3. Segunda parte

3.1.  Capítulo III. El espécimen

3.1.1.  La evidencia

El caso de Triana nos permite entender cómo el nacimiento de un herbario está intrínsecamente conectado a la práctica inicial de la colecta; sin ella, las estanterías de este archivo de la naturaleza permanecerían vacías. La razón detrás de esta práctica plantea las siguientes preguntas: ¿Por qué se colecta? ¿Y por qué esto persiste en regiones ya exploradas? Estos interrogantes surgieron en Santa María de Boyacá durante el trabajo de campo del curso de Taxonomía de Angiospermas[1], donde el equipo del Instituto de Ciencias Naturales (ICN) lleva colectando durante más de una década. La respuesta que surgió durante una conversación con David, biólogo egresado de la UNAL, enunció el propósito primordial: evidenciar la presencia, permanencia o ausencia de una especie en un territorio específico. 

Cada espécimen se configura como testigo de la existencia de una planta en un tiempo-espacio determinado. Extender este razonamiento al número total de especímenes que hay de una sola especie, o de una región en particular, es una forma de mapear, no sólo la distribución geográfica de las plantas, sino también su temporalidad. Comprender esta fluctuación temporal y renovación constante del gradiente de biodiversidad en una región, y por ende de la reconfiguración del conocimiento botánico y ambiental, marcó un quiebre con mis suposiciones iniciales como historiadora. En estas estaba incluida la idea errónea de que un solo espécimen de una especie sería suficiente para reconstruir su identidad biológica. Sin embargo, la necesidad de estos "bosques" botánicos, mencionados al inicio, se vuelve evidente.



Ilustración 21 - Detalles de diferentes especímenes de Castratella piloselloides, Naudin, de la familia Melastomataceae. Estas muestras fueron tomadas por: 1. José J. Triana en 1855; 2. José Cuatrecasas en 1941; 3. Enrique Pérez Arbeláez en 1931; y 4. Thomas van der Hammen en 1952, Herbario Nacional Colombiano.

Al consultar la colección digital del Herbario Nacional Colombiano[2] podemos dirigirnos en cuestión de segundo a la gaveta que alberga una colección específica de plantas secas, todas identificadas como Castratella piloselloides. Al analizarlas con el detalle que nos permite la pantalla del dispositivo de consulta digital, que simula el gesto si consultáramos la colección en físico con lupa y estereoscopio en mano[3], observamos una variedad de tejidos vegetales con colores como amarillo, verde y marrón, acompañados de etiquetas con información similar. De este conjunto surgen algunos patrones distintivos y otros recurrentes, que reflejan la abstracción de la especie a través de su materialidad. La agrupación de múltiples muestras de Castratella piloselloides (ver Ilustración 21) nos permite apreciar la coherencia morfológica de esta especie. Las diferencias entre especímenes, en términos de ADN, georreferenciación, descripción e historial de clasificación (reflejado en las etiquetas)[4], están intrínsecamente ligadas a las personas que realizan la colecta y aquellas que consultan los archivos y actualizan su información. Retomando a Santiago Martínez Medina, “Así, es gracias al espécimen que en la colección puede emerger [la] especie como una de las unidades mediante las cuales se pueden adelantar los procesos de catalogar, cuantificar, estandarizar, georreferenciar y comparar de los que, a su vez, emerge la biodiversidad.”[5]

En este sentido, los especímenes se constituyen como documento, artefacto, ecofacto. Un limbo entre la materialidad botánica que sostiene la hoja de papel y la información humana que alberga y define su identidad como evidencia científica de la naturaleza. El análisis de las prácticas de la elaboración y mantenimiento de los registros nos permiten examinar la naturaleza de esta forma de conservación de la información científica. La generalización de la nomenclatura, catalogación y etiquetación evidencia un precepto de la conformación de una colección científica: “no hay espécimen sin etiqueta”[6]. La etiqueta es aquello que convierte este cuerpo vegetal en evidencia y testigo, delimita y a la vez universaliza su existencia al permitirle desplegarse en un sinfín de propósitos investigativos y creativos. En cierta medida, se asemeja al principio de procedencia de un archivo histórico. De esta forma, el ecofacto se convierte en un documento palpable y con autonomía y autoridad propia. 

Sin embargo, hay especímenes que, incluso teniendo etiqueta, están en un borde, un punto medio entre superficie y línea. Se trata de aquellos cuerpos cuya nomenclatura histórica no encuentra correspondencia con la nomenclatura aceptada en el tiempo presente y cuya revisión taxonómica aún no se ha realizado. Así, se convierte entonces en lo que Mariana Florián denomina como el “espécimen ingobernable”[7], un ecofacto extraído de los circuitos de usabilidad. El desfaz generado por esta ausencia de información nos expone ante otro tipo de relacionamiento, funciona a manera de experimento mental, formulado para comprender, confrontar y re-imaginar las colecciones de historia natural.[i]

En el herbario de José Jerónimo Triana, el espécimen identificado con el código de barras COL00001613[8]  genera este portal[9] en cuanto a la usabilidad presente de una colección histórica. La muestra, situada en la familia Melastomataceae, no cuenta con nombre científico aceptado en la actualidad (ver Ilustración 22). En la etiqueta añadida por Triana aparece Merianea majales y tiene por nombre vernáculo Flor de Mayo, pero al buscar esta nomenclatura en la base de datos de IPNI (International Plant Names Index) y de POWO (Plants of the World Online), no aparecen resultados. Lo mismo sucede cuando buscamos por su nombre común, que actualmente hace referencia a una especie de Orquídea o Plumeria, en vez de una Melastomataceae. Sin embargo, este espécimen tiene otro nombre otorgado, no por una etiqueta, sino directamente escrito a mano sobre la cartulina: Meriania speciosa (Bonpl.) Naudin.



Ilustración 22 - Metadatos y etiquetado del espécimen COL000016136: 1. Metadatos de la Colección Digital del Herbario Nacional Colombiano (actualidad); 2. Etiqueta producida por Triana (entre 1853 y 1856); 3. Inscripción sobre la cartulina de montaje (sin datos adicionales); 4. Etiqueta producida por el Herbario Nacional Colombiano, cuando hacía parte del Ministerio de Industrias (entre 1924 y 1934).

Esta determinación sí aparece en los listados internacionales de taxonomía botánica pero, al no estar inscrita en un labelo, no se la ha asociado oficialmente con el ejemplar. Sin embargo a partir de este nombre inscrito en lápiz, podemos contar otra historia de la colección histórica de Triana. Se trata de la versión británica[10] del Catálogo de los ejemplares de Plantas neo-granadinas que componen el herbario formado por José J. Triana miembro de la Comisión Corográfica i presentado al señor Secretario de Estado del Despacho de Gobierno adquirido por el NHMUK en 1891. Este segundo Catálogo es considerado como el trabajo previo al documento del Catálogo oficial que Triana entregó al Gobierno Colombiano el 20 de julio de 1856; en él encontramos una diagramación similar que en el oficial pero con anotaciones, tachones, correcciones y demás líneas que evidencian que se trataba de un documento personal y en constante cambio. 



Ilustración 23 – Región primera Thallophyta, Sección primera Photophyta en “Catálogo de los ejemplares de Plantas neo-granadinas que componen el herbario formado por José J. Triana miembro de la Comisión Corográfica i presentado al señor Secretario de Estado del Despacho de Gobierno” y en “Catálogo de los ejemplares de Plantas neo-granadinas. Herb. J. J. Triana (1828-1890)”, respectivamente.

Lo más interesante de este segundo Catálogo es que fue el documento que Triana se llevó a Europa para seguir trabajando en él. Durante este tiempo José Jerónimo realizó correcciones y nuevas observaciones que en su momento en Colombia no pudo realizar por falta de material y conocimiento. Entre estas anotaciones encontramos la determinación correcta del ejemplar COL000016136. 

Para poder realizar este proceso de identificación fue necesario trabajar con ambos Catálogos. Primero identifiqué el espécimen Merianea en el Catálogo oficial, así como el orden al que pertenece “268. Melastomaceas”[11]. Luego busqué en el Catálogo británico este orden y ahí encontramos las anotaciones relativas al ejemplar. Para el número 6119.2. encontramos lo siguiente: “Merianea speciosa __”, “Merianea Majalis, Benth., Flor de Mayo”[12]. Es posible que el apunte en lápiz sobre el espécimen COL000016136 del Herbario Nacional Colombiano se haya hecho a partir de este tipo de revisión y cruce de información entre ambos catálogos. La segunda determinación de la muestra 6169.2. nos cuenta entonces el trabajo permanente de auto-revisión que José Jerónimo Triana realizó aun cuando ya había dado cumplimiento a su trabajo al entregar el Catálogo oficial



Ilustración 24 – Detalle del Catálogo oficial, Orden 268. Melastomaceas, “6169.2. Merianea Majalis”. En “Catálogo de los ejemplares de Plantas neo-granadinas que componen el herbario formado por José J. Triana miembro de la Comisión Corográfica i presentado al señor Secretario de Estado del Despacho de Gobierno, página 185.



Ilustración 25 - Detalle del Catálogo británico, Orden 268. Melastomaceas. En “Catálogo de los ejemplares de Plantas neo-granadinas. Herb. J. J. Triana (1828-1890)”, vol. 2, 68.

Así, el caso del espécimen COL000016136 habla entonces de otro tipo de evidencia, tanto histórica como botánica. Nos cuenta que, en alguna fecha en Julio 1853, Triana colectó una planta de flores con tonos rojo vinotinto de 4 cm. de largo, con ovario ínfero en hipanto, y con hojas opuestas y discoloras de 5 cm. aproximadamente, la cual adjuntó en un primer momento a la familia Melastomataceae y a una especie, Merianea Majalis, que hoy en día no es reconocida. Sobre este aspecto, el ecofacto también nos cuenta la historia de otro nombre, otra especie que, según la lectura de la inscripción en lápiz podemos deducir, le correspondería al ejemplar, pero sin embargo no podemos afirmar con firmeza. La validez de la información científica adquiere autoridad a través de ciertos procedimientos materiales: el consenso de añadir físicamente un labelo con los cambios de determinación. Este no ha sido el caso para COL000016136.



Ilustración 26 – Espécimen COL000016136, Melastomataceae. Herbario Histórico José Jerónimo Triana, Herbario Nacional Colombiano. La composición reproduce el espécimen en diversas escalas: 1. Muestra completa, incluyendo la escala y tarjeta de color; 2.a.-b. Detalles de la floración; 3. Detalle de la filotaxis.

El espécimen COL000016136, en vez de estar marginalmente dentro de los parámetros de la recolección y la colección, introduce una apertura en la superficie estandarizada de las gavetas del Herbario, aun cuando no cumple con todos los requisitos necesarios para estar allí. De este modo, el ejemplar nos impulsa a indagar la creación y manejo de los catálogos y metadatos de las etiquetas. Así, esta muestra vegetal se convierte en una muestra de cómo la colección se relaciona con el trabajo de montaje, curaduría e investigación dentro de la institución científica.

¿Cómo se institucionaliza y estandariza la observación, las emociones, los recuerdos del momento en que el botánico encuentra una especie en campo la cuál será colectada? ¿Es posible acceder a esa información aún si no es contemplada en los procedimientos de transformación de una planta en espécimen? En el caso de Triana, las historias detrás de la conformación de este archivo botánico se encuentran en gran medida en el segundo tipo de materialidad estudiada: las notas hemerográficas, los apuntes, la correspondencia. Esto no dista mucho del caso de los botánicos contemporáneos que trabajan en el ICN. 

Conectar los especímenes de herbario con la producción textual y material de su momento de creación es regresar a un pasado sensorial y afectivo que nos permite romper con los estándares actuales de sistematización de la naturaleza, esas bases de datos llenas de metadatos prefabricados para adjuntar la vida alrededor de la planta antes de volverse un ecofacto. De igual forma, si bien hay espacio para agregar información sobre la vida e historia de las manos que indujeron ese cambio en la materialidad de la planta, la inserción de datos en estas casillas no siempre se lleva a cabo. Una posible razón de estos vacíos de información es el descuido hacia el conocimiento, la percepción y los argumentos que se movilizan en lo que podríamos llamar el trabajo más artesanal de la creación de un espécimen botánico. Quizás, esto se deba a que el velo de la supuesta objetividad, comúnmente aceptado en la comunidad científica, cubre todas las etapas y procesos de conformación del conocimiento. Así, aquellas tareas más obvias y sencillas quedan desplazadas al detrás de escenas y se las desarticula del trabajo analítico y científico reconocido. Como ya lo vimos a lo largo de este trabajo, no es el caso. No obstante, esta ausencia de información también se debe a un factor tiempo- trabajo relacionado con la falta de presupuesto institucional que permita contratar más personal cuya tarea sea el cumplimiento de las bases de datos y el montaje de los especímenes[13].

 Hoy en día, el Herbario Nacional Colombiano realiza el mantenimiento y actualización de sus bases de datos a través del programa Specify 7. A través de una cantidad enorme de metadatos y categorías usadas para añadirle información al espécimen, este programa define hoy en día la información a la que podemos acceder durante una consulta. Es decir, la enmarca y preconfigura. Tal es el caso para la sección “Información de recolección” en la que sólo aparece la opción “Manos” ante la pregunta del método usado. No hay posibilidad de agregar las herramientas tales como podadoras, pinzas, cortarramas e inclusive guantes para los casos de las plantas urticantes. Así, la manipulación de objetos desarrollados o adaptados para las necesidades de colecta queda completamente extraída de la información de recolección. Puede ser por cuestiones de simplificación de la información, aquellos que se dedican al trabajo en campo están al tanto del uso de estos artefactos y por ende no le conceden relevancia alguna, sin embargo, para aquellas personas que nos interrogamos sobres los quehaceres científicos, no es evidente asociar cada colecta con sus herramientas específicas. 



Ilustración 27 - Sección "Información de recolección", Programa Specify. Captura de pantalla durante el Taller de manejo de Specify realizado el 21 de junio en el salón 202, ICN.

Paralelamente, esto también sucede con la información respectiva al montaje de la muestra biológica en la base en cartulina del espécimen. La inquietud sobre este tema surge al ver las variables de montaje en múltiples especímenes del Herbario Nacional Colombiano en general. ¿Quién se encarga del montaje? ¿Qué manos deciden cómo disponer la planta sobre la hoja? ¿Con qué criterios coserla o adherirla? En el caso de Triana en el siglo XIX, al igual que en el del ICN en la actualidad, esta información no es de fácil acceso. Fernando González se ha encargado desde hace dos décadas en realizar el montaje de un gran porcentaje de las plantas que ingresan al Herbario, sin embargo, no es el único que realiza esta tarea.[14] Si bien el quehacer artesanal del montaje también ha atravesado procesos de estructuración de los principios organizativos (ver Ilustración 28), especialmente los visuales y espaciales, cada montajista reúne una serie de saberes y experiencias que marcan la pauta de su trabajo. 



Ilustración 28 - Gráficas de las indicaciones de montaje. Herbarium Handbook Chinese Edition, Royal Botanical Gardens, Kew, 2014. Indicaciones: 1. Ubicación de etiquetas y uso del espacio; 2. Formas de mostrar el haz y el envés de la muestra; 3. Disposición de varias muestras en un solo montaje; 4-5. Uso del espacio cuando la muestra sobrepasa el tamaño.

En el taller que Fernando dictó en el ICN el 24 de octubre del 2023, el espacio, los materiales, las indicaciones y recomendaciones resonaban con un taller de costura, bordado y collage. En la mesa: hilos, agujas, pinceles, pegante, cinta, cartulina, y, evidentemente, una muestra vegetal desecada. El taller inició con las siguientes palabras: “Voy a intentar darles unas pautas mínimas de cómo se debe montar una planta, de resto es mucha habilidad manual, mucha intuición, siempre pensar cómo quedará al final, entonces lo que vamos a intentar es que los pequeños detallitos queden bien.” Y es que la forma de abordar los pequeños detalles del montaje es lo que imprime la estética y el conocimiento de Fernando en el espécimen. 

Comenzar primero por alistar y hacer un bosquejo de lo que se va a montar. Revisar que ambos lados de la hoja, haz y envés, estén visibles. Curar la planta, retirando el material biológico que haga ruido y sea repetitivo, para resaltar las partes que contengan más información. Preparar el bolsillo donde irá el material que no se puede coser o pegar a la cartulina. Mover la muestra por la superficie de la hoja hasta encontrar un balance en el espacio jugando con la etiqueta, los labelos, el sello y el código de barras. Revisar que éstos coincidan entre sí. Una vez el bosquejo y todos los elementos estén en su lugar, se da inicio al proceso de pegado y costura. La etiqueta y demás impresos se adhieren a la cartulina con pegante, en cambio para la planta se manejan dos materiales: cinta Kraft e hilo Surpicure n.8. Idealmente todo debe coserse, excepto para las hojas en las cuáles se complementa la costura con el uso de la cinta pegante. Para esto, Fernando recomienda empezar a coser 5mm. desde la punta y de ahí mantener una distancia promedio entre puntadas, entre 4 y 5cm. En cuanto al uso de la cinta Kraft, se debe tener listos los recortes de un grosor aproximado de 5mm., el largo después se define al momento de pegar las hojas. Acá hay otro detalle a tener en cuenta: la distancia de cinta que sobra desde ambos extremos de la muestra vegetal debe ser la misma para que se mantenga la armonía en el montaje. Asimismo, se recomienda intentar aprovechar los huecos “naturales” de la muestra o crear pequeñas ranuras para no cubrir la totalidad de la lámina con hilo o cinta. Una vez terminado el proceso de montaje por el frente de la cartulina, se debe revisar el reverso. Como si se tratase de un bordado en punto de cruz, la calidad del trabajo se manifiesta al ojo experto por el orden y arreglo de lo que no se ve a simple vista. Así, el último paso es tapar el hilo del reverso con retazos un poco más gruesos de cinta Kraft. De esta forma, no sólo se refina el trabajo, sino que asegura la conservación del montaje (ver Ilustración 29)


Ilustración 29 – Detalles del proceso de montaje de un espécimen botánico. Fotografías de la autora tomadas durante el Taller de Montaje, realizado el 24 de octubre 2024 en el ICN.
Si decidí detenerme en este proceso es porque la calidad del montaje define la calidad del espécimen como fuente de información botánica, facilita la lectura morfológica, la comparación con otros ejemplares, el uso como referente visual para ilustraciones. El rol del montajista en la “creación” de la fuente, en este caso el espécimen, resulta fundamental para la etapa posterior al montaje: la lectura y reconstrucción de la planta por parte del botánico que lo estudia.


[1] Curso en el que participé durante el segundo semestre del 2023 (agosto-diciembre). La salida de campo se realizó durante 10 días, del 27 de septiembre al 6 de octubre.
[2] La colección digital del Herbario Nacional se puede consultar en el siguiente enlace:  http://www.biovirtual.unal.edu.co/es/colecciones/search/plants/
[3] Es importante aclarar que la consulta digital no logra reemplazar la consulta análoga. Se trata de una recreación en otras condiciones, con ventajas y desventajas. Una de las pérdidas principales de este método de consulta es la posibilidad de tocar y sentir el ejemplar.
[4] De forma muy similar con los metadatos de la archivística.
[5] Medina, «Lo que pliega la colecta», 34.
[6] Ibid., 37
[7] Florian Tirado, «El espécimen ingobernable. Cultura material del error en colecciones de historia natural.», 14.
[8] Ver Ilustración 26 – Espécimen COL000016136, Melastomataceae. Herbario Histórico José Jerónimo Triana, Herbario Nacional Colombiano. La composición reproduce el espécimen en diversas escalas: 1. Muestra completa, incluyendo la escala y tarjeta de color; 2.a.-b. Detalles de la floración; 3. Detalle de la filotaxis.
[9] Por portal me refiero a un desvío, una bifurcación, una errata.
[10] NHMUK. Triana, José Jerónimo. Catálogo de los ejemplares de Plantas neo-granadinas. Herb. J. J. Triana (1828-1890).
[11] ACCEFN, Biblioteca. Triana, José J. Catálogo de los ejemplares de Plantas neo-granadinas que componen el herbario formado por José J. Triana miembro de la Comisión Corográfica i presentado al señor Secretario de Estado del Despacho de Gobierno, 185.
[12] NHMUK. Triana, José Jerónimo. Versión británica del Catálogo de los ejemplares de Plantas neo-granadinas. Herb. J. J. Triana (1828-1890), vol. 2, 68.
[13] Ver sección 3.1.3. La materialidad.
[14] La trayectoria de Fernando en el Instituto de Ciencias Naturales es interesante y evidencia la dedicación y calidad de su trabajo. Ingresó a la Universidad por concurso de planta, inicialmente en el departamento de Química. Sin embargo, tras un tiempo, fue transferido al ICN, donde se encargó del montaje y procesamiento de ejemplares. Debido a que su padre era sastre, Fernando desarrolló desde pequeño una relación cercana con la costura, lo que facilitó que el montaje de especímenes se le diera de manera natural. 


[i] Florian Tirado, «El espécimen ingobernable. Cultura material del error en colecciones de historia natural.», 14. 
El espécimen ingobernable es un objeto hipotético que funciona a manera de experimento mental, formulado para comprender, confrontar y re-imaginar las colecciones de historia natural.


3.1.2.  La representación

Quizás es en esta reconstrucción del ser vivo que el cruce de formatos de registro se vuelve indispensable: un diálogo sensorial entre la tradición de la ilustración botánica y la práctica de prensado y montaje del exicado. En el trabajo de Triana, en las ilustraciones bocetadas y publicadas (ver Ilustración 30 e Ilustración 31) se detallan aspectos como la escala, el sombreado, la disposición ideal de la morfología y la simetría, proyectando una representación infinita de las variedades según la especie. En contraposición, en las colecciones botánicas, el color se desvanece y la disposición se ajusta a las limitaciones del espécimen preservado, buscando un equilibrio en el montaje, aunque no necesariamente simétrico. Esta representación se percibe como temporal, un momento específico en la manifestación individual de la especie botánica asociada. En ambos casos, estas representaciones reflejan más que su apariencia física. Se trata de una condensación de múltiples observaciones, decisiones y experiencias de quienes las crearon. Su producción se realizaba en un constante diálogo entre lo registrado en campo y el estudio pausado en los espacios de investigación, por ende, las ilustraciones solían incorporar metáforas visuales, temporales y espaciales para adquirir formas cada vez más complejas según los intereses finales de la representación. 



Ilustración 30 – Bocetos de ilustraciones a mano del androceo de la familia Melastomataceae. BNC. Triana, José Jerónimo. Dibujos a lápiz correspondientes a 96 géneros de Melastomáceas y la explicación de 47 de ellos. Documento original, 186?. Colombia: Bogotá́: Biblioteca Nacional de Colombia, 2012. Recurso en línea (14 p.) consultado en el Catálogo en Línea BNC (https://bit.ly/BNC40940).



Ilustración 31 – Detalles de las ilustraciones finales del androceo de la familia Melastomataceae. BDRJB. Triana Silva, José Jerónimo. Les Melastomacées. Reino Unido: London: Printed by Taylor and Francis, red lion court, Fleet Street, 1871. Consultado en línea en la Biblioteca Digital Real Jardín Botánico, España (https://bit.ly/BDRJB14639)

Asimismo, la representación gráfica de una ilustración y la representación material de un espécimen no eran las únicas empleadas. Ante la distancia entre lo observado y su representación científica, era crucial generar una ilusión de reducción de este distanciamiento para el lector externo a la Comisión Corográfica, a la región descrita e incluso al país. Para lograrlo, la narrativa descriptiva en los textos científicos contenía numerosos elementos visuales, gráficos y pictóricos, que, junto con las ilustraciones, exicados y mapas, mostraban el desarrollo de los principios científicos. De esta manera, como bien señala Appelbaum, "la ciencia y la estética eran prácticamente inseparables"[1].

Si bien Appelbaum evidencia esta relación de dependencia al momento de enlistar la producción visual, no hace referencia a las ilustraciones científicas y los especímenes botánicos, únicamente los asocia con la cuestión descriptiva de los textos científicos[2][i]. El no considerar esta producción material y descriptiva como parte del “material complementario [a los mapas], como pinturas, retratos, imágenes, diarios de viaje, correspondencia e informes oficiales”, limita el análisis visual de la concepción y construcción del territorio al tratar únicamente el estudio de los informes, borradores y resultados gráficos de la sección “sociocultural” de la Comisión. En esta medida, retomar los especímenes y las descripciones de las especies estudiadas por Triana resulta atractivo para comprender cómo se configuró otro discurso sobre la diversidad territorial en aquellas décadas, el cuál más adelante sería acentuado en los espacios de discusión científica de Europa.

Esta combinación de diferentes dispositivos de descripción y representación se puede observar en la Ilustración 32 "Chinchona Pitayensis, Wedd.", al examinar con detenimiento la descripción de los elementos que la componen. Si bien se trata de una misma especie, Chinchona Pitayensis, las ilustraciones muestran variaciones morfológicas según su coloración y lugar de crecimiento: 1. Anaranjada fina; 2. Roja del Piñón de Pitayo; 3. Quina anaranjada procedente de la Cruz; y 4. Amarilla de huevo. Las diferencias entre estas variaciones de la especie se pueden identificar en la inserción de los estambres en la corola de la flor, así como a la forma y tamaño de esta; o incluso al color y grosor de las cortezas. Y es que en estas ilustraciones no solo se representaba la planta en un momento puntual de su crecimiento, sino que se generaba una representación condensada de su temporalidad biológica. Es decir, había frutos, flores, y ramas que aún no habían desarrollado el órgano reproductivo pero que en la realidad no suele ser el caso. La planta atraviesa ciertas etapas en su crecimiento: primero la vegetativa, cuando aún no ha desarrollado todos sus órganos, la sexual, cuando se encuentra en floración; y por último la de dispersión, cuando sus frutos están a la espera de madurar par así movilizar las semillas. 

Se producía así una imagen sintética e ideal de la especie a través del uso pictórico de los elementos “tipo” que la componen cómo única y reconocible.[3] La observación botánica también se aglutinaba en esta imagen. Se capturaban distintos momentos de análisis e investigación sobre su morfología, jugando con la escala, los colores, la perspectiva y la composición, “en esa medida, su diseño no responde a una observación mecánica o directa de la realidad.”[4] El lector de la imagen era guiado a través de una secuencia de marcos “instantáneos” del tiempo-espacio simultáneo del observador y de la planta en sí. En este sentido, a pesar de que la imagen se presentase como objetiva y auténtica de la realidad botánica de la especie, se trataba en el fondo de una composición alterada y manufacturada por las manos y el intelecto humano. 



Ilustración 32 - "Chinchona Pitayensis, Wedd.", según los dibujos de la Quinología de Mutis. Litografía. ACCEFN, Biblioteca. Triana, José J. Nuevos estudios sobre las quinas. Revista de la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales vol.1(3):257-275, 1937 : il.

Lo mismo sucedía con los especímenes, pero a través de otros mecanismos visuales, materiales y, más importante aún, espaciales. La simultaneidad que vemos en la representación anterior de la Cinchona Pitayensis, la vemos materializada a partir de la colecta de dos ejemplares en el herbario de Triana (ver Ilustración 33). Se trata de los especímenes: COL000146906 y COL000146900, ambos etiquetados bajo el nombre Cinchona pitayensis (Wedd.) Wedd., de la familia Rubiaceae. Visualmente, lo que diferencia ambos especímenes son las características morfológicas de las hojas. Las hojas del espécimen COL000146900 son más anchas y su venación pareciera estar más marcada a comparación del COL000146906. Esta variabilidad corresponde, al igual que en la Ilustración 32, a la influencia del ambiente en un individuo determinado: no es lo mismo crecer en Pitayo, la Cruz, o Bogotá. Y es que precisamente la diferencia en cuanto a los metadatos es el lugar y momento de colecta. Por un lado, el espécimen COL000146906 fue colectado en mayo de 1853 en Bogotá, a 1.300 metros de altitud; y por el otro, el espécimen COL000146900 fue colectado en junio del mismo año, pero en Popayán, a 2.600 metros de altitud[5]

La importancia de estos datos que se encuentran en las etiquetas correspondientes es que nos sitúan espacial y temporalmente en un punto fijo y certifican el hecho de que, si bien se trata de la misma especie, el lector esta frente a dos individuos diferentes. Teniendo en cuenta que el lugar de consulta de los especímenes es un lugar físico, el herbario, a diferencia de una publicación que se reproduce indefinidamente dentro del circuito de circulación del conocimiento científico, aquello que representa dialoga físicamente con las demás muestras que ocupan un lugar en las estanterías del instituto. Así, el ejercicio comparativo de ambos especímenes le permiten a quien consulta ver dos escenarios al mismo tiempo: aquél de la planta en Bogotá y la del Cauca, reduciendo así los kilómetros y meses que separaron a ambos individuos botánicos en 1853. 

El herbario, y por ende lo especímenes que lo componen reflejan otra forma de aproximarse a la historia de las plantas, donde el tiempo y el espacio son moldeados intencionalmente a través de la materialidad y la representación en una búsqueda por configurar un nuevo orden visual y epistémico en constante cambio siguiendo los principios de conservación establecidos por los botánicos y la institución que custodia las plantas. Los pliegues de la representación cambian según las técnicas y tecnologías históricas del lugar que las almacena. La historia de los cambios en la representación de las plantas se debe a su efectividad en la permanencia y comunicación visual, ya sea como suplementos o como evidencia. 

Ilustración 33 - Cinchona Pitayensis. Comparación de dos ejemplares botánicos colectados por José Jerónimo Triana. Herbario Histórico José Jerónimo Triana, Herbario Nacional Colombiano.


[1] Appelbaum, Dibujar la nación. La comisión corográfica en la Colombia del siglo XIX, xxxi.
[2] Ibid., 44.
[3] Algo similar sucedió con los tipos humanos que construyó la sección socio-cultural de la Comisión Corográfica al crear categorías de diferencia como la raza y el género así como los tipos regionales de ciudadanos de la nación colombiana en el siglo XIX. Ver Arias Venegas, Nación y diferencia en el siglo XIX colombiano. Orden nacional, racialismo y taxonomías poblacionales; Appelbaum, Dibujar la nación. La comisión corográfica en la Colombia del siglo XIX, 69.
[4] Lozada Mendieta y Carvalho Ramírez, «En ‘Tierra de Caimanes’». 41
[5] En cuanto al contraste de las altitudes entre estos dos individuos, es importante situarse en el contexto de producción y reconocer que era común anotar la ciudad o provincia predominante en la cuál ser tomaba la muestra. Así, las coordenadas y las altitudes no siempre coincidían con el promedio de la región


[i] Appelbaum, Dibujar la nación. La comisión corográfica en la Colombia del siglo XIX, 44.
No obstante la flora no se dibujó con mayor detalle. Excepto por algunas flores representadas con diminutas manchas rojas, fueron pocos los esfuerzos por mostrar la complejidad de la vida vegetal […].

3.1.3.  La materialidad
Al profundizar en la tensión entre materialidad y abstracción del herbario, surge otro tipo de representación: una fotografía de un espécimen del herbario de Triana que, aunque ingresada como espécimen, en realidad es una simulación de un espécimen (ver Ilustración 34). Este objeto singular dado su contexto de residencia, se revela como el rastro de una ausencia, un espécimen ingobernable si retomamos el postulado del trabajo de Mariana Florián Tirado[1]. En los pliegues de tiempo y espacio que menciona Santiago Martínez, los objetos pueden representar no solo las presencias, sino también los vacíos y las ausencias en la documentación botánica, así como las distribuciones y redistribuciones del intercambio de infraestructuras de conocimiento botánico. 



Ilustración 34 – Espécimen COL000026023 y COL000026033, Monalena cordifolia Triana. Herbario Histórico José Jerónimo Triana, Herbario Nacional Colombiano. Fotografías de la autora durante el mes de Mayo de 2024.

Teniendo en cuenta que la escala de las fotografías pegadas sobre la cartulina, estos ‘especímenes’ no están pensados en ser consultados minuciosamente como se haría con un espécimen común y corriente[2], ¿qué nos dice esta otra materialidad que habita las gavetas del Herbario? ¿Qué fue de la vida física del espécimen original que representa? La materialidad de estos ecofactos no solo representa y documentan la vida vegetal, sino también las conexiones interinstitucionales en el ámbito de las ciencias naturales y de la información. 

Por otro lado, en el Herbario Nacional Colombiano, existe otra materialidad que documenta la deficiencia presupuestal que tiene el Herbario. Podríamos decir que en el caso de las plantas, existen dos tipos de espacio de almacenamiento según la materialidad del cuerpo que se conserva: i. los jardines botánicos para las plantas vivas y ii. los herbarios para las plantas secas. Adicionalmente, en el caso del Herbario Nacional, hay un tercer espacio que almacena el limbo entre estos dos estados materiales de la flora y el cuál pude conocer a finales del 2019: iii. el “triángulo de las Bermudas” (ver Ilustración 35), como es comúnmente nombrado, un espacio que almacena en centenares de bolsas plásticas aquellas plantas que no están ni vivas ni muertas, sino en estado de alcoholización y prensado esperando su ingreso a la colección oficial. Su tiempo de espera es indefinido: la falta de personal y de materiales no permite que la institución logre empatar el ritmo de ingreso de especímenes al ritmo de colecta de los docentes y estudiantes. 



Ilustración 35 - "Triángulo de las Bermudas", Herbario Nacional Colombiano, ICN. Fotografías de la autora durante el mes de Septiembre de 2024.



[1] Florian Tirado, «El espécimen ingobernable. Cultura material del error en colecciones de historia natural.»
[2] Puesto que su tamaño, color y definición no lo permiten. 


3.2.  Capítulo IV. La planta

3.2.1. El estudio


Ilustración 36 - Restos de planta seca. ACH, Colección Triana, Cj. 8. Fotografía tomada por la autora, Abril 2024.

Este último capítulo es el más visual y personal al tratarse de una recopilación de fotos, libretas, dibujos, y plantas secas (ver Ilustración 36 hasta Ilustración 40). Como lo mencioné al inicio en Declaración de intenciones, mi formación en la botánica fue esencial para el desarrollo de esta monografía de grado en Historia. Ver el mundo natural con otros ojos me permitió nombrar los cuerpos vegetales, sus componentes y formas. Ahora cuando camino puedo reconocer una familia e incluso una especie, tal cual lo haría si se tratase de una persona conocida. 

El objetivo es mostrar los elementos que permitieron consolidar mi afecto hacia las plantas desde la observación y el reconocimiento. La decisión de incluirlos en una tesis de Historia es porque fueron esenciales para el diálogo que establecí con el estudio botánico de José Jerónimo Triana. Entre los archivos consultados, encontré sus propias herramientas de estudio: notas, dibujos, plantas secas. 

Hablo de plantas secas y no de especímenes botánicos porque, como se verá en las imágenes siguientes, estas plantas no fueron ingresadas a ningún herbario institucional. Al no contar con los códigos de información necesarios para transfigurarse en espécimen, estos extractos de cuerpos vegetales ofrecen la posibilidad de una observación propensa al daño, al deterioro y a la experimentación. De esta forma, su existencia y permanencia nos hablan de otro tipo de uso: aquél del estudio personal y estético de la flora.



Ilustración 37 – Colección de plantas secas. Tomadas de BNC.  Triana, José Jerónimo. Herbario de José́ Jerónimo Triana. Documento original, 18??. Colombia: Bogotá́: Biblioteca Nacional de Colombia, 2013. Recurso en línea (10 p.) consultado en el Catálogo en Línea BNC (https://bit.ly/BNC4121).



Ilustración 38 - Apuntes sobre plantas: Passifloras. ACH, Colección Triana, Cj. 11, cp. 2, f. 1v-10v.



Ilustración 39 - Muestra de plantas secas colectadas durante la salida de campo del curso Taxonomía de Angiospermas, del 27 de septiembre y el 6 de octubre de 2024 en Santa María de Boyacá. Colección personal de la autora. (Ver Anexo 2)



Ilustración 40 - Apuntes sobre plantas observadas durante la salida de campo del curso Taxonomía de Angiospermas, del 27 de septiembre y el 6 de octubre de 2024 en Santa María de Boyacá. Colección personal de la autora. (Ver Anexo 3)


3.2.2.  Un retrato familiar


Ilustración 41 - Listado de familias de plantas por orden alfabético. Material recibido en clase de Taxonomía de Angiospermas, Universidad Nacional de Colombia.

La organización de las plantas por familias botánicas (ver Ilustración 41) comenzó a desarrollarse de manera formal en el siglo XVIII, aunque ya existían intentos previos de clasificación. El sistema de clasificación por familias que conocemos hoy en día tiene origen en el trabajo del botánico sueco Carl Linnaeus. En su obra Species Plantarum (1753), Linneo introdujo un sistema de nomenclatura binomial que sigue vigente, en el cual cada planta recibe un nombre compuesto por dos partes: el género y la especie.[1]

Sin embargo, Linneo no organizó las plantas estrictamente por familias tal como se manejan hoy en día, sino por clases basadas principalmente en características de los órganos reproductivos (las flores). Fue en las décadas posteriores cuando otros botánicos ampliaron y perfeccionaron este sistema. Jussieu, en su obra Genera Plantarum (1789), propuso una clasificación más natural basada en características morfológicas generales, como las flores, las hojas y los frutos, y fue que se formalizó el concepto de familias botánicas. Desde entonces, la clasificación ha ido evolucionando con el avance de la botánica, especialmente con el surgimiento de la filogenia molecular a finales del siglo XX, lo que ha permitido que las familias botánicas actuales estén basadas en relaciones evolutivas, y no solo en similitudes morfológicas.[2]

Hablar de “familias de plantas” puede considerarse como otra forma de antropocentrismo. Para mí es al revés. Si bien es nuestro lenguaje el que nombra las familias, las características morfológicas y genéticas evidencian relaciones de descendencia, variación y evolución entre las plantas que habitan o han habitado la tierra. Reconocer que no somos los únicos en tener este tipo de relaciones familiares puede ser un inicio para estrechar los lazos afectivos con ellas. 

El apartado siguiente es un retrato de las familias que pude estudiar durante la salida de campo del curso Taxonomía de Angiospermas[3]. Las fichas (ver Ilustración 42) fueron realizadas con mi compañera de campo Sofía Rivera (ver Anexo 4).



Ilustración 42 - Selección de familias. Fichas de estudio de las familias revisadas en el curso Taxonomía de Angiospermas, 2023-2. Trabajo de la autora en conjunto con Sofía Rivera.



[1] Esta información fue tomada del curso Biología de Plantas, dictado por el departamento de Biología de la Universidad Nacional durante el 2019-1.
[2] Esta información fue tomada del curso Taxonomía de Angiospermas, dictado por el departamento de Biología de la Universidad Nacional y el ICN durante el 2023-2.
[3] Curso en el que participé durante el segundo semestre del 2023 (agosto-diciembre). La salida de campo se realizó durante 10 días, del 27 de septiembre al 6 de octubre, en Santa María de Boyacá, Colombia.