Triana herborizó los alrededores de Bogotá en compañía del botánico alemán Hermann Karsten y visitó nuevamente la zona del Salto de Tequendama. Juntos recorrieron Tenasucá, El Colegio, Tena, La Mesa, Anapoima, Apulo, Tocaima, Copé, Guataquí, Opia, Piedras, Ibagué, Quindío y Cartago. Posteriormente, Triana regresó a Bogotá en marzo. Durante la guerra civil de 1854 en Colombia, la Comisión Corográfica enfrentó dificultades significativas dada la participación de sus integrantes en esta, así como la diferencia de sus inclinaciones políticas.[12] En medio de estos desafíos, José Jerónimo Triana logró rescatar su herbario, que posteriormente amplió con la ayuda de obras de referencia y el cultivo de nuevas especies. Estas actividades se llevaron a cabo en colaboración con un invernadero en Bruselas, donde, “el cultivo y envío de varias especies destinadas a un invernáculo de plantas intertropicales, cuidado con científico esmero en Bruselas por el señor J. Linden, bajo los auspicios de una Casa belga.”[13]
Ilustración 13 - Georreferenciación de los especímenes botánicos colectados en el año 1854. Mapa realizado por el equipo del ICN para el recurso digital Herbario Virtual José Jerónimo Triana (2018)

1855: Exploración en la Cordillera Oriental y expedición hacia Casanare y el Amazonas[14]
Provincias donde se realizaron colectas botánicas: Chocó, Cauca, Córdoba, Mariquita, Tequendama, Bogotá, Cundinamarca, Zipaquirá y Santander.

En este año, Triana continuó explorando diferentes regiones de Cundinamarca, incluyendo Bogotá, Tenasucá, Tena, La Mesa, El Colegio, Anapoima, Copé, Pandi, Chipo y la Serranía de Fute, así como Funza, Chía, Cajicá, Zipaquirá, Sopó, Soacha y el Salto del Tequendama. También realizó una expedición hacia las llanuras de Casanare hasta el Amazonas, explorando el punto culminante de la montaña y otra ramificación de la Cordillera, con una rápida bajada hasta el “Pic des Andes”.

Hacia finales de año, Triana organizó una expedición hacia el este con la participación de la Comisión y Karsten. Recorrieron Chipaque, Une, Cáqueza, Ubaque y Fómeque, dirigiéndose a la dirección oriental y explorando las llanuras de precipicio[15] para llegar a las llanuras del Oriente de la Cordillera. Luego en Cumaral Codazzi se dirigió a Villavicencio mientras Triana y Karsten permanecían en aquel municipio. La Comisión continuó su travesía hacia San Martín, la Quebradita y Quename. Cruzaron el río Negro, el Guayuriba y el Acacías, llegando a Jiramena sobre el río Meta. Triana regresó a Villavicencio y luego a Bogotá en enero de 1856.
Ilustración 14 - Georreferenciación de los especímenes botánicos colectados en el año 1855. Mapa realizado por el equipo del ICN para el recurso digital Herbario Virtual José Jerónimo Triana (2018)

1856: Planes para Europa y exploración del río Bogotá[16]
Provincias donde se realizaron colectas botánicas: Tequendama, Bogotá, Cundinamarca, Zipaquirá, Soto y Santander.

En este año, Triana planeaba viajar a Europa, pero los preparativos para el herbario nacional lo retuvieron. Exploró la Cordillera Oriental y la zona del Salto de Tequendama.
Ilustración 15 - Georreferenciación de los especímenes botánicos colectados en el año 1856. Mapa realizado por el equipo del ICN para el recurso digital Herbario Virtual José Jerónimo Triana (2018)

1857: Descenso por la Magdalena hasta Cartagena[17]

A principios de 1857, Triana descendió por la rivera de la Magdalena hasta Cartagena, recolectando plantas en el camino. Este año marcó el resumen de su viaje desde las cumbres de los Andes hasta las llanuras y valles, explorando diversas regiones y recolectando una amplia variedad de plantas. En sus propias palabras, Triana describe: “Las diferentes partes que recorrí desde las cumbres más altas que forman los tres ramales de los Andes que la atraviesan, descendí a los valles por donde fluyen los grandes ríos, y las mesetas situadas en la cima de las montañas, así como las inmensas llanuras que sirven de soporte, las bases de los Andes.”[18][iii]
Ilustración 16 - Bosquejo de mapa de la salida occidental de Bogotá hacia Ibagué. Sin datos adicionales. [19] ACH, Colección Triana. Caja 2, carpeta 11, f. 1v.


De forma general, los viajes de la Comisión no solo elaboró mapas detallados que ayudaron a la administración territorial y al desarrollo de infraestructuras, sino que también registró la flora, fauna y recursos minerales del país, además de estudiar las características sociales de las comunidades blancas, campesinas indígenas y afrodescendientes. Como bien lo explica Efraín Sánchez en su libro Gobierno y Geografía. Agustín Codazzi y la Comisión Corográfica de la Nueva Granada, 

Los trabajos de la Comisión Corográfica debían dar como resultado un conocimiento detallado del país en su conjunto y de cada una de sus provincias y cantones, tanto en sus aspectos físicos como en su riqueza vegetal, mineral, agrícola y ganadera; determinar los fundamentos de una división territorial racional y adecuada a las condiciones físicas, sociales y culturales de la nación; contribuir al desarrollo de las vías de comunicación; establecer la extensión y localización de los baldíos y, no necesariamente en último lugar, servir a la promoción de la inmigración extranjera al país, como medio para fomentar la agricultura y la industria.[20]

Podemos entender estos recorridos (ver Ilustración 2) como piezas de pequeños mosaicos heterogéneos que se entrecruzaban y se repetían con el fin de vislumbrar la complejidad de la diversidad natural según las coordenadas. Siguiendo la tesis de Nancy Appelbaum, según la cual la Comisión Corográfica fue un proyecto que buscaba retratar y organizar la diversidad nacional[21], el trabajo de Triana también se enfocaba en abordar el espacio desde la heterogeneidad de la geografía y, por ende, en la diversidad y distribución de las plantas que lo conformaban. En el prólogo a su publicación Nuevos jeneros i especies de plantas para la flora neogranadina, Triana inicia con la siguiente descripción:

En ninguna parte del mundo se desarrolla mas variada i espontáneamente la naturaleza vejetal, que en la Nueva Granada. Situado este pais entre el un Océano, que lo baña por el Norte, i el otro, que lo limita al Oeste; cruzado por tres cordilleras, de cuyas cimas, que alcanzan en muchos puntos a la rejion de las nieves perpétuas, descienden multitud de corrientes de grueso caudal, i mas o ménos dilatado curso ; diversificado en estremo por las calidades de la costra térrea que cubro el granito de sus Andes; tan desigual en su superficie i tan vario en su clima que llena toda la graduacion termométrica ; i modificado en todas sus latitudes por distintas circunstancias meteorolójicas, eléctricas i magnéticas, reune las condiciones para ser el seno de la rejion tropical.[22]
Triana se enfoca en contextualizar al lector sobre el espacio geográfico y ambiental abarcado por la Nueva Granada. Su forma de describirlo, a fin de concebir los niveles de diversidad botánica que se encuentran en este territorio, enfatiza la marcada heterogeneidad de la superficie, la topografía accidentada y el variado clima, e incluso trasciende las delimitaciones políticas al apuntar a las fronteras naturales, como los océanos y las cordilleras. Esta complejidad de abordar la florística[23], su estudio y apropiación, se manifiesta en su contrato, donde se plasman tres enfoques complementarios para abordar la naturaleza: i. El registro de "Las plantas que vayan encontrando", donde la cuestión de las fronteras nacionales se desdibuja al mencionar "los diferentes países que recorra"; ii. El estudio de "Las plantas de aplicación útil", lo cual evidenciaba el componente económico y pragmático de la Comisión; y iii. La recolección y descripción de "Las plantas nuevas u otras", que manifestaba el componente científico y taxonómico de su trabajo. 

El hecho de que existieran estas tres orientaciones en su labor contradice la simplificación con la cual varios análisis han estudiado el trabajo integral de la Comisión Corográfica. Por ejemplo, en "Dibujar la nación", Nancy Appelbaum reduce el trabajo de Triana a "registrar plantas útiles que más tarde se pudieran comercializar"[24], omitiendo la riqueza y complejidad de sus enfoques. En contraste con esta visión únicamente económica de los deberes de Triana, según Nancy Appelbaum, era a Carmelo Fernández a quien le correspondía construir mapas e ilustraciones de las bellezas físicas del país, como si el trabajo económico y científico de José Jerónimo Triana no tuviese ese componente visual y estético. En realidad, los diferentes enfoques de Triana, lejos de ser excluyentes, eran complementarios, ya que respondían a los tres pilares de la Comisión Corográfica: el registro naturalista, el estudio económico y el proyecto nacionalista.

Es importante rescatar los apuntes que Appelbaum hace respecto a la representación de la naturaleza en las acuarelas de Fernández. Refiriéndose a la Ilustración 17 -Santander. Tipo africano i mestizo, la autora resalta lo siguiente:

Esta acuarela, al igual que varias de las ilustraciones de Fernández, describe la flora local con gran detalle, como se puede apreciar en las vainas de cacao y las flores detrás de las figuras. El botánico Triana participó en este periodo temprano de la Comisión y probablemente habría dirigido la atención del pintor a tales detalles.[25]
Ilustración 17 - Santander. Tipo africano i mestizo. Carmelo Fernández (1810-1887). 1850. Acuarela. 31 x 22 cm. Biblioteca Nacional de Colombia, Bogotá. Consultado en https://bit.ly/4dlVsN9.


[1] ACH, Colección Triana, Cj. 1, cp. 5, f. 16
[2] ACH, Colección Triana, Cj. 2, cp. 13, f. 3v. (Ver Ilustración 9)
[3] Actualmente el recurso digital no se encuentra disponible para ser consultado debido a un hackeo que sufrió el sistema de la UNAL a inicios del 2024.
[4] Las provincias que componían el territorio en ese entonces era las siguientes: Bogotá, Tunja, Socorro, Tundama, Cartagena, Vélez, Mariquita, Neiva, Córdova, Medellín, Popayán, Antioquia, Cauca, Pamplona, Soto, Panamá, Chocó, Túquerres, Santamaría, Azuero, Veraguas, Buenaventura, Mompox, Pasto, Barbacoas, Ocaña, Santander, Casanare, Chiriquí, Riohacha, Valle Dupar y Territorio del Caquetá. Tomado de Sánchez, Gobierno y geografía, 180.
[5] Appelbaum, Dibujar la nación. La comisión corográfica en la Colombia del siglo XIX, 43.
[6] Información sistematizada para esta investigación. Los datos fueron tomados de ACH, Colección Triana, Cj. 2, cp. 13, f. 33v. a 34r. y de Lleras, Itinerario de la Comisión Corográfica y otros escritos.
[7] ACH, Colección Triana, Cj. 2, cp. 13, f. 33v. a 34r. y Lleras, Itinerario de la Comisión Corográfica y otros escritos.
[8] Ibid.
[9] Ibid.
[10] La fuente no especifica si se trataba de Quindío o el paso del Quindío.
[11] Ibid.
[12] Appelbaum, Dibujar la nación. La comisión corográfica en la Colombia del siglo XIX, 160.
[13] ACH, Colección Triana, Cj. 2, cp. 13, f. 8r.
[14] ACH, Colección Triana, Cj. 2, cp. 13, f. 33v. a 34r. y Lleras, Itinerario de la Comisión Corográfica y otros escritos.
[15] ACH, Colección Triana, Cj. 2, cp. 12, f. 33. Término de la fuente: “plaines de precipices”. 
[16] Ibid.
[17] Ibid.
[18] ACH, Colección Triana, Cj. 2, cp. 12, f. 34.
[19] No se encontraron datos sobre el momento y contexto de producción de este mapa.
[20] Sánchez, Gobierno y geografía, 22.
[21] Appelbaum, Dibujar la nación. La comisión corográfica en la Colombia del siglo XIX, xxv.
[22] DBD, Triana, Nuevos jeneros i especies de plantas para la flora neo-granadina, 3.
[23] La florística es una rama de la botánica que se dedica al estudio y la descripción de las plantas que habitan en una región o un área específica. Incluye la identificación, clasificación y documentación de las especies vegetales. Hoy en día, los estudios florísticos son fundamentales para entender la biodiversidad de una región, realizar inventarios de especies, y desarrollar estrategias de conservación.
[24] Appelbaum, Dibujar la nación. La comisión corográfica en la Colombia del siglo XIX, xxvii.
[25] Ibid., 73.


[i] ACH, Colección Triana, Cj. 1, cp. 5, f. 16
Art. 2.   Siendo la botánica una de las ramas de instrucción a que con más decisión y ahínco se ha consagrado Triana, se compromete, ya que no a desempeñar las tareas de un hombre científico en la materia, porque no ha tenido el tiempo de profundizarla. Al menos a esforzarse en hacer este respecto todo cuanto esté a su alcance para proporcionar al Gobierno i a la juventud estudiosa cuantos conocimientos pueda él adquirir i perfeccionar con el estudio de esta preciosa rama. Al efecto se obliga ___ 1º. A acompañar a la comisión en sus diferentes exploraciones, sujeto siempre a las órdenes e indicaciones que el jefe de ellos le haga sobre todo lo concerniente a su instrucción i al modo de desempeñar sus trabajos. 2º. A examinar, clasificar i dar nombre botánico a las plantas que se vayan encontrando en los diferentes países que recorra, llevando separadamente un registro ordenado, en que estés clasificadas i descritas las plantas de aplicación útil en la medicina, las artes i para la exploración. 3º. Recoger, examinar, disecar i describir las plantas nuevas u otras que considere que deban formar parte de los herbarios, cuya colección debe presentar la comisión anualmente al gobierno.[ii] ACH, Colección Triana, Cj. 2, cp. 13, f. 3v. 
Depuis l’année de 1851 jusqu’à 1857 Triana explora […] la Nouvelle Grenade, aujourd’hui États-Unis de Colombia, allant de nord au sud, et d’orient a occident, et depuis le niveau de la mer jusqu’au sommets élevés des Andes souvent recouvertes de neiges perpétuelles. Il forma ainsi un herbier composé de près de 50 mil échantillons qui représentent plus de 5 mil espèces de plantes. Il réunit également une importante collection de produits végétaux usuels.[iii] ACH, Colección Triana, Cj. 2, cp. 12, f. 34.
Les différentes parties que j'ai parcourues depuis les pics les plus élevés qui forment les trois branches des Andes qui la parcourent, je descendis dans les vallées ou glissent les grandes rivières que j'ai parcourus, et les plateaux situés sur le haut des montagnes, ainsi que les immenses plaines qui servent de soutien, de bases aux Andes.





2.1.3.  La selección y la recolección

Colectar plantas se relaciona no sólo con la explotación o estudio cientificista de la naturaleza, sino que también se asocia a otra forma de documentar el territorio y, por lo tanto, retratarlo. El marco sensible de captura desde el cual se situaba la Comisión lleva el nombre de corografía, definida por Nancy Appelbaum como mapas locales bastante representativos, una mezcla de relatos, ilustraciones, datos y mapas para resaltar las particularidades de cada región, provincia y ciudad.[1]Codazzi, quien importó esta metodología a Venezuela y Nueva Granada, sustentaba el uso de esta forma de retrato territorial ante la falta de recursos e infraestructura para realizar levantamientos topográficos. Al igual que se ha hecho desde los estudios críticos de la fotografía y las técnicas de reproducción visual contemporáneas[2], es necesario y provechoso tratar "tales imágenes no como «instantáneas» transparentes, sino más bien como expresión de debates y argumentos.”[3][i]

Los procesos de transformación de la información colectada sobre la marcha son igual de importantes que los resultados presentados al finalizar los recorridos e incluso los contratos y estudios posteriores. Es en este intervalo de germinación en que la información, notas y bosquejos, pasaban a constituirse como fuentes oficiales de conocimiento, bajo informes, mapas y descripciones. 

Así, la documentación a consultar no sólo se limita a la cronología de la Comisión, sino que también se alimenta de las publicaciones e investigaciones posteriores a ésta, que, si bien están enfocadas generalmente en el proceso posterior de la colecta, el estudio y determinación de los ejemplares, dan luz sobre los criterios de selección y recolección. En este sentido, las plantas que Triana recolectó, identificó y envió a Europa para su descripción taxonómica no solo dan cuenta de los intereses específicos que lo guiaron en su labor, sino que también son un testimonio de las inquietudes y miradas con que entendió el espacio geográfico y las problemáticas de su época. Recatar esta práctica intrínseca al proceso de descripción del mundo natural resulta enriquecedor para analizar el rol de la experiencia personal durante la colecta hoy en día. No es un simple “detrás de escenas” de la configuración del conocimiento botánico, más bien almacena información sobre los intereses y afectos de los investigadores, la razón de los patrocinios y los temas álgidos, y por ende atractivos, en la conservación ambiental. 


Durante siete años Triana colectó las “plantas neogranadinas”, “desde Cúcuta hasta el Chocó toda hoja, toda raíz, todo tinte, todo fruto, toda corteza que pudiera servir a la construcción del herbario y de base para la formación, más tarde, de la Flora colombiana”[4]. También realizó observaciones sobre los usos en industrias “originales” y regionales de estas plantas[5], lo cual se complementó con uno de los deberes adquiridos por Codazzi en su contrato con el presidente Mosquera,

Desde la promulgación del decreto de Mosquera de 1846, se especificaba en el artículo 4º. que en las descripciones de las provincias habrían de incluirse “noticias tan cabales como sea posible adquirirlas, acerca de las producciones naturales i manufacturadas de cada localidad […].[6]
Ilustración 18 - Barnizadores de Pasto. Manuel María Paz (1820-1902). 1853. Acuarela. 26 x 33 cm. Biblioteca Nacional de Colombia, Bogotá. Consultado en https://bit.ly/4eDwkCG.

Exploró diversos climas y comparó sus anotaciones con las descripciones de Mutis. Entender la colecta como parte de los objetivos nacionales y científicos de la Comisión, así como de las dinámicas geográficas, nos permite comprender con quién, bajo qué intereses y con qué herramientas[7][ii], Triana colectó sus más de 50.000 muestras. Estos criterios de selección y recolección pueden abordarse en sus notas de estudio, prefacios, descripciones de publicaciones y correspondencia con otros botánicos. Sin embargo, toda esta información está enmarcada por las diferentes concepciones de naturaleza mencionadas anteriormente, cada una asociada a un resultado esperado de su trabajo: i) "Examinar, clasificar y dar nombre botánico a las plantas encontradas", ii) Llevar "un registro ordenado de las plantas de aplicación útil en medicina, artes y exploración", iii) "Recoger, examinar, disecar y describir las plantas nuevas o que deban formar parte de los herbarios"[8].

Estos tres entregables representaban diferentes formas de abordar la selección y recolección tanto de la información como de las propias plantas: por un lado, el registro y clasificación botánica de las especies encontradas, por otro, el estudio de las plantas de utilidad práctica, y finalmente, la identificación y descripción de las nuevas especies. A partir de estas pautas, se construían los textos descriptivos que acompañaban cada especie, familia y género. En una carta a Juan de Francisco Martín Secretario de Gobierno en Francia, Triana anunció que en su obra Prodromus florae novo-granatensis, cada familia descrita contaría con "observaciones sobre sus afinidades naturales, distribución geográfica y propiedades más notables"[9].

En el mismo sentido, el botánico alemán Hermann Karsten, quien acompañó a Triana en algunas de sus expediciones, publicó varios artículos que dan cuenta de esta sistematización. A diferencia del archivo conservado sobre José Celestino Mutis, en el cual se encuentra lo que solemos llamar como libretas de campo[10], en el caso de Triana su contenido se encuentra en las notas marginales[11] de sus publicaciones, en los apuntes de estudio y correspondencia con otros botánicos. No obstante, es necesario comprender que no se trata de la misma información que Triana y/o acompañantes tomaron in situ. Las observaciones de “afinidades naturales”, geografía, propiedades, a las cuales tenemos acceso a través de esta documentación, ya no está del todo en la esfera de lo individual de la práctica científica, sino que ha atravesado un proceso de transformación (sistematización, comparación y verificación) para entrar en la esfera del conocimiento público del libro o artículo. 

En lo que respecta a las "plantas de aplicación útil", uno de los elementos más importantes recolectados en el campo eran las relaciones entre la planta y su territorio. En sus descripciones de la Chinchona o Quina, estudiadas y descritas previamente por Mutis[12], una planta valiosa por sus altos niveles de alcaloides, Triana señala que el hábitat de la planta, su exposición al sol, la temperatura ambiental y la altitud a la que se encuentra son factores decisivos que afectan la coloración de sus cortezas, así como su composición química interna y apariencia externa. Estos factores esenciales para el crecimiento del individuo determinan en gran medida su singularidad, por lo que el lugar de crecimiento de una planta es de suma relevancia en cuanto a su identidad y sus propiedades químicas. Sobre las Chinchonas, Triana agrega: 

La especie vegeta sobre el ramal oriental de los Andes, desde las fuentes del río Magdalena, del lado del nudo montañoso de Pasto, y sigue casi a la misma altura la Cordillera hasta los Andes de Pamplona y de Ocaña, hacia el 8º de latitud norte. Al oriente de Bogotá, y como cortada por el profundo cauce del río Guachetá, se encuentra una especie de línea demarcadora que separa dos especies de cortezas de quina tunita. La que crece sobre toda la región sur es buena para la exportación, con variaciones locales o accidentales en cuanto a su riqueza de quinina. Pero avanzando del mismo punto hacia el norte, la planta que aparece sobre la cordillera y que creemos ser una variedad o variación de la Cinchona Lancifolia, posee cortezas que no contienen sino muy poca quinina, y abundan, por el contrario, en cinhonina o quinidina, según las circunstancias locales.[13]
Por lo tanto, la recolección y documentación detallada de las diferentes variedades de quina y sus hábitats específicos se convirtió en una prioridad fundamental para Triana. De este modo, sus esfuerzos científicos iban mucho más allá de la simple descripción taxonómica botánica, incorporando observaciones profundas sobre los usos tradicionales de las plantas y su íntima relación con el territorio donde crecían. El trabajo científico de Triana reveló una visión integral que interrelacionaba el conocimiento local, la diversidad natural y las posibilidades de aplicación práctica de estos recursos vegetales. 

Por otro lado, la selección y recolección de Triana se enfocaba tanto en la identificación de plantas nuevas para la ciencia como en el estudio de las especies comunes del territorio, con el objetivo de construir un herbario completo y representativo de la flora neogranadina. Así, dedicó grandes esfuerzos a la documentación de especies desconocidas para los botánicos europeos, dando cuenta de la novedad y riqueza de la biodiversidad local. Esta última tarea implicaba una complejidad que no preveía: gran parte de esa magnificencia natural aún no había sido clasificada por los botánicos europeos, quienes en ese entonces se constituían como la principal autoridad en el conocimiento científico. En la introducción de su publicación Nuevos jeneros i especies de plantas para la flora neo-granadina, realizada en colaboración con el botánico alemán Gustav Karl Wilhelm Hermann Karsten, Triana reconoce la novedad de sus estudios sobre plantas inéditas para la ciencia, fruto de largas y penosas peregrinaciones a lo largo del territorio granadino[14]. Hoy en día, la calidad y cantidad de nuevas especies determinadas por José Jerónimo Triana siguen siendo motivo de asombro e importancia para la ciencia, como lo confirman los biólogos/botánicos Sandra Reinales y Carlos Parra Osorio: "Debido a la singularidad de sus colecciones botánicas, se describieron numerosas especies nuevas de estas zonas, consideradas actualmente puntos calientes de biodiversidad con altas tasas de endemismo."[15]


[1] Ibid., xxii. Ver cita completa en nota final. 
[2] Por ejemplo Mitchell, ¿Qué quieren las imágenes?
[3] Appelbaum, Dibujar la nación. La comisión corográfica en la Colombia del siglo XIX, xxxii
[4] ACH, Colección Triana, Cj. 2, cp. 13, f. 8v. Nota del periódico Papel Periódico Ilustrado, 5 de mayo de 1883.
[5] BDPI, Plantas útiles de la Nueva Granada, f. 3v. Borrador de un apartado que parece pertenecer a la publicación final de Plantas útiles de la Nueva Granada, la primera parte se enfoca principalmente en la descripción, importancia y uso del Barniz de Pasto. (Ver Ilustración 18)
[6] Sánchez, Gobierno y geografía, 185.
[7] Appelbaum, Dibujar la nación. La comisión corográfica en la Colombia del siglo XIX, 13.
[8] ACH, Colección Triana, Cj. 1, cp. 5, f. 16v. Contrato firmado por José Jerónimo Triana.
[9] ACH, Colección Triana, Cj. 1, cp. 5, f. 72r.
[10] No se encontró este tipo de herramienta de colecta de la información en los diferentes archivos consultados. Casi todo es material de estudio post-trabajo en campo durante la Comisión.
[11] En especial en lo que hoy conocemos como el segundo Catálogo Británico, el cual fue entregado a Kew luego de su muerte. Gracias a una colaboración con esta institución, el ICN cuenta con este Catálogo completamente digitalizado. 
[12] BDRJ. Triana Silva, José Jerónimo. Nouvelles études sur les Quinquinas d'après les matériaux présentées en 1867 à l'Exposition universelle de Paris et accompagnées de facsimile des dessins de la Quinologie de Mutis, suivies de remarques sur la culture de Quinquinas.
[13] ACCEFN, Triana, Nuevos estudios sobre las quinas, 272.
[14] BDB, Triana, Nuevos jeneros i especies de plantas para la flora neo-granadina, 4.
[15] Reinales y Parra-O., «Disentangling the Historical Collection of José Jerónimo Triana from the República de La Nueva Granada between 1851 and 1857», 420.


[i] Appelbaum, Dibujar la nación. La comisión corográfica en la Colombia del siglo XIX, xxii, 
El término corografía […] origen clásico. En la temprana Europa moderna y el mundo ibérico, con frecuencia se aludía con corografía a unos mapas locales harto pictóricos de ciudades y regiones. Para Codazzi, la corografía brindaba una alternativa científica a la triangulación continua de reinos y naciones que, en su época, se había convertido en el estándar internacional para efectos de la cartografía. Las nuevas repúblicas de Venezuela y Nueva Granada carecían de los recursos y la infraestructura para practicar levantamientos topográficos de tal magnitud. Así las cosas, los «corógrafos» (como los llamaba Codazzi), en cambio, recurrían a una mezcla de narrativas, imágenes, estadísticas y cartografía para resaltar la especificidad de cada provincia.[ii] Appelbaum, Dibujar la nación. La comisión corográfica en la Colombia del siglo XIX, 13.
Fiel a los imperativos científicos utilitaristas del final del imperio y la naciente república, Triana bebía del conocimiento popular para esclarecer las aplicaciones medicinales y la viabilidad económica de las plantas que recogía e identificaba. Colaboró con varios naturalistas extranjeros y en 1857 viajó a Europa a investigar y publicar.



2.2. Capítulo II. La especia

2.2.1. Las investigaciones

En la mayoría de las expediciones científicas del siglo XVIII y XIX, es común que, a pesar de que se recolectaran gran cantidad de plantas y se produjeran numerosas láminas ilustradas, se publicara muy poco sobre estas colecciones. Sin embargo, este no fue el caso de Triana. Como bien lo resumen Reinales y Parra, “Triana logró un vasto conocimiento de la flora de la Nueva Granada, […] publicó al menos 39 obras científicas”[1], algunas de las más relevantes son Mémoire sur la famille des Guttifères, Prodromus florae Novo-granatensis, y Les Melastomacées.” Este trabajo se realizó durante su estadía en Europa en alianza con varios botánicos y naturalistas extranjeros.

Su viaje a París fue patrocinado por el Gobierno colombiano, que, al reconocer la importancia de las observaciones de Triana en sus publicaciones en los diarios El Día y La Gaceta entre 1850 y 1854, le permitió firmar un nuevo contrato en 1856. Este contrato tenía una duración de dos años con el objetivo de "clasificar y dar a conocer algunos de nuestros productos vegetales, que por sus aplicaciones comunes o por el conocimiento de sus cualidades, pudieran adaptarse a las sustancias empleadas por la medicina o utilizadas por la industria”[2]. Este trabajo de investigación llevaría por título "Plantas útiles de la Nueva Granada"; sin embargo, dos años no serían suficientes para su realización.

Una de las mayores dificultades que enfrentaría Triana en Europa sería la falta de información sobre las plantas recolectadas. Cuando José Jerónimo desembarcó en París en 1857, aún no estaba al tanto de los enormes vacíos en el conocimiento de la flora neogranadina y contaba con que los muestrarios enviados a Karsten y a Linden ya estuviesen "clasificados y adaptados a las familias reconocidas por la botánica europea"[3] para su llegada; sin embargo, este no fue el caso. 

Si bien la flora de la Nueva Granada ya había sido estudiada previamente por dos europeos, Mutis[4] y Humboldt[5], ninguno de ellos había podido publicar la totalidad de las descripciones de las especies nuevas encontradas. En el caso del botánico español, la guerra civil en Nueva Granada y su posterior muerte impidieron la finalización de sus trabajos; y en el caso del naturalista pruso-alemán, la mayoría de los materiales recogidos se perdieron durante su regreso por mar a Europa. Así, dado que el material de Triana trataba de nuevas especies para las ciencias naturales, ningún herbario o institución científica en Europa disponía, en esos años, de datos o suficientes estudios relacionados.[6][i] Sin embargo, lo que Triana sí encontró en Europa fue una "infraestructura de conocimiento botánico" extensa e interconectada entre las distintas potencias de la época. No solo se hallaban los principales botánicos con los que Triana había mantenido contacto, sino que también existía una red de establecimientos culturales y científicos, como bibliotecas, museos, herbarios y jardines, que le proporcionaron una amplia gama de fuentes para sus estudios. 

Dada la situación, que resultaba tanto desalentador como estimulante, José Jerónimo Triana se propuso escribir una obra que resistiera el juicio de la ciencia rigurosa y se mantuviera vigente. Para ello, tendría que examinar exhaustivamente las páginas y memorias dejadas por Humboldt, Caldas, Mutis y Bonpland sobre la flora tropical, confrontarlas y validarlas con los textos de los principales expertos en botánica, integrar sus propias observaciones y analizar técnicamente cada planta, estudiando por separado los diversos individuos de cada familia. Como resultado de esta extensa investigación, Triana se propuso elaborar la Flora de la Nueva Granada, dejando de lado las plantas útiles, una tarea que se volvía imposible debido a que estas últimas no estaban clasificadas, y más bien facilitando este trabajo con la información de la Flora para que otros científicos lo emprendieran más adelante.[7]

Para lograr este propósito, Triana buscó consolidar su relación con Jules Émile Planchon, docente de botánica en la Facultad de Ciencias de Montpellier, y se sumergió "en los jardines e invernaderos de esa ciudad"[8] para estudiar, de la mano del botánico francés, las muestras que tenía. De esta colaboración surgió la obra Memoria de las familias de las gutíferas en 1861-62. Durante la misma década, Triana publicó Sur les bractées des Marcgraviées en 1862, los dos primeros volúmenes del Prodromus florae novo-granatensis, titulados Phanerogamie y Cryptogamie, en 1862 y 1863 respectivamente, el artículo Dispositio Melastomacearum en 1865 y el catálogo del pabellón de la Exposición Universal de París en 1867[9]. A lo largo de esos años, José Jerónimo enfrentó dificultades académicas, que se vieron acentuadas por la falta de ayuda económica del Gobierno colombiano. Llegó a Europa con un salario de 2.000 pesos anuales, con los cuales debía vivir y mantener a su familia (esposa e hijos), y también costear sus viajes, materiales de prensado y de laboratorio, ingresos a museos y jardines botánicos, libros, equipos de observación y análisis, y en algunos casos, las tarifas de publicación de su trabajo. En ese sentido, aquel salario acordado en Colombia en 1856 no era suficiente para su vida y obra en Europa. [10] No obstante, esto no limitó su participación en múltiples Exposiciones Universales realizadas en las capitales europeas. El 25 de enero de 1866, la Comisión Imperial de la Exposición Universal de 1867 a Paris envió una invitación formal[11] a "Monsieur Triana" para representar a la República en la Exposición del siguiente año. Sin embargo, el Gobierno colombiano no proporcionó respuesta alguna a favor de la presencia en el pabellón asignado a las repúblicas de América del Sur y América Central. 

Ante este panorama, y "al recorrer las vastas galerías destinadas a las diversas nacionalidades de la América española, [Triana] observó con sorpresa que los productos expuestos carecían de interés científico y que las colecciones botánicas pecaban de incompletas”[12]. El botánico se propuso la tarea de montar, a partir del material producido durante sus viajes por el territorio neogranadino, un pequeño, pero no menos importante stand representativo de Colombia. En una nota hemerográfica nacional se compara su satisfacción por el reconocimiento recibido en este evento con el encuentro de una nueva planta: “no llevaba el pobre botánico el corazón más satisfecho que cuando en el silencio de la soledad y de los bosques de los Andes, hallaba una nueva planta que ofrecer a la botánica, y que añadir a sus herbarios.”[13] El mérito de Triana se dio a conocer a través de la prensa francesa y belga gracias a una noticia publicada en el semanario "L’Exposition Populaire Illustrée"[14][ii] resaltando que el valor del trabajo presentado por Triana no reposaba en la demostración de lo ya conocido sobre el territorio colombiano, sino en la novedad de los productos expuestos y las explicaciones científicas. No solo se reconocía el valor intrínseco del material expuesto, sino que su aprecio estaba directamente vinculado al trabajo manual de quienes lo habían recolectado, estudiado y clasificado[15][iii]. La importancia del trabajo investigativo y expositivo de Triana reside en dos puntos fundamentales. El primero es la inserción del conocimiento científico en un círculo de consumo y conceptualización más amplio[16]. Por otro lado, su enfoque regional y cultural[17]  alimentó la discusión de las categorías fijas con las que se solía estudiar la naturaleza tal como lo plantean Olaf Kaltmeier, Antoine Acker, León Enrique Ávila Romero and Regina Horta Duarte en su artículoIntroduction: Biodiversity and the Anthropocene in Latin America from the Mid-Nineteenth Century to 1950,

La introducción de la historicidad en la biología fue un avance epistemológico fundamental en el siglo XIX. Anteriormente, las especies se fijaban en el cuadro según el sistema de clasificación introducido por Carl von Linné. Este sistema basaba la denominación de la flora y la fauna exclusivamente en el criterio de los hombres de ciencia occidentales blancos e ignoraba los nombres y las prácticas de denominación indígenas. Aunque se mantuvo este sistema de clasificación taxonómica, sus fundamentos epistemológicos se tambaleaban en parte.[18]


[1] Reinales y Parra-O., «Disentangling the Historical Collection of José Jerónimo Triana from the República de La Nueva Granada between 1851 and 1857», 420.
[2] ACH, Colección Triana, Cj. 2, cp. 13, f. 8r.
[3] ACH, Colección Triana, Cj. 2, cp. 13, f. 8r.
[4] Sánchez, Gobierno y geografía, 51.
[5] Appelbaum, Dibujar la nación. La comisión corográfica en la Colombia del siglo XIX, 42.
[6] BNC, Triana y Planchon, Promodus florae Novo-Granatensis, Preface.
[7] ACH, Colección Triana, Cj. 2, cp. 13, f. 8r.
[8] ACH, Colección Triana, Cj. 2, cp. 13, f. 9v.
[9] Piedrahita, José Triana, 43.
[10] ACH, Colección Triana, Cj. 2, cp. 13, f. 9v.
[11] ACH, Colección Triana, Cj. 1, cp. 1, f. 2v.
[12] ACH, Colección Triana, Cj. 2, cp. 13, f. 9v.
[13] ACH, Colección Triana, Cj. 2, cp. 13, f. 9r.
[14] ACH, Colección Triana, Cj.1, cp. 1, f. 28v.
[15] ACH, Colección Triana, Cj.1, cp. 1, f. 23v.
[16] Si bien puede considerarse como una perspectiva eurocéntrica, el hecho de que Triana pudiese exponer múltiples veces en las Exposiciones Universales, y que fuese galardona, manifiesta que su trabajo llegaba a los principales núcleos científicos de la época.
[17] Triana tenía en cuenta los usos locales y nombres regionales de las plantas como se discutirá más adelante.
[18] Kaltmeier et al., Biodiversity, Handbook of the Anthropocene in Latin America I,161.


[i] BNC, Triana y Planchon, Promodus florae Novo-Granatensis, Preface.
les indications de localises, les noms vulgaires, l’altitude sur le niveau de la mer à laquelle la plante a été trouvé etc. […]
[ii] ACH, Colección Triana, Cj.1, cp. 1, f. 28v.
En détail, la collection était des plus intéressantes et remarquable par la nouveauté et l’importance de divers produits, la rareté des autres, et, nous le répétons, les éclaircissements scientifiques qui les accompagnaient.
[iii] ACH, Colección Triana, Cj.1, cp. 1, f. 23v.
Dans leur ensemble les produits exposés par M. Triana, étaient classés et désignés exactement par leurs noms scientifiques et vulgaires avec l’indication de leurs propriétés et de leurs usages, des lieux de production et de leur station au-dessus du niveau de la mer, et, a l’appui des produits et en correspondance exacte des dénominations, l’herbier renfermait des échantillons desséchés des plantes dont ils proviennent (1). Sur plusieurs d’entre eux il y avait des notices publiées contenant leur étude botanique et usuelle aussi complete que posible. Le tout formait dons un travail scientifique achevé, d’une exécution tres difficile et d’une grande utilité pratique



2.2.2.  El herbario y la descripción
Un herbario refiere tanto a un establecimiento físico, generalmente asociado a una institución científica, como a un objeto o colección de objetos de carácter personal. Se trata, en ambos casos de un espacio que resguarda muestras de plantas prensadas ordenadas según un sistema de clasificación taxonómico previamente adoptado. El establecimiento, así como la colección, dialogan entre sí constantemente puesto que lo segundo suele estar contenido en lo primero; en el caso de Triana, su herbario está albergado en el Herbario Nacional Colombiano. En general, el objetivo de un herbario es crear, a través de ejemplares secos - que incluyen raíces, tallos, hojas, flores, frutos y semillas - una representación sistemática de la flora de un territorio determinado o región en particular. A la final, es otra forma de regresar a uno de los significados de la etimología de herbario, “hortus siccus”, que en Latín traduce un “jardín seco”[1]. Esta concepción nos lleva a un aspecto fundamental de la función de un herbario: su capacidad de conservación, bajo una materialidad seca, un conjunto de plantas que antes estaban enraizadas en la tierra. De esta forma, suele gestarse la idea de que una planta puede estudiarse de manera individual, sin tener en cuenta la importancia de su hábitat[2]. No obstante, la creación, mantenimiento y consulta de un herbario no se hace de forma aislada. 

En la medida en que una colección de herbario organizada según el colector principal puede tratarse como una colección personal[3] que contiene los aspectos individuales y estéticos de la botánica[4], donde el botánico o taxónomo realizan su labor minuciosa de clasificación, identificación y preservación de las muestras vegetales, el Herbario como institución se alimenta de la discusión que se establece entre diversas colecciones de plantas desecadas a través de la consulta. Los herbarios les dan a los botánicos la oportunidad de estudiar con detalle las plantas, especialmente cuando no cuentan con la posibilidad de trabajar con ejemplares vivos. En este estudio, el botánico requiere tiempo y dedicación para familiarizarse a fondo con una planta y poder analizarla en profundidad[5], de esto depende la calidad de su trabajo. La colecta de información durante el proceso de colecta de los ejemplares botánicos es lo que permite que se mantengan los lazos directos de la planta con el territorio, y esto a su vez hace que los ejemplares puedan ingresar a ser parte de las colecciones científicas. Sin esa información, serían únicamente muestras vegetales, sin nombre, sin pliegues, sin capacidad de conversación y relacionamiento. 

En el caso de Triana, este proceso de institucionalización de las muestras colectadas, y por ende de la información albergada en ellas, inició con su llegada a Europa. Triana tenía planeado viajar a París en 1856, pero pospuso la fecha de viaje para principios de 1857 debido a la necesidad de completar la clasificación inicial y el embalaje de las plantas recolectadas para su envío a Francia. En el siglo XVIII, la práctica del herbario se fundamentaba en lógicas coloniales de reconocimiento territorial de las colonias de los imperios europeos, siendo este el propósito principal de la Expedición de Mutis y en cierto sentido también del viaje de Humboldt a América, aun cuando Prusia no tenía colonias fuera de Europa. En este sentido, y en el marco de las nacientes repúblicas americanas del siglo XIX, Triana se convirtió en uno de los primeros botánicos nacionales colombianos encargados de realizar una tarea tan amplia e imponente como la de recolectar, estudiar y nombrar las plantas nuevas y conocidas que crecieran en la tierra neogranadina[6][i].

La primera colección consistió en los especímenes enviados a Bruselas durante los años de su participación en la Comisión Corográfica, totalizando entre 8,000 y 10,000 muestras. La segunda fue la colección que dejó en Bogotá antes de partir a Europa, con alrededor de 5,000 a 6,000 muestras. Finalmente, estaba la colección que llevó consigo a Francia, siendo el más extenso con más de 35’000 especímenes botánicos. Estos tres herbarios, sin contar las muestras perdidas durante los viajes[7], sumaron alrededor de 50.000 especímenes, incluyendo al menos 4’500 especies de plantas[8]. La diferencia entre estos dos últimos números se debe a la cantidad de duplicados que se produjeron durante las salidas en campo. La creación de duplicados[9] es una práctica bastante común por dos razones: la primera, era una forma de respaldar el trabajo dado el antecedente de muchos viajeros que habían perdido sus colecciones durante los recorridos por tierra y mar; la segunda, porque los especímenes botánicos se constituyeron históricamente como objetos de intercambio y venta, incluso varios siglos antes del XIX. Su valor aumentaba según la procedencia del material recogido, la calidad de las muestras y la rareza misma de la planta colectada. Así, la adquisición de duplicados de especímenes fue lo permitió que algunos herbarios en ciudades como Londres, París y Leiden se convirtieran en puntos focales para la recopilación y generación de conocimiento sobre las amplias regiones exploradas. Aunque la colección que permaneció en Colombia no fue la más grande, con 6’000 muestras en comparación con las más de 45’000 que llegaron a Europa, se consideró su colección "tipo" u “holotipo”[10]. Esta fue numerada, clasificada y determinada con el sistema taxonómico de Endlicher[11], el cual se diferenciaba del propuesto por Lineo en varios aspectos clave. Mientras que Lineo se basaba principalmente en características morfológicas visibles y los caracteres reproductivos, Endlicher incorporó un enfoque más evolucionista, agrupando a las plantas según sus relaciones filogenéticas. Además, desarrolló un esquema más detallado y jerárquico, con categorías taxonómicas más específicas que permitían una clasificación más precisa de la diversidad vegetal. 

Esta visión más comprehensiva y refinada de la taxonomía botánica propuesta sentó las bases para su adopción amplia en la comunidad científica del siglo XIX. Como lo plantea Maura C. Flannery [12], estudiar una colección repatriada de plantas de un país era una tarea ardua. Implicaba organizar y catalogar cuidadosamente los ejemplares por familias o géneros, evaluar los especímenes para determinar si representaban especies desconocidas y realizar un examen exhaustivo de otros ejemplares y de la literatura relevante. 

Frente esta cantidad de trabajo, Triana no se despegó de su quehacer investigativo una vez estuvo instalado en Europa. Su colega francés Joseph Decaisne narra que, “desde su llegada, no ha dejado de ocuparse un solo día de [la] clasificación y estudio" [13][ii] de las colecciones botánicas traídas de la Nueva Granada a París[14][iii]. Si bien había estado seis años recolectando aquellas muestras, la posibilidad de estudiarlas a través del análisis comparado se convertía en otra forma de aprender, conocer y ver con nuevos ojos aquel mundo que resultan tan extraño como familiar. Para cada uno de sus especímenes tipo anotó " indicaciones de localización, nombres comunes, altitud sobre el nivel del mar a la que se encontró la planta, etc. [...]”[15], generando así un trabajo impecable en esta tarea descriptiva.



Ilustración 19 - Mapas mentales sobre la organización del "Reino Vegetal". Sin datos adicionales. [16] ACH, Colección Triana. Caja 11, carpeta 4, f. 54v y 54r.

Si bien en los herbarios y publicaciones europeas no existía información previa de las muestras inéditas, esto no significaba que no hubiese material de consulta que pudiese resultar provechoso para la investigación. La diversidad de exicados botánicos almacenados en las colecciones de París y Kew le permitían a Triana contrastar el material y revisar las determinaciones y descripciones de géneros, familias y especies relacionadas con sus ejemplares botánicos (ver Ilustración 19). En una carta de Triana, posiblemente dirigida a Planchon[17][iv], se puede ver el rol de la comparación entre disecados durante el trabajo de etiquetado y clasificación de las muestras que Triana había enviado a Europa antes de su llegada, así como de aquellos ejemplares que había traído con sí en su viaje a París en 1857. Estas determinaciones se establecieron mediante la comparación con mis muestras que, en muchos casos, había reconocido tan idénticas como fuera posible con los tipos únicos que contienen los herbarios del Museo de Historia Natural de París, como las plantas de los señores Humboldt y Bonpland, del trabajo del señor Kuntze y las de los señores St. Hilaire y Jussieu.

Las consultas e intercambios de ejemplares botánicos son esenciales. Estudiar una especie exige analizar muestras de toda su distribución natural, sin estar limitados por fronteras políticas o divisiones definidas por los recorridos de la colecta. Así mismo, estos movimientos de información y observación les otorgan a los especímenes otro tipo de valor intelectual. Su capacidad asociativa aumenta a través de la consulta: se renuevan sus revisiones taxonómicas, se convierte en una referencia para nuevas representaciones gráficas, alimenta descripciones dentro de nuevas publicaciones. Tal fue el caso en el estudio de las Cinchonas de Mutis, retomado posteriormente por Humboldt y estudiado por Triana. Según José Jerónimo, en uno de los recorridos en Ayavaca (Ecuador), Humboldt y Bonpland recolectaron especímenes de una especie de Cinchona con frutos algo incompletos y, complementándolo con otros de Quina-quina del herbario de Jussieu, elaboraron la lámina X (ver Ilustración 20) de sus "Plantas ecuatoriales”. [18] Este despliegue de asociaciones en diferentes contextos y formatos de usabilidad es posible por la forma en que está almacenada materialmente la información y por las redes de intercambio de conocimiento en que se insertan en los entre pliegues de las colecciones. 



Ilustración 20 – Planche X, Cinchona Condaminea. Gallica, BNF, Humboldt y Bonpland, Voyage de Humboldt et Bonpland, 1808.
Por otro lado, en la misma conformación de los herbarios de la época se evidencia la intervención de varias manos: en la colecta[19][v], el montaje y el estudio[20][vi]. Estudiar las especies con cada vez más detalle y cercanía era un trabajo de discusión colectiva; esta red de trabajo se configuró como los cimientos de la botánica moderna temprana.[21] Sin embargo, para ser considerado como tal, un herbario debe poseer características específicas: el registro y catalogación sistemática de los especímenes preservados, así como el uso de un sistema de nomenclatura científica. Se caracteriza por un orden y una clasificación que adquieren sentido en la medida de que en las ciencias occidentales estas disciplinas han sido responsables de nombrar y clasificar el mundo natural[22].


[1] Flannery, In the Herbarium, 20.
[2] Flannery, In the Herbarium, 42
[3] Vale la pena aclarar que existen colecciones de herbarios colectivas cuando en la colecta y proceso de determinación trabajan más de dos botánicos. 
[4] Es decir, esta colección solo se crea si el botánico en cuestión decide colectar o no una planta según sus criterios personales. 
[5] Flannery, In the Herbarium, 38.
[6] Sánchez, Gobierno y geografía, 25.
[7] ACH, Colección Triana, Cj. 2, cp. 12, f. 34v.
[8] ACH, Colección Triana, Cj. 2, cp. 12, f. 34v.
[9] Un duplicado de herbario es un espécimen adicional que se recolecta del mismo individuo de planta, en la misma ocasión y lugar que el espécimen original, y que se conserva en un herbario diferente al que alberga el original. 
[10] Los especímenes de un herbario se clasifican en varios tipos según su origen, función y estado dentro del proceso de documentación científica. Entre los más importantes a diferenciar se encuentran: Holotipo (el único espécimen designado por el autor original al describir una nueva especie); Isotipo (un duplicado del holotipo, recolectado al mismo tiempo y lugar que el holotipo); Lectotipo (un espécimen designado como tipo posteriormente, si el holotipo se pierde o no fue designado originalmente; Neotipo (un nuevo espécimen designado como tipo si todos los especímenes originales se pierden).
[11] Sistema de clasificación de la flora desarrollado por el botánico austriaco Stephan Ladislaus Endlicher en el siglo XIX. Este sistema dividía las plantas en dos grandes grupos: Thallophyta (plantas “simples” como algas, hongos y helechos) y Cormophyta (plantas más complejas con órganos mejor diferenciados). Este sistema se ve reflejado en el Catálogo de Triana entregado al Gobierno Colombiano.
[12] Flannery, In the Herbarium.
[13] ACH, Colección Triana, Cj. 1, cp. 5, f. 124v. Carta firmada por Decaisne
[14] Sánchez, Gobierno y geografía, 428.
[15] ACH, Colección Triana, Cj. 2, cp. 12, f. 4v.
[16] No se encontraron datos sobre el momento y contexto de producción de este mapa.
[17] ACH, Colección Triana, Cj. 1, cp. 7, f. 2v.
[18] BDRJB, Triana, Nouvelles études sur les Quinquinas, 11
[19] BNC, Triana y De Candolle, Réponse de Mr. de Caudalle sur les deux plantes a examiner, 3.977v.
[20] BNC, Triana y De Candolle, Réponse de Mr. de Caudalle sur les deux plantes a examiner, 3.973v. 
[21] Flannery, In the Herbarium, 23.
[22] Aunque no es la única forma en que nombramos, clasificamos y conservamos aquello que nos rodea. Ver Anexo 1. Infraestructuras de conocimiento botánico.


[i] Sánchez, Gobierno y geografía, 25.
De especial trascendencia son los escritos y colecciones botánicas de José Jerónimo Triana, el naturalista de la Comisión Corográfica, cuyo valor científico es reconocido aún hoy. Triana coleccionó alrededor de 60.000 especímenes de 8.000 especies botánicas distintas, trabajo, si no mayor, al menos comparable al efectuado por la Expedición Botánica de Mutis durante un periodo de 33 años, [comparado a los 7 años de trabajo en campo de Triana].
[ii] ACH, Colección Triana, Cj. 1, cp. 5, f. 124v. Carta firmada por Decaisne
Des circonstances particulières m’ont permis de recevoir chez moi toutes les collections botaniques, amenées de la nouvelle grenade à Paris par Monsieur Triana, qui, dès leur arrivée, n’a pas cessé un seul jour de s’occuper, de leur classification et de leur étude.
[iii] Sánchez, Gobierno y geografía, 426.
En junio de 1857 el botánico contrajo matrimonio con doña Mercedes Umaña Bustamante, dama de una prominente familia de Bogotá. Dos semanas después de la boda la pareja salió de la capital rumbo a Europa. En el equipaje de Triana iba infinidad de pequeños paquetes con 35.000 especímenes de la flora de la Nueva Granada.
[iv] ACH, Colección Triana, Cj. 1, cp. 7, f. 2v.
J’étiquetais et nommais les échantillons d’une portion de mes collections que vous aviez acquis avant mon arrivée en Europe, ainsi que les plantes granadinnes indéterminées et incertaines des familles dont je m’occupais. Ces déterminations ont été établies d’après la comparaison avec mes échantillons que j’avais, dans beaucoup de cas, reconnus aussi identique que possible avec les types uniques que renferment les herbiers du Musée d’histoire naturelle de Paris, tels que les plantes de M. M. Humboldt et Bonpland, du travail de M. Kuntz et celles de M. M. St. Hilaire et Jussieu.
[v] BNC, Triana y De Candolle, Réponse de Mr. de Caudalle sur les deux plantes a examiner, 3.977v.
Mr. Miers dans les Annals and Magaz. of Natural History IV, 1849, pag 190, décrit sous le nom de Sarcophysa une plante originaire de la Nouvelle Grenade, conservée dans l’herbier de Sir W. Hooker et recoltée par M. M. Goudot et Purdie.
[vi] BNC, Triana y De Candolle, Réponse de Mr. de Caudalle sur les deux plantes a examiner, 3.973v. 
Réponse de Mr. de Candolle sur les deux plantes à examiner. La 3eme était donné à Mr. DC. L’examen des échantillons a été fait par M. M. de Candolle et J. Müller, ___ de l’herb. D. C. Ce dernier a rédigé les notes.













[1]
ACH, Colección Triana, Cj. 2, cp. 12, f. 7r. ; ACH, Colección Triana, Cj. 2, cp. 12, f. 726v. ; Piedrahita, José Triana, 1.


[2] Richard Bache. «Notes on Colombia. ».


[3] ACH, Colección Triana, Cj. 2, cp. 12, f. 8v.





[4] La escuela primaria de Colombia en la primera mitad del siglo XIX, 6.








[5] Piedrahita, José Triana, 2.








[6] ACH, Colección Triana, Cj. 2, cp. 12, f. 8v.





[7] Esta pedagogía no fue introducida de forma integral sino qué se desarrolló de forma auxiliar a la pedagogía Lancaster. En este sentido, la apuesta de José María Triana durante el periodo de Mariano Ospina puede ser considerada precursora para la época.
 
[8] Piedrahita, José Triana, 2.  




[9]
ACH, Colección Triana, Cj. 2, cp. 12, f. 8v.








[10]
La Real Expedición Botánica del Nuevo Reino de Granada fue una de las principales expediciones científicas del siglo XVIII en América Latina, financiada por el Imperio Español y liderada por el médico-botánico José Celestino Mutis. Su objetivo principal era estudiar y documentar la flora del Virreinato del Nuevo Reino de Granada. 


[11]
ACH, Colección Triana, Cj. 2, cp. 12, f. 7r.


[12]
Piedrahita, José Triana, 5.



































[1] ACH, Colección Triana, Cj. 1, cp. 5, f. 16v. El contrato fue firmado el día 10 de diciembre de 1850.
















[2] ACH, Colección Triana, Cj. 1, cp. 5, f. 16v. 






[3]
Appelbaum, Dibujar la nación. La comisión corográfica en la Colombia del siglo XIX, 33.




[4]
Proceso de identificar y asignar un nombre científico a una planta, basándose en sus propiedades morfológicas, anatómicas, químicas y, recientemente, genéticas.






[5]
ACH, Colección Triana, Cj. 2, cp. 13, f. 8r.






























[6]
Espécimen de Pedro Fernández colectado por Triana en Enero de 1852 en Magdalena, 800,0 m.s.n.m.











[7]
Wiens y Moss, Issues and Perspectives in Landscape Ecology, 11.






[8]
Appelbaum, Dibujar la nación. La comisión corográfica en la Colombia del siglo XIX, 39.

3. Segunda parte

3.1.  Capítulo III. El espécimen

3.1.1.  La evidencia

El caso de Triana nos permite entender cómo el nacimiento de un herbario está intrínsecamente conectado a la práctica inicial de la colecta; sin ella, las estanterías de este archivo de la naturaleza permanecerían vacías. La razón detrás de esta práctica plantea las siguientes preguntas: ¿Por qué se colecta? ¿Y por qué esto persiste en regiones ya exploradas? Estos interrogantes surgieron en Santa María de Boyacá durante el trabajo de campo del curso de Taxonomía de Angiospermas[1], donde el equipo del Instituto de Ciencias Naturales (ICN) lleva colectando durante más de una década. La respuesta que surgió durante una conversación con David, biólogo egresado de la UNAL, enunció el propósito primordial: evidenciar la presencia, permanencia o ausencia de una especie en un territorio específico. 

Cada espécimen se configura como testigo de la existencia de una planta en un tiempo-espacio determinado. Extender este razonamiento al número total de especímenes que hay de una sola especie, o de una región en particular, es una forma de mapear, no sólo la distribución geográfica de las plantas, sino también su temporalidad. Comprender esta fluctuación temporal y renovación constante del gradiente de biodiversidad en una región, y por ende de la reconfiguración del conocimiento botánico y ambiental, marcó un quiebre con mis suposiciones iniciales como historiadora. En estas estaba incluida la idea errónea de que un solo espécimen de una especie sería suficiente para reconstruir su identidad biológica. Sin embargo, la necesidad de estos "bosques" botánicos, mencionados al inicio, se vuelve evidente.



Ilustración 21 - Detalles de diferentes especímenes de Castratella piloselloides, Naudin, de la familia Melastomataceae. Estas muestras fueron tomadas por: 1. José J. Triana en 1855; 2. José Cuatrecasas en 1941; 3. Enrique Pérez Arbeláez en 1931; y 4. Thomas van der Hammen en 1952, Herbario Nacional Colombiano.

Al consultar la colección digital del Herbario Nacional Colombiano[2] podemos dirigirnos en cuestión de segundo a la gaveta que alberga una colección específica de plantas secas, todas identificadas como Castratella piloselloides. Al analizarlas con el detalle que nos permite la pantalla del dispositivo de consulta digital, que simula el gesto si consultáramos la colección en físico con lupa y estereoscopio en mano[3], observamos una variedad de tejidos vegetales con colores como amarillo, verde y marrón, acompañados de etiquetas con información similar. De este conjunto surgen algunos patrones distintivos y otros recurrentes, que reflejan la abstracción de la especie a través de su materialidad. La agrupación de múltiples muestras de Castratella piloselloides (ver Ilustración 21) nos permite apreciar la coherencia morfológica de esta especie. Las diferencias entre especímenes, en términos de ADN, georreferenciación, descripción e historial de clasificación (reflejado en las etiquetas)[4], están intrínsecamente ligadas a las personas que realizan la colecta y aquellas que consultan los archivos y actualizan su información. Retomando a Santiago Martínez Medina, “Así, es gracias al espécimen que en la colección puede emerger [la] especie como una de las unidades mediante las cuales se pueden adelantar los procesos de catalogar, cuantificar, estandarizar, georreferenciar y comparar de los que, a su vez, emerge la biodiversidad.”[5]

En este sentido, los especímenes se constituyen como documento, artefacto, ecofacto. Un limbo entre la materialidad botánica que sostiene la hoja de papel y la información humana que alberga y define su identidad como evidencia científica de la naturaleza. El análisis de las prácticas de la elaboración y mantenimiento de los registros nos permiten examinar la naturaleza de esta forma de conservación de la información científica. La generalización de la nomenclatura, catalogación y etiquetación evidencia un precepto de la conformación de una colección científica: “no hay espécimen sin etiqueta”[6]. La etiqueta es aquello que convierte este cuerpo vegetal en evidencia y testigo, delimita y a la vez universaliza su existencia al permitirle desplegarse en un sinfín de propósitos investigativos y creativos. En cierta medida, se asemeja al principio de procedencia de un archivo histórico. De esta forma, el ecofacto se convierte en un documento palpable y con autonomía y autoridad propia. 

Sin embargo, hay especímenes que, incluso teniendo etiqueta, están en un borde, un punto medio entre superficie y línea. Se trata de aquellos cuerpos cuya nomenclatura histórica no encuentra correspondencia con la nomenclatura aceptada en el tiempo presente y cuya revisión taxonómica aún no se ha realizado. Así, se convierte entonces en lo que Mariana Florián denomina como el “espécimen ingobernable”[7], un ecofacto extraído de los circuitos de usabilidad. El desfaz generado por esta ausencia de información nos expone ante otro tipo de relacionamiento, funciona a manera de experimento mental, formulado para comprender, confrontar y re-imaginar las colecciones de historia natural.[i]

En el herbario de José Jerónimo Triana, el espécimen identificado con el código de barras COL00001613[8]  genera este portal[9] en cuanto a la usabilidad presente de una colección histórica. La muestra, situada en la familia Melastomataceae, no cuenta con nombre científico aceptado en la actualidad (ver Ilustración 22). En la etiqueta añadida por Triana aparece Merianea majales y tiene por nombre vernáculo Flor de Mayo, pero al buscar esta nomenclatura en la base de datos de IPNI (International Plant Names Index) y de POWO (Plants of the World Online), no aparecen resultados. Lo mismo sucede cuando buscamos por su nombre común, que actualmente hace referencia a una especie de Orquídea o Plumeria, en vez de una Melastomataceae. Sin embargo, este espécimen tiene otro nombre otorgado, no por una etiqueta, sino directamente escrito a mano sobre la cartulina: Meriania speciosa (Bonpl.) Naudin.



Ilustración 22 - Metadatos y etiquetado del espécimen COL000016136: 1. Metadatos de la Colección Digital del Herbario Nacional Colombiano (actualidad); 2. Etiqueta producida por Triana (entre 1853 y 1856); 3. Inscripción sobre la cartulina de montaje (sin datos adicionales); 4. Etiqueta producida por el Herbario Nacional Colombiano, cuando hacía parte del Ministerio de Industrias (entre 1924 y 1934).

Esta determinación sí aparece en los listados internacionales de taxonomía botánica pero, al no estar inscrita en un labelo, no se la ha asociado oficialmente con el ejemplar. Sin embargo a partir de este nombre inscrito en lápiz, podemos contar otra historia de la colección histórica de Triana. Se trata de la versión británica[10] del Catálogo de los ejemplares de Plantas neo-granadinas que componen el herbario formado por José J. Triana miembro de la Comisión Corográfica i presentado al señor Secretario de Estado del Despacho de Gobierno adquirido por el NHMUK en 1891. Este segundo Catálogo es considerado como el trabajo previo al documento del Catálogo oficial que Triana entregó al Gobierno Colombiano el 20 de julio de 1856; en él encontramos una diagramación similar que en el oficial pero con anotaciones, tachones, correcciones y demás líneas que evidencian que se trataba de un documento personal y en constante cambio. 



Ilustración 23 – Región primera Thallophyta, Sección primera Photophyta en “Catálogo de los ejemplares de Plantas neo-granadinas que componen el herbario formado por José J. Triana miembro de la Comisión Corográfica i presentado al señor Secretario de Estado del Despacho de Gobierno” y en “Catálogo de los ejemplares de Plantas neo-granadinas. Herb. J. J. Triana (1828-1890)”, respectivamente.

Lo más interesante de este segundo Catálogo es que fue el documento que Triana se llevó a Europa para seguir trabajando en él. Durante este tiempo José Jerónimo realizó correcciones y nuevas observaciones que en su momento en Colombia no pudo realizar por falta de material y conocimiento. Entre estas anotaciones encontramos la determinación correcta del ejemplar COL000016136. 

Para poder realizar este proceso de identificación fue necesario trabajar con ambos Catálogos. Primero identifiqué el espécimen Merianea en el Catálogo oficial, así como el orden al que pertenece “268. Melastomaceas”[11]. Luego busqué en el Catálogo británico este orden y ahí encontramos las anotaciones relativas al ejemplar. Para el número 6119.2. encontramos lo siguiente: “Merianea speciosa __”, “Merianea Majalis, Benth., Flor de Mayo”[12]. Es posible que el apunte en lápiz sobre el espécimen COL000016136 del Herbario Nacional Colombiano se haya hecho a partir de este tipo de revisión y cruce de información entre ambos catálogos. La segunda determinación de la muestra 6169.2. nos cuenta entonces el trabajo permanente de auto-revisión que José Jerónimo Triana realizó aun cuando ya había dado cumplimiento a su trabajo al entregar el Catálogo oficial



Ilustración 24 – Detalle del Catálogo oficial, Orden 268. Melastomaceas, “6169.2. Merianea Majalis”. En “Catálogo de los ejemplares de Plantas neo-granadinas que componen el herbario formado por José J. Triana miembro de la Comisión Corográfica i presentado al señor Secretario de Estado del Despacho de Gobierno, página 185.



Ilustración 25 - Detalle del Catálogo británico, Orden 268. Melastomaceas. En “Catálogo de los ejemplares de Plantas neo-granadinas. Herb. J. J. Triana (1828-1890)”, vol. 2, 68.

Así, el caso del espécimen COL000016136 habla entonces de otro tipo de evidencia, tanto histórica como botánica. Nos cuenta que, en alguna fecha en Julio 1853, Triana colectó una planta de flores con tonos rojo vinotinto de 4 cm. de largo, con ovario ínfero en hipanto, y con hojas opuestas y discoloras de 5 cm. aproximadamente, la cual adjuntó en un primer momento a la familia Melastomataceae y a una especie, Merianea Majalis, que hoy en día no es reconocida. Sobre este aspecto, el ecofacto también nos cuenta la historia de otro nombre, otra especie que, según la lectura de la inscripción en lápiz podemos deducir, le correspondería al ejemplar, pero sin embargo no podemos afirmar con firmeza. La validez de la información científica adquiere autoridad a través de ciertos procedimientos materiales: el consenso de añadir físicamente un labelo con los cambios de determinación. Este no ha sido el caso para COL000016136.



Ilustración 26 – Espécimen COL000016136, Melastomataceae. Herbario Histórico José Jerónimo Triana, Herbario Nacional Colombiano. La composición reproduce el espécimen en diversas escalas: 1. Muestra completa, incluyendo la escala y tarjeta de color; 2.a.-b. Detalles de la floración; 3. Detalle de la filotaxis.

El espécimen COL000016136, en vez de estar marginalmente dentro de los parámetros de la recolección y la colección, introduce una apertura en la superficie estandarizada de las gavetas del Herbario, aun cuando no cumple con todos los requisitos necesarios para estar allí. De este modo, el ejemplar nos impulsa a indagar la creación y manejo de los catálogos y metadatos de las etiquetas. Así, esta muestra vegetal se convierte en una muestra de cómo la colección se relaciona con el trabajo de montaje, curaduría e investigación dentro de la institución científica.

¿Cómo se institucionaliza y estandariza la observación, las emociones, los recuerdos del momento en que el botánico encuentra una especie en campo la cuál será colectada? ¿Es posible acceder a esa información aún si no es contemplada en los procedimientos de transformación de una planta en espécimen? En el caso de Triana, las historias detrás de la conformación de este archivo botánico se encuentran en gran medida en el segundo tipo de materialidad estudiada: las notas hemerográficas, los apuntes, la correspondencia. Esto no dista mucho del caso de los botánicos contemporáneos que trabajan en el ICN. 

Conectar los especímenes de herbario con la producción textual y material de su momento de creación es regresar a un pasado sensorial y afectivo que nos permite romper con los estándares actuales de sistematización de la naturaleza, esas bases de datos llenas de metadatos prefabricados para adjuntar la vida alrededor de la planta antes de volverse un ecofacto. De igual forma, si bien hay espacio para agregar información sobre la vida e historia de las manos que indujeron ese cambio en la materialidad de la planta, la inserción de datos en estas casillas no siempre se lleva a cabo. Una posible razón de estos vacíos de información es el descuido hacia el conocimiento, la percepción y los argumentos que se movilizan en lo que podríamos llamar el trabajo más artesanal de la creación de un espécimen botánico. Quizás, esto se deba a que el velo de la supuesta objetividad, comúnmente aceptado en la comunidad científica, cubre todas las etapas y procesos de conformación del conocimiento. Así, aquellas tareas más obvias y sencillas quedan desplazadas al detrás de escenas y se las desarticula del trabajo analítico y científico reconocido. Como ya lo vimos a lo largo de este trabajo, no es el caso. No obstante, esta ausencia de información también se debe a un factor tiempo- trabajo relacionado con la falta de presupuesto institucional que permita contratar más personal cuya tarea sea el cumplimiento de las bases de datos y el montaje de los especímenes[13].

 Hoy en día, el Herbario Nacional Colombiano realiza el mantenimiento y actualización de sus bases de datos a través del programa Specify 7. A través de una cantidad enorme de metadatos y categorías usadas para añadirle información al espécimen, este programa define hoy en día la información a la que podemos acceder durante una consulta. Es decir, la enmarca y preconfigura. Tal es el caso para la sección “Información de recolección” en la que sólo aparece la opción “Manos” ante la pregunta del método usado. No hay posibilidad de agregar las herramientas tales como podadoras, pinzas, cortarramas e inclusive guantes para los casos de las plantas urticantes. Así, la manipulación de objetos desarrollados o adaptados para las necesidades de colecta queda completamente extraída de la información de recolección. Puede ser por cuestiones de simplificación de la información, aquellos que se dedican al trabajo en campo están al tanto del uso de estos artefactos y por ende no le conceden relevancia alguna, sin embargo, para aquellas personas que nos interrogamos sobres los quehaceres científicos, no es evidente asociar cada colecta con sus herramientas específicas. 



Ilustración 27 - Sección "Información de recolección", Programa Specify. Captura de pantalla durante el Taller de manejo de Specify realizado el 21 de junio en el salón 202, ICN.

Paralelamente, esto también sucede con la información respectiva al montaje de la muestra biológica en la base en cartulina del espécimen. La inquietud sobre este tema surge al ver las variables de montaje en múltiples especímenes del Herbario Nacional Colombiano en general. ¿Quién se encarga del montaje? ¿Qué manos deciden cómo disponer la planta sobre la hoja? ¿Con qué criterios coserla o adherirla? En el caso de Triana en el siglo XIX, al igual que en el del ICN en la actualidad, esta información no es de fácil acceso. Fernando González se ha encargado desde hace dos décadas en realizar el montaje de un gran porcentaje de las plantas que ingresan al Herbario, sin embargo, no es el único que realiza esta tarea.[14] Si bien el quehacer artesanal del montaje también ha atravesado procesos de estructuración de los principios organizativos (ver Ilustración 28), especialmente los visuales y espaciales, cada montajista reúne una serie de saberes y experiencias que marcan la pauta de su trabajo. 



Ilustración 28 - Gráficas de las indicaciones de montaje. Herbarium Handbook Chinese Edition, Royal Botanical Gardens, Kew, 2014. Indicaciones: 1. Ubicación de etiquetas y uso del espacio; 2. Formas de mostrar el haz y el envés de la muestra; 3. Disposición de varias muestras en un solo montaje; 4-5. Uso del espacio cuando la muestra sobrepasa el tamaño.

En el taller que Fernando dictó en el ICN el 24 de octubre del 2023, el espacio, los materiales, las indicaciones y recomendaciones resonaban con un taller de costura, bordado y collage. En la mesa: hilos, agujas, pinceles, pegante, cinta, cartulina, y, evidentemente, una muestra vegetal desecada. El taller inició con las siguientes palabras: “Voy a intentar darles unas pautas mínimas de cómo se debe montar una planta, de resto es mucha habilidad manual, mucha intuición, siempre pensar cómo quedará al final, entonces lo que vamos a intentar es que los pequeños detallitos queden bien.” Y es que la forma de abordar los pequeños detalles del montaje es lo que imprime la estética y el conocimiento de Fernando en el espécimen. 

Comenzar primero por alistar y hacer un bosquejo de lo que se va a montar. Revisar que ambos lados de la hoja, haz y envés, estén visibles. Curar la planta, retirando el material biológico que haga ruido y sea repetitivo, para resaltar las partes que contengan más información. Preparar el bolsillo donde irá el material que no se puede coser o pegar a la cartulina. Mover la muestra por la superficie de la hoja hasta encontrar un balance en el espacio jugando con la etiqueta, los labelos, el sello y el código de barras. Revisar que éstos coincidan entre sí. Una vez el bosquejo y todos los elementos estén en su lugar, se da inicio al proceso de pegado y costura. La etiqueta y demás impresos se adhieren a la cartulina con pegante, en cambio para la planta se manejan dos materiales: cinta Kraft e hilo Surpicure n.8. Idealmente todo debe coserse, excepto para las hojas en las cuáles se complementa la costura con el uso de la cinta pegante. Para esto, Fernando recomienda empezar a coser 5mm. desde la punta y de ahí mantener una distancia promedio entre puntadas, entre 4 y 5cm. En cuanto al uso de la cinta Kraft, se debe tener listos los recortes de un grosor aproximado de 5mm., el largo después se define al momento de pegar las hojas. Acá hay otro detalle a tener en cuenta: la distancia de cinta que sobra desde ambos extremos de la muestra vegetal debe ser la misma para que se mantenga la armonía en el montaje. Asimismo, se recomienda intentar aprovechar los huecos “naturales” de la muestra o crear pequeñas ranuras para no cubrir la totalidad de la lámina con hilo o cinta. Una vez terminado el proceso de montaje por el frente de la cartulina, se debe revisar el reverso. Como si se tratase de un bordado en punto de cruz, la calidad del trabajo se manifiesta al ojo experto por el orden y arreglo de lo que no se ve a simple vista. Así, el último paso es tapar el hilo del reverso con retazos un poco más gruesos de cinta Kraft. De esta forma, no sólo se refina el trabajo, sino que asegura la conservación del montaje (ver Ilustración 29)


Ilustración 29 – Detalles del proceso de montaje de un espécimen botánico. Fotografías de la autora tomadas durante el Taller de Montaje, realizado el 24 de octubre 2024 en el ICN.
Si decidí detenerme en este proceso es porque la calidad del montaje define la calidad del espécimen como fuente de información botánica, facilita la lectura morfológica, la comparación con otros ejemplares, el uso como referente visual para ilustraciones. El rol del montajista en la “creación” de la fuente, en este caso el espécimen, resulta fundamental para la etapa posterior al montaje: la lectura y reconstrucción de la planta por parte del botánico que lo estudia.


[1] Curso en el que participé durante el segundo semestre del 2023 (agosto-diciembre). La salida de campo se realizó durante 10 días, del 27 de septiembre al 6 de octubre.
[2] La colección digital del Herbario Nacional se puede consultar en el siguiente enlace:  http://www.biovirtual.unal.edu.co/es/colecciones/search/plants/
[3] Es importante aclarar que la consulta digital no logra reemplazar la consulta análoga. Se trata de una recreación en otras condiciones, con ventajas y desventajas. Una de las pérdidas principales de este método de consulta es la posibilidad de tocar y sentir el ejemplar.
[4] De forma muy similar con los metadatos de la archivística.
[5] Medina, «Lo que pliega la colecta», 34.
[6] Ibid., 37
[7] Florian Tirado, «El espécimen ingobernable. Cultura material del error en colecciones de historia natural.», 14.
[8] Ver Ilustración 26 – Espécimen COL000016136, Melastomataceae. Herbario Histórico José Jerónimo Triana, Herbario Nacional Colombiano. La composición reproduce el espécimen en diversas escalas: 1. Muestra completa, incluyendo la escala y tarjeta de color; 2.a.-b. Detalles de la floración; 3. Detalle de la filotaxis.
[9] Por portal me refiero a un desvío, una bifurcación, una errata.
[10] NHMUK. Triana, José Jerónimo. Catálogo de los ejemplares de Plantas neo-granadinas. Herb. J. J. Triana (1828-1890).
[11] ACCEFN, Biblioteca. Triana, José J. Catálogo de los ejemplares de Plantas neo-granadinas que componen el herbario formado por José J. Triana miembro de la Comisión Corográfica i presentado al señor Secretario de Estado del Despacho de Gobierno, 185.
[12] NHMUK. Triana, José Jerónimo. Versión británica del Catálogo de los ejemplares de Plantas neo-granadinas. Herb. J. J. Triana (1828-1890), vol. 2, 68.
[13] Ver sección 3.1.3. La materialidad.
[14] La trayectoria de Fernando en el Instituto de Ciencias Naturales es interesante y evidencia la dedicación y calidad de su trabajo. Ingresó a la Universidad por concurso de planta, inicialmente en el departamento de Química. Sin embargo, tras un tiempo, fue transferido al ICN, donde se encargó del montaje y procesamiento de ejemplares. Debido a que su padre era sastre, Fernando desarrolló desde pequeño una relación cercana con la costura, lo que facilitó que el montaje de especímenes se le diera de manera natural. 


[i] Florian Tirado, «El espécimen ingobernable. Cultura material del error en colecciones de historia natural.», 14. 
El espécimen ingobernable es un objeto hipotético que funciona a manera de experimento mental, formulado para comprender, confrontar y re-imaginar las colecciones de historia natural.


3.1.2.  La representación

Quizás es en esta reconstrucción del ser vivo que el cruce de formatos de registro se vuelve indispensable: un diálogo sensorial entre la tradición de la ilustración botánica y la práctica de prensado y montaje del exicado. En el trabajo de Triana, en las ilustraciones bocetadas y publicadas (ver Ilustración 30 e Ilustración 31) se detallan aspectos como la escala, el sombreado, la disposición ideal de la morfología y la simetría, proyectando una representación infinita de las variedades según la especie. En contraposición, en las colecciones botánicas, el color se desvanece y la disposición se ajusta a las limitaciones del espécimen preservado, buscando un equilibrio en el montaje, aunque no necesariamente simétrico. Esta representación se percibe como temporal, un momento específico en la manifestación individual de la especie botánica asociada. En ambos casos, estas representaciones reflejan más que su apariencia física. Se trata de una condensación de múltiples observaciones, decisiones y experiencias de quienes las crearon. Su producción se realizaba en un constante diálogo entre lo registrado en campo y el estudio pausado en los espacios de investigación, por ende, las ilustraciones solían incorporar metáforas visuales, temporales y espaciales para adquirir formas cada vez más complejas según los intereses finales de la representación. 



Ilustración 30 – Bocetos de ilustraciones a mano del androceo de la familia Melastomataceae. BNC. Triana, José Jerónimo. Dibujos a lápiz correspondientes a 96 géneros de Melastomáceas y la explicación de 47 de ellos. Documento original, 186?. Colombia: Bogotá́: Biblioteca Nacional de Colombia, 2012. Recurso en línea (14 p.) consultado en el Catálogo en Línea BNC (https://bit.ly/BNC40940).



Ilustración 31 – Detalles de las ilustraciones finales del androceo de la familia Melastomataceae. BDRJB. Triana Silva, José Jerónimo. Les Melastomacées. Reino Unido: London: Printed by Taylor and Francis, red lion court, Fleet Street, 1871. Consultado en línea en la Biblioteca Digital Real Jardín Botánico, España (https://bit.ly/BDRJB14639)

Asimismo, la representación gráfica de una ilustración y la representación material de un espécimen no eran las únicas empleadas. Ante la distancia entre lo observado y su representación científica, era crucial generar una ilusión de reducción de este distanciamiento para el lector externo a la Comisión Corográfica, a la región descrita e incluso al país. Para lograrlo, la narrativa descriptiva en los textos científicos contenía numerosos elementos visuales, gráficos y pictóricos, que, junto con las ilustraciones, exicados y mapas, mostraban el desarrollo de los principios científicos. De esta manera, como bien señala Appelbaum, "la ciencia y la estética eran prácticamente inseparables"[1].

Si bien Appelbaum evidencia esta relación de dependencia al momento de enlistar la producción visual, no hace referencia a las ilustraciones científicas y los especímenes botánicos, únicamente los asocia con la cuestión descriptiva de los textos científicos[2][i]. El no considerar esta producción material y descriptiva como parte del “material complementario [a los mapas], como pinturas, retratos, imágenes, diarios de viaje, correspondencia e informes oficiales”, limita el análisis visual de la concepción y construcción del territorio al tratar únicamente el estudio de los informes, borradores y resultados gráficos de la sección “sociocultural” de la Comisión. En esta medida, retomar los especímenes y las descripciones de las especies estudiadas por Triana resulta atractivo para comprender cómo se configuró otro discurso sobre la diversidad territorial en aquellas décadas, el cuál más adelante sería acentuado en los espacios de discusión científica de Europa.

Esta combinación de diferentes dispositivos de descripción y representación se puede observar en la Ilustración 32 "Chinchona Pitayensis, Wedd.", al examinar con detenimiento la descripción de los elementos que la componen. Si bien se trata de una misma especie, Chinchona Pitayensis, las ilustraciones muestran variaciones morfológicas según su coloración y lugar de crecimiento: 1. Anaranjada fina; 2. Roja del Piñón de Pitayo; 3. Quina anaranjada procedente de la Cruz; y 4. Amarilla de huevo. Las diferencias entre estas variaciones de la especie se pueden identificar en la inserción de los estambres en la corola de la flor, así como a la forma y tamaño de esta; o incluso al color y grosor de las cortezas. Y es que en estas ilustraciones no solo se representaba la planta en un momento puntual de su crecimiento, sino que se generaba una representación condensada de su temporalidad biológica. Es decir, había frutos, flores, y ramas que aún no habían desarrollado el órgano reproductivo pero que en la realidad no suele ser el caso. La planta atraviesa ciertas etapas en su crecimiento: primero la vegetativa, cuando aún no ha desarrollado todos sus órganos, la sexual, cuando se encuentra en floración; y por último la de dispersión, cuando sus frutos están a la espera de madurar par así movilizar las semillas. 

Se producía así una imagen sintética e ideal de la especie a través del uso pictórico de los elementos “tipo” que la componen cómo única y reconocible.[3] La observación botánica también se aglutinaba en esta imagen. Se capturaban distintos momentos de análisis e investigación sobre su morfología, jugando con la escala, los colores, la perspectiva y la composición, “en esa medida, su diseño no responde a una observación mecánica o directa de la realidad.”[4] El lector de la imagen era guiado a través de una secuencia de marcos “instantáneos” del tiempo-espacio simultáneo del observador y de la planta en sí. En este sentido, a pesar de que la imagen se presentase como objetiva y auténtica de la realidad botánica de la especie, se trataba en el fondo de una composición alterada y manufacturada por las manos y el intelecto humano. 



Ilustración 32 - "Chinchona Pitayensis, Wedd.", según los dibujos de la Quinología de Mutis. Litografía. ACCEFN, Biblioteca. Triana, José J. Nuevos estudios sobre las quinas. Revista de la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales vol.1(3):257-275, 1937 : il.

Lo mismo sucedía con los especímenes, pero a través de otros mecanismos visuales, materiales y, más importante aún, espaciales. La simultaneidad que vemos en la representación anterior de la Cinchona Pitayensis, la vemos materializada a partir de la colecta de dos ejemplares en el herbario de Triana (ver Ilustración 33). Se trata de los especímenes: COL000146906 y COL000146900, ambos etiquetados bajo el nombre Cinchona pitayensis (Wedd.) Wedd., de la familia Rubiaceae. Visualmente, lo que diferencia ambos especímenes son las características morfológicas de las hojas. Las hojas del espécimen COL000146900 son más anchas y su venación pareciera estar más marcada a comparación del COL000146906. Esta variabilidad corresponde, al igual que en la Ilustración 32, a la influencia del ambiente en un individuo determinado: no es lo mismo crecer en Pitayo, la Cruz, o Bogotá. Y es que precisamente la diferencia en cuanto a los metadatos es el lugar y momento de colecta. Por un lado, el espécimen COL000146906 fue colectado en mayo de 1853 en Bogotá, a 1.300 metros de altitud; y por el otro, el espécimen COL000146900 fue colectado en junio del mismo año, pero en Popayán, a 2.600 metros de altitud[5]

La importancia de estos datos que se encuentran en las etiquetas correspondientes es que nos sitúan espacial y temporalmente en un punto fijo y certifican el hecho de que, si bien se trata de la misma especie, el lector esta frente a dos individuos diferentes. Teniendo en cuenta que el lugar de consulta de los especímenes es un lugar físico, el herbario, a diferencia de una publicación que se reproduce indefinidamente dentro del circuito de circulación del conocimiento científico, aquello que representa dialoga físicamente con las demás muestras que ocupan un lugar en las estanterías del instituto. Así, el ejercicio comparativo de ambos especímenes le permiten a quien consulta ver dos escenarios al mismo tiempo: aquél de la planta en Bogotá y la del Cauca, reduciendo así los kilómetros y meses que separaron a ambos individuos botánicos en 1853. 

El herbario, y por ende lo especímenes que lo componen reflejan otra forma de aproximarse a la historia de las plantas, donde el tiempo y el espacio son moldeados intencionalmente a través de la materialidad y la representación en una búsqueda por configurar un nuevo orden visual y epistémico en constante cambio siguiendo los principios de conservación establecidos por los botánicos y la institución que custodia las plantas. Los pliegues de la representación cambian según las técnicas y tecnologías históricas del lugar que las almacena. La historia de los cambios en la representación de las plantas se debe a su efectividad en la permanencia y comunicación visual, ya sea como suplementos o como evidencia. 

Ilustración 33 - Cinchona Pitayensis. Comparación de dos ejemplares botánicos colectados por José Jerónimo Triana. Herbario Histórico José Jerónimo Triana, Herbario Nacional Colombiano.


[1] Appelbaum, Dibujar la nación. La comisión corográfica en la Colombia del siglo XIX, xxxi.
[2] Ibid., 44.
[3] Algo similar sucedió con los tipos humanos que construyó la sección socio-cultural de la Comisión Corográfica al crear categorías de diferencia como la raza y el género así como los tipos regionales de ciudadanos de la nación colombiana en el siglo XIX. Ver Arias Venegas, Nación y diferencia en el siglo XIX colombiano. Orden nacional, racialismo y taxonomías poblacionales; Appelbaum, Dibujar la nación. La comisión corográfica en la Colombia del siglo XIX, 69.
[4] Lozada Mendieta y Carvalho Ramírez, «En ‘Tierra de Caimanes’». 41
[5] En cuanto al contraste de las altitudes entre estos dos individuos, es importante situarse en el contexto de producción y reconocer que era común anotar la ciudad o provincia predominante en la cuál ser tomaba la muestra. Así, las coordenadas y las altitudes no siempre coincidían con el promedio de la región


[i] Appelbaum, Dibujar la nación. La comisión corográfica en la Colombia del siglo XIX, 44.
No obstante la flora no se dibujó con mayor detalle. Excepto por algunas flores representadas con diminutas manchas rojas, fueron pocos los esfuerzos por mostrar la complejidad de la vida vegetal […].

3.1.3.  La materialidad
Al profundizar en la tensión entre materialidad y abstracción del herbario, surge otro tipo de representación: una fotografía de un espécimen del herbario de Triana que, aunque ingresada como espécimen, en realidad es una simulación de un espécimen (ver Ilustración 34). Este objeto singular dado su contexto de residencia, se revela como el rastro de una ausencia, un espécimen ingobernable si retomamos el postulado del trabajo de Mariana Florián Tirado[1]. En los pliegues de tiempo y espacio que menciona Santiago Martínez, los objetos pueden representar no solo las presencias, sino también los vacíos y las ausencias en la documentación botánica, así como las distribuciones y redistribuciones del intercambio de infraestructuras de conocimiento botánico. 



Ilustración 34 – Espécimen COL000026023 y COL000026033, Monalena cordifolia Triana. Herbario Histórico José Jerónimo Triana, Herbario Nacional Colombiano. Fotografías de la autora durante el mes de Mayo de 2024.

Teniendo en cuenta que la escala de las fotografías pegadas sobre la cartulina, estos ‘especímenes’ no están pensados en ser consultados minuciosamente como se haría con un espécimen común y corriente[2], ¿qué nos dice esta otra materialidad que habita las gavetas del Herbario? ¿Qué fue de la vida física del espécimen original que representa? La materialidad de estos ecofactos no solo representa y documentan la vida vegetal, sino también las conexiones interinstitucionales en el ámbito de las ciencias naturales y de la información. 

Por otro lado, en el Herbario Nacional Colombiano, existe otra materialidad que documenta la deficiencia presupuestal que tiene el Herbario. Podríamos decir que en el caso de las plantas, existen dos tipos de espacio de almacenamiento según la materialidad del cuerpo que se conserva: i. los jardines botánicos para las plantas vivas y ii. los herbarios para las plantas secas. Adicionalmente, en el caso del Herbario Nacional, hay un tercer espacio que almacena el limbo entre estos dos estados materiales de la flora y el cuál pude conocer a finales del 2019: iii. el “triángulo de las Bermudas” (ver Ilustración 35), como es comúnmente nombrado, un espacio que almacena en centenares de bolsas plásticas aquellas plantas que no están ni vivas ni muertas, sino en estado de alcoholización y prensado esperando su ingreso a la colección oficial. Su tiempo de espera es indefinido: la falta de personal y de materiales no permite que la institución logre empatar el ritmo de ingreso de especímenes al ritmo de colecta de los docentes y estudiantes. 



Ilustración 35 - "Triángulo de las Bermudas", Herbario Nacional Colombiano, ICN. Fotografías de la autora durante el mes de Septiembre de 2024.



[1] Florian Tirado, «El espécimen ingobernable. Cultura material del error en colecciones de historia natural.»
[2] Puesto que su tamaño, color y definición no lo permiten. 


3.2.  Capítulo IV. La planta

3.2.1. El estudio


Ilustración 36 - Restos de planta seca. ACH, Colección Triana, Cj. 8. Fotografía tomada por la autora, Abril 2024.

Este último capítulo es el más visual y personal al tratarse de una recopilación de fotos, libretas, dibujos, y plantas secas (ver Ilustración 36 hasta Ilustración 40). Como lo mencioné al inicio en Declaración de intenciones, mi formación en la botánica fue esencial para el desarrollo de esta monografía de grado en Historia. Ver el mundo natural con otros ojos me permitió nombrar los cuerpos vegetales, sus componentes y formas. Ahora cuando camino puedo reconocer una familia e incluso una especie, tal cual lo haría si se tratase de una persona conocida. 

El objetivo es mostrar los elementos que permitieron consolidar mi afecto hacia las plantas desde la observación y el reconocimiento. La decisión de incluirlos en una tesis de Historia es porque fueron esenciales para el diálogo que establecí con el estudio botánico de José Jerónimo Triana. Entre los archivos consultados, encontré sus propias herramientas de estudio: notas, dibujos, plantas secas. 

Hablo de plantas secas y no de especímenes botánicos porque, como se verá en las imágenes siguientes, estas plantas no fueron ingresadas a ningún herbario institucional. Al no contar con los códigos de información necesarios para transfigurarse en espécimen, estos extractos de cuerpos vegetales ofrecen la posibilidad de una observación propensa al daño, al deterioro y a la experimentación. De esta forma, su existencia y permanencia nos hablan de otro tipo de uso: aquél del estudio personal y estético de la flora.



Ilustración 37 – Colección de plantas secas. Tomadas de BNC.  Triana, José Jerónimo. Herbario de José́ Jerónimo Triana. Documento original, 18??. Colombia: Bogotá́: Biblioteca Nacional de Colombia, 2013. Recurso en línea (10 p.) consultado en el Catálogo en Línea BNC (https://bit.ly/BNC4121).



Ilustración 38 - Apuntes sobre plantas: Passifloras. ACH, Colección Triana, Cj. 11, cp. 2, f. 1v-10v.



Ilustración 39 - Muestra de plantas secas colectadas durante la salida de campo del curso Taxonomía de Angiospermas, del 27 de septiembre y el 6 de octubre de 2024 en Santa María de Boyacá. Colección personal de la autora. (Ver Anexo 2)



Ilustración 40 - Apuntes sobre plantas observadas durante la salida de campo del curso Taxonomía de Angiospermas, del 27 de septiembre y el 6 de octubre de 2024 en Santa María de Boyacá. Colección personal de la autora. (Ver Anexo 3)


3.2.2.  Un retrato familiar


Ilustración 41 - Listado de familias de plantas por orden alfabético. Material recibido en clase de Taxonomía de Angiospermas, Universidad Nacional de Colombia.

La organización de las plantas por familias botánicas (ver Ilustración 41) comenzó a desarrollarse de manera formal en el siglo XVIII, aunque ya existían intentos previos de clasificación. El sistema de clasificación por familias que conocemos hoy en día tiene origen en el trabajo del botánico sueco Carl Linnaeus. En su obra Species Plantarum (1753), Linneo introdujo un sistema de nomenclatura binomial que sigue vigente, en el cual cada planta recibe un nombre compuesto por dos partes: el género y la especie.[1]

Sin embargo, Linneo no organizó las plantas estrictamente por familias tal como se manejan hoy en día, sino por clases basadas principalmente en características de los órganos reproductivos (las flores). Fue en las décadas posteriores cuando otros botánicos ampliaron y perfeccionaron este sistema. Jussieu, en su obra Genera Plantarum (1789), propuso una clasificación más natural basada en características morfológicas generales, como las flores, las hojas y los frutos, y fue que se formalizó el concepto de familias botánicas. Desde entonces, la clasificación ha ido evolucionando con el avance de la botánica, especialmente con el surgimiento de la filogenia molecular a finales del siglo XX, lo que ha permitido que las familias botánicas actuales estén basadas en relaciones evolutivas, y no solo en similitudes morfológicas.[2]

Hablar de “familias de plantas” puede considerarse como otra forma de antropocentrismo. Para mí es al revés. Si bien es nuestro lenguaje el que nombra las familias, las características morfológicas y genéticas evidencian relaciones de descendencia, variación y evolución entre las plantas que habitan o han habitado la tierra. Reconocer que no somos los únicos en tener este tipo de relaciones familiares puede ser un inicio para estrechar los lazos afectivos con ellas. 

El apartado siguiente es un retrato de las familias que pude estudiar durante la salida de campo del curso Taxonomía de Angiospermas[3]. Las fichas (ver Ilustración 42) fueron realizadas con mi compañera de campo Sofía Rivera (ver Anexo 4).



Ilustración 42 - Selección de familias. Fichas de estudio de las familias revisadas en el curso Taxonomía de Angiospermas, 2023-2. Trabajo de la autora en conjunto con Sofía Rivera.



[1] Esta información fue tomada del curso Biología de Plantas, dictado por el departamento de Biología de la Universidad Nacional durante el 2019-1.
[2] Esta información fue tomada del curso Taxonomía de Angiospermas, dictado por el departamento de Biología de la Universidad Nacional y el ICN durante el 2023-2.
[3] Curso en el que participé durante el segundo semestre del 2023 (agosto-diciembre). La salida de campo se realizó durante 10 días, del 27 de septiembre al 6 de octubre, en Santa María de Boyacá, Colombia.

4. Reflexiones finales


Esta investigación dialoga entre dos tiempos: el siglo XIX y mi tiempo presente[1], cronologías que se cruzan y hacen eco entre sí bien a lo largo de la estructura del trabajo, la cual guía la lectura desde el pasado hasta el día de hoy grosso modo. En este punto, sin embargo, retomaré los argumentos de forma temática y no cronológica.

El archivo es un espacio que alberga contenido, pero no sólo aquello que está explícito, sino también lo que queda fuera de la narrativa escrita. Al observar una colección botánica, surge la pregunta: ¿qué se inscribe en una etiqueta de descripción taxonómica? Las etiquetas juegan un papel crucial, ya que contienen la información que define el espécimen y justifican su conservación. Sin la etiqueta, la existencia misma del espécimen dentro de la colección carecería de sentido; se tornaría en un cuerpo indeterminado. La etiqueta no solo documenta el momento y las circunstancias de la colecta —quién, dónde, cuándo— sino que se convierte en un testimonio del cuerpo vivo, que inevitablemente se transformará en espécimen. Este proceso de secado y conservación altera las propiedades de la planta, y lo que queda es una representación temporal de la vida que tuvo en el campo. Sin embargo, la etiqueta soporta la afirmación de que aquello que ha sido colectado merece ser guardado.

¿Qué individuos se consideran aceptados para ingresar a un herbario, y bajo qué condiciones? Estas decisiones no son arbitrarias; responden a la finalidad que da forma al registro. La colecta no es un acto neutral, sino una acción dirigida por el propósito científico que define tanto lo que se guarda como la manera en que se guarda. Al igual que los objetivos de la Comisión Corográfica respondían a determinadas demandas políticas del gobierno nacional en aquel entonces, las investigaciones actuales sobre el territorio colombiano, ya sea con financiación nacional, internacional, gubernamental o no gubernamental, también responden a demandas políticas, económicas y científicas. Hoy en día podemos ver un aumento de las investigaciones sobre la Amazonía colombiana por parte de ONG (Gaia, Conservation International…) e institutos de investigación nacionales e internacionales (la Universidad Nacional de Colombia, el SINCHI, Field Museum…). La selección y recolección, lejos de ser una etapa “objetiva” de la botánica, es una manifestación tanto de las inclinaciones estéticas y emocionales de los botánicos, como de las lógicas de extracción de conocimiento y saber.

Por otro lado, la colecta en sí, más que un simple acto de acumulación, responde a la necesidad de captar las variaciones dentro de una misma especie. Cada individuo tiene pequeñas diferencias que, al ser comparadas, permiten promediar y definir lo que llamamos especie. La observación cuidadosa y el registro sistemático son fundamentales para no perder las sutilezas que dan forma a la biodiversidad. En las colecciones botánicas, el color y la disposición se pierden en el proceso de conservación, mientras que las representaciones iconográficas intentan capturar una idea infinita e ideal de la especie. Se dibuja entonces una línea entre lo temporal y lo infinito, entre el cuerpo que se deteriora y la idea de una especie que trasciende.

Finalmente, surge el problema de la representación: ¿es la fotografía una herramienta suficiente para reemplazar la colecta física? Aunque útil, carece de los otros sentidos que acompañan al investigador en el campo, como el tacto y el olfato, que también juegan un papel en la comprensión del objeto de estudio. Las colecciones y las formas de representación deben dialogar entre sí, reconociendo que ninguna es infalible ni definitiva.

Detrás de cada colecta, las libretas de apuntes y las tecnologías de registro permiten recuperar, no solo los datos científicos, sino también la experiencia afectiva del encuentro. Al regresar a estas notas, podemos rastrear recorridos y reconstruir historias de especies aún sin nombre, basadas en ilustraciones o descripciones de expediciones pasadas. Sin embargo, las tecnologías de registro no son infalibles, y la compatibilidad con los dispositivos modernos de análisis es un reto constante. Los archivos de la naturaleza no son simples depósitos de objetos naturales, sino complejas redes de información sensorial, visual y afectiva que valen la pena ser sistematizadas para la investigación. Así, la sistematización de la observación se convierte en una ciencia de representación.

Con los puntos, ideas e interrogantes anteriores busco establecer un diálogo directo entre la botánica y la historia a través de las fases y procesos del conocimiento práctico, teórico y taxonómico que culmina en la producción de un ejemplar botánico. Mi interés se enfoca en la interrelación entre los contextos de producción y las trayectorias de uso para así considerar estos especímenes como fuentes históricas. 

Gracias a las relaciones plegadas en el espécimen y desplegadas en la práctica de la colecta, la ciencia taxonómica participa por lo tanto de la producción del mundo como único […] y lo hace precisamente gracias a su manera de plegar mundos divergentes en la evidencia misma. Así, la ciencia se hace universal haciendo al mismo tiempo que los otros conocimientos no puedan ser sino locales[2]

y por ende históricos. El acercamiento a los archivos de la naturaleza implica entonces contextualizar y explorar sensorial y sensiblemente las diversas formas en que estos especímenes han sido creados, utilizados y reinterpretados a lo largo del tiempo.


[1] Específicamente los años en los que fui estudiante de Historia en la Universidad Nacional de Colombia (2018-2024). 
[2] Medina, «Lo que pliega la colecta», 43.