𖠻 Declaración de intenciones
La investigación que dio cuerpo a este manuscrito la inicié a finales de 2022, cuando cursé Taller de Investigación con la profesora Stefania Gallini. En ese momento, aún no tenía claro qué camino tomar para salir del laberinto en que se había convertido mi pregrado en Historia. Tenía claro, eso sí, que quería escribir una monografía de grado en vez de escoger una pasantía o cursar materias de maestría. En los semestres anteriores al taller de investigación había coqueteado con una investigación en la que proponía realizar un análisis sensorial sobre cómo se había representado la violencia cauchera que se vivió en el Amazonas durante las primeras décadas del siglo XX. Después del taller, realicé un giro temático y temporal hacia el estudio de la botánica en el siglo XIX, pero mantuve, hasta donde me fue posible, el enfoque teórico sensorial de mi proyecto inicial pues en las teorías sobre el sensorium había encontrado un espacio creativo que me permitía reconstruir el pasado, leer el presente y soñar el futuro. Puesto que en la lectura teórica puedo encerrarme en un monólogo con mis ideas y alejarme de la realidad, debo hacer explícito mi agradecimiento a las orientaciones de Stefania y a su insistencia vehemente en la importancia de las fuentes históricas y de la discusión historiográfica que me ayudaron a anclar mis pies en la tierra y enfrentar los retos metodológicos de este trabajo de tesis.
Mi decisión de optar por una tesis también estuvo impregnada por el ímpetu de atravesar un “último jardín” y enfrentar mis miedos académicos, antes que cruzar una meta meramente disciplinar. Durante una de las primeras reuniones de asesoría con Stefania el nombre de José Jerónimo Triana surgió en la conversación. Poco sabía de él y lo último que pensé fue que durante los siguientes dos años establecería un diálogo con su trabajo y que de allí se desprenderían afectos y afinidades.
La botánica siempre me ha generado una atracción particular desde lo sensible, lo sensorial y lo afectivo. En el 2019 consideré hacer una doble titulación con Biología, que luego tomó un rumbo hacia las Artes Plásticas, no sin suplir mi curiosidad por las plantas. En los siguientes años cursé varios cursos de botánica ofrecidos por el Instituto de Ciencias Naturales y tras estas decisiones, fue de nuevo Stefania quien me sugirió que revisara el trabajo de Triana. Su consejo resultó el camino más orgánico.
Desde entonces, la estructura de esta tesis ha cambiado bastante. En las primeras etapas de la investigación afirmé que mi análisis se centraba en Triana. Pronto caí en la cuenta de que el estudio de su vida y trabajo como botánico ya estaba hecho y que mi pregunta iba por otro lado: el del archivo. Considerar el herbario como un archivo de plantas implicaba considerar los especímenes botánicos como fuentes históricas creadas por manos humanas. Esto me permitió desenvolver mi argumento bajo un paradigma sobre la observación botánica y la conservación de la información biológica. Así mismo, la escritura de la tesis bordeó la práctica de cortar-pegar del fanzine y del remiendo de la costura, actividades que he intercalado entre mis actividades académicas. En varias ocasiones he tenido que realizar pequeñas puntadas para unir, separar y reordenar los argumentos. La arquitectura actual de mi argumentación tiene que ver con la pregunta de si es posible reconstruir una planta a partir de la historia del botánico que la estudió, y si bien no terminé por responder esta pregunta en la investigación que aquí entrego, sí me permitió conectar mi experiencia en la botánica con el trabajo de José Jerónimo Triana. Sin mi proceso formativo tanto autónomo como curricular en esta área del conocimiento no hubiera comprendido gran parte de la documentación consultada y tampoco me hubiera emocionado de la misma forma que lo hice al revisar los especímenes, las cartas, los apuntes y los dibujos de Triana. Mi observación botánica en campo y en las aulas me permitió ponerme en los zapatos del botánico sobre el cual trata esta tesis y por ende el título remite tanto a la observación de José Jerónimo como a la mía.
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