1. Introducción


1.1. Líneas y superficies


1.1.1. Ruta

La investigación que desarrollé para este documento tuvo como objetivo reconstruir y analizar el rol de la experiencia estética y sensorial durante el proceso de conformación del Herbario Nacional, durante el siglo XIX, por José Jerónimo Triana. La pregunta que orientó la investigación fue en qué medida un acercamiento sensorial al herbario de José Jerónimo Triana puede arrojar nuevas luces sobre las prácticas, las lógicas y los discursos de conservación del Herbario Nacional. Partí de la idea de que rescatar la experiencia personal, por ende, afectiva y estética, de quien crea una colección de herbario, así como de quien la consulta, permite comprender cómo los especímenes han sido creados, utilizados y reinterpretados a lo largo del tiempo. 

La argumentación está dividida en dos partes que articulan dos tiempos investigativos. Por un lado, la Primera parte se centra en el tiempo histórico del botánico José Jerónimo Triana en la segunda mitad del siglo XIX y, por el otro lado, la Segunda parte tiene como punto de partida mi tiempo presente de observación del trabajo realizado en el Instituto de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de Colombia. Estos dos momentos están compuestos por cuatro capítulos en total, El botánico, La especie, El espécimen y La planta; organizados según el proceso de reconstrucción del tema de la investigación. 

Los procesos y las experiencias de adquisición y conservación del conocimiento botánico se manifiestan desde la colecta misma, a la cual se suma el prensado, la descripción, el etiquetado y el montaje en la creación de un espécimen[1] y registro de una especie. Estas etapas son necesarias para que lo que era una planta pueda ahora caber en una carpeta, la cual a su vez estará en el cajón de un armario (ver Ilustración 1). Así, esta investigación no es sólo un recorrido histórico por el Herbario Nacional colombiano, sino también una caminata por la materialidad de los bosques contenidos en él. Al igual que en los archivos históricos, el herbario cobra vida por medio de los pliegues y despliegues de una conversación[2].


 Ilustración 1- Estanterías y especímenes botánicos de la sala José Cuatrecasas del Herbario Nacional Colombiano. Fotografías de la autora tomadas a lo largo del 2024 en el Instituto de Ciencias Naturales.



1.1.2. Mapa


Dos versos del poema-ensayo Mapas, de Alberto Blanco, inspiran mi ubicación en la segunda mitad del siglo XIX: “Los mapas nos miran de frente cuando dan cuenta de las superficies. / Cuando quieren dar cuenta de las profundidades, nos miran de lado.”  Bajo este juego de perspectivas y dimensiones, realizaré un mapeo de la superficie espaciotemporal de este trabajo. 

Me centro entre los años 1840 y 1880, duración delimitada por las fuentes que permiten analizar el trabajo de José Jerónimo Triana desencadenado durante la Comisión Corográfica. Esta expedición científica (ver Ilustración 2), creada en 1850 por el gobierno colombiano y activa hasta 1859, tuvo como principal objetivo “producir los mapas de cada una de las provincias de entonces y describir los aspectos naturales, culturales y sociales de las comunidades humanas y de su medio natural”[1]

Ilustración 2- Mapa de los diez viajes de la Comisión Corográfica. Realizado por Milenioscuro el 4 de septiembre de 2012. Consultado en este enlace.

Es importante enmarcar el proyecto de la Comisión en lo que Lina Del Castillo define como “el pensamiento, los métodos y las prácticas que trataron experimentalmente de crear una república moderna para el mundo. La artesanía[2] explorada aquí subraya la cultura material y el trabajo manual práctico que fue fundamental para la producción del conocimiento científico de principios a mediados del siglo XIX.”[3][i] Se trataba de una máquina, un dispositivo ideado para capturar lo viviente que componía el territorio: desde las capas geológicas del “nevado de Chita” (ver Ilustración 3), hasta las comunidades de “cosecheros de anís” en la provincia de Ocaña (ver Ilustración 4). El lenguaje escrito y visual de la Comisión se configuró como un nuevo marco sensible desde el cuál se construía la documentación científica, basada ya no en narrativas externas e “imaginadas”, sino en la observación directa del territorio y de la vida cotidiana; y que luego se usaría para el gobierno republicano. Siguiendo con el análisis de Del Castillo, las élites bipartidistas de la Nueva Granada poscolonial desarrollaron diversas formas de producir conocimiento y prácticas con fines concretos. Entre ellas se encontraban técnicas de levantamiento topográfico para mapear, medir y distribuir las tierras comunales indígenas; estudios sociopolíticos sobre la cultura y costumbres de las provincias; así como escritos, textos y mapas geográficos de la región.[4][ii]


Ilustración 3- Vista del nevado de Chita i del gran nevero que tiene hácia Güicán. Carmelo Fernández (1810-1887). Ca. 1851. Acuarela. 22 x 36,4 cm. Biblioteca Nacional de Colombia, Bogotá. Consultado en este enlace.
Ilustración 4 - Cosecheros de anís, indios mestizos. Carmelo Fernández (1810-1887). Ca. 1850. Acuarela. 31 x 24 cm. Biblioteca Nacional de Colombia, Bogotá. Consultado en este enlace.


La Comisión de la República de la Nueva Granada estaba compuesta por un grupo de científicos, exploradores y artistas que realizaron una serie de viajes por todo el territorio. Entre sus miembros se destacan, además de Triana, Agustín Codazzi, Manuel Ancízar, Carmelo Fernández, Manuel María Paz y Henry Price. José Jerónimo Triana (1828-1890) médico, botánico y diplomático colombiano, fue recomendado por Carmelo Fernández para unirse a la Comisión Corográfica en 1851[5], y se le encargó la creación de un herbario nacional con su respectivo catálogo taxonómico. En esta medida, las observaciones botánicas de Triana están tanto ancladas como dispersas en los múltiples recorridos que realizó a lo largo el territorio que conformaba la nación en aquel momento. En 1855, firmó un contrato para ir a Europa a estudiar y publicar sobre las plantas útiles de Colombia. Desde este lugar, estudió, identificó y clasificó las muestras que había recolectado durante sus viajes. En París, así como en otras capitales europeas, entabló diálogos con científicos notables, escribió la "Flora de Colombia" y representó al país en múltiples exposiciones internacionales. Trabajó como cónsul en París desde 1874 hasta su muerte en 1890 debido a complicaciones de salud. Así, tanto la colecta como las investigaciones de Triana se originan en distintas geografías y temporalidades.


[i] Del Castillo, Crafting a Republic for the World, 2.
The thinking, methods, and practices that experimentally sought to craft a modern republic for the world. The “crafting” explored here underscores the material culture and practical handiwork that was central to the production of early to mid-nineteenth- century scientific knowledge.[ii] Del Castillo, Crafting a Republic for the World, 4.
The forms of knowledge production and practices that these bipartisan postcolonial elites produced toward that end included the land survey techniques developed specifically for New Granada efforts to map, measure, and distribute indigenous lands held in common; midcentury political ethnographies documenting New Granada popular culture in the provinces; the emergence of New Granada’s “science of constitutionalism” and political administration; and the geographic writings, texts, and maps produced of New Granada provinces.



1.1.3.  Morfología y anatomía

Inspirada en Ingold[1] tuve en cuenta líneas y superficies para integrar y definir mi ruta de análisis y poner en conversación la botánica, la historia y mi propia intervención para suscitar el diálogo entre ellas. Las superficies pueden remitirnos a planos de un paisaje por el que se viaja, de un espacio a poblar, o a la piel del cuerpo y el espejo de la mente[2][i]; las líneas, en cambio, se perciben “como un movimiento y un desarrollo”, la continuidad, renovación y quiebre de prácticas, narrativas y discursos.

En el caso de la botánica, la analogía de las líneas y las superficies nos remite a la morfología y la anatomía. La morfología que trata de la estructura externa: sus órganos, disposición y crecimiento, y la anatomía en tanto se encarga de estudiar la estructura interna de las plantas: sus tejidos, exsudados, procesos y reacciones químicas. Más allá del título de esta sección, la dupla morfología y anatomía alude a la relación de interdependencia entre la estructura externa e interna no solo de las plantas, sino de esta investigación: las superficies sobre las cuáles se incrustan estas líneas (libros, cuadernos, cuerpos botánicos) y las líneas que conforman los documentos (letras, dibujos, trazos). En cierta medida, se trata de una conversación sobre la materia, los materiales y la materialidad.[3]

En casi todas las instituciones dedicadas a la investigación en ciencias, existe un salón con estanterías metálicas[4], que hospeda cuerpos. Cuerpos biológicos, cada uno con un espacio definido para reposar durante un tiempo de silencio e inercia. Podríamos también llamarlo tiempo de espera, como en las clínicas, cuando el paciente permanece atento a que el especialista lo haga seguir al consultorio. De esta misma forma, estos cuerpos aguardan el momento en que unas manos lo retiren de la caja o carpeta que lo sostiene para ser interrogado sobre la información que pueda almacenar su materialidad. Es importante agregar que esta evidencia científica contenida en estos cuerpos únicamente se constituye como tal cuando es institucionalizada; proceso que, en el caso de mi análisis, se da por medio del ingreso del individuo botánico al herbario. Aquí se revela que las colecciones no son meramente entidades biológicas; más bien, se erigen como entidades culturales moldeadas por un trabajo de generación de conocimiento intelectual, material y artesanal[5].

Ilustración 5– Fotografías del Laboratorio de Botánica, donde se realiza el quemado de las plantas colectadas por profesores y alumnos del ICN. Fotografías de la autora tomadas en Septiembre de 2024.

Una vez se colecta un extracto o totalidad de una planta y se prensa, aquello que devendrá un espécimen es sometido a un proceso peculiar: es quemado en un horno (ver Ilustración 5). El objetivo es sencillo de entender una vez miramos la materia y los materiales en cuestión: el papel y el ser botánico en proceso de disección y descomposición. El secado en horno se realiza como una manipulación ante aquello que se evita a toda costa, la humedad y las plagas. Una vez la planta está del todo seca, es adaptada a la dimensionalidad plana del papel con técnicas de costura. Así, la transformación física y material durante el quehacer práctico se constituye como etapa fundamental para la conservación de los especímenes botánicos y su inserción en el campo de las ciencias humanas como fuente histórico-cultural. 

Por esto, en mi trabajo establecí contacto con los especímenes colectados por José Jerónimo Triana en el marco de la Comisión Corográfica (1850-1855), los cuales suman aproximadamente 4’000 ejemplares disponibles para consulta en el Herbario Nacional Colombiano (COL), el Harvard University Herbaria y el National History Museum UK. En el caso de los especímenes almacenados en COL, el contacto fue directo. La piel de mis manos pudo tocar y sentir el papel del montaje, las etiquetas escritas por Triana y lo que queda de las plantas que en algún momento entre 1851 y 1857 crecieron en los bosques, humedales y pastizales de Colombia. 

Paralelamente, en esta investigación trabajé con otro cuerpo documental que reposa de forma segmentada en múltiples cajas de distintos archivos: el Archivo Histórico Central[6], la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, la Biblioteca Nacional de Colombia, la Biblioteca Digital del Patrimonio Iberoamericano, la Biblioteca Digital de Bogotá y la Biblioteca Digital Real Jardín Botánico. Es decir, el acervo documental producido por y en relación con José Jerónimo Triana se presenta como las partes de un cuerpo fragmentado en cabeza, cuello, torso, brazos, manos, piernas y pies. En esas cajas encontramos todo aquello que permaneció de su época y de su trabajo, a excepción de los especímenes, precisamente por su particular materialidad. 

La consulta de estos documentos históricos implicó el uso de otro tipo de herramientas según los códigos de consulta de las instituciones y de las superficies. Dejando de lado las colecciones digitales, la utilización de guantes fue obligatoria en este caso. Al contrastar esta consulta de archivo con la del Herbario, se hizo evidente que el abordaje físico de las fuentes depende directamente del tipo de pliegues[7] que albergan estos objetos. El uso o no de guantes nos habla de una diferencia epistemológica de las disciplinas que atraviesan este trabajo: en botánica el acto estético de tocar un espécimen para poder leer la información es intrínseco de los procesos de acceso y traslado del conocimiento; en historia el guante es una medida de protección ante el deterioro físico del documento y no es considerado un impedimento sensorial para acceder a la información. Las implicaciones de esta diferencia entre la relación que establece la investigación histórica y la botánica al manipular este “archivo” las desarrollará más adelante.


[i] Ingold, Lines, 39.
Yet the ways in which they were understood depended critically on whether the plain surface was compared to a landscape to be travelled or a space to be colonized, or to the skin of the body or the mirror of the mind.



1.2. Líneas y superficies

1.2.1. Estética

El espécimen botánico, o ecofacto, es una planta. El inicio de la metamorfosis de su materialidad es la colecta, es decir, su extracción del ecosistema en el cuál crece. A su vez, la colecta en campo comienza por el sentir cuidadoso de su morfología. Su cuerpo: tamaño, contextura y textura; su crecimiento: orientación, colaboración y sustrato; su entorno: amigos, huéspedes, parásitos; su olor: aromático, putrefacto y clorofílico. Hablo de sentir y no de observar porque todos los sentidos están involucrados en esta acción de reconocimiento. El acto de colectar una planta es entonces, no sólo una práctica científica, sino una experiencia sensorial que, de acuerdo con Eulalia de Valdenebro y Ana María Lozano[1], es a la vez estética, puesto que la estética es una “percepción sensorial”. Así, mi práctica investigativa, al igual que la de las autoras, “también transita por la valoración de la experiencia y la intuición como métodos de conocimiento, por comprender e integrar datos científicos, por usar la potencia simbólica y poética de los elementos que van apareciendo en el proceso”[2] –añadiría yo– sensorial y estético.




1.2.2.  Cuerpos

La palabra ecofacto es retomada del léxico arqueológico para referirse a los elementos considerados “naturales” cuya naturaleza propia no ha sido modificada por los humanos, que proporcionan principalmente información del orden ambiental y paleoambiental. No obstante, en este trabajo, el término ecofacto implica la manipulación humana en el momento de su recolección, estudio y conservación; y, por ende, estos elementos proporcionan información sociocultural. En su investigación El espécimen ingobernable, Mariana Florián nos proporciona una explicación más clara del término empleado para estos objetos, no podemos considerarlos mera naturaleza ordenada por normas de recolección, ni tampoco artefactos creados únicamente por manos humanas. Más bien, son ecofactos: “vestigios naturales sometidos a fuerzas climáticas, geológicas, biológicas y ecológicas que han sido confeccionados y conceptualizados por mentes humanas” [1], situándose en un espacio intermedio entre lo natural y lo artificial. Se trata de los cuerpos que ingresan a las distintas infraestructuras de conocimiento científico: colecciones biológicas, museos de historia natural y jardines botánicos. Su admisión en estos centros de conservación e investigación es mediada por procesos de transformación material, sensorial y simbólica. ¿Cómo hablar entonces con los cuerpos que habitan estos archivos de la naturaleza? ¿Bajo qué parámetros y con qué fines? 



1.2.3.  Afectos

Para responder a la anterior pregunta, retomo las palabras de Heather Houser cuando se refiere a la manera como el ecocriticismo busca establecer una conexión entre el giro afectivo[1][i] en las disciplinas sociales y la investigación ambiental y biomédica:
dos compromisos se destacan para afiliar los relatos de afecto en estas áreas, así como en las ciencias cognitivas, la estética y la filosofía política: determinar cómo los objetos y eventos atraen la atención en nuestros mundos personales y cómo los apegos, desapegos y compromisos se forman a partir de esa atención.[2][ii]

Según Houser, el entrelazamiento de las emociones y la narración en los estudios ambientales plantean “un compromiso más explícito con las teorías del afecto que enriquece la comprensión de los ecocríticos sobre la influencia de la narrativa en cómo vemos, cómo sabemos y cómo arraigan las obligaciones"[3][iii]

En esta investigación, la comunicación de los afectos en la narrativa construida cobra sentido en la medida en que hace parte de mis postulados académicos: escribir desde un lugar sensible y transmitir esa sensibilidad estética para generar pensamiento y movimiento en sentido político. Esa relación entre emisor-receptor que establece la escritura-lectura es fundamental para la imaginación y elaboración de otras formas de pensar el futuro afectivo-ambiental y por ende de construirlo. Como lo afirma Alexa Weik von Mossner: 

esto implica que la comprensión afectiva y propositiva de los lectores –e incluso la de los no lectores-- puede moldearse o, al menos, verse influida por la narrativa ambiental [a través de] un repertorio de técnicas retóricas y narrativas que pretenden implicar sensorial y emocionalmente a los lectores y, de este modo, moverlos a la acción.[4][iv]
Y es que mi investigación no sólo tiene un objetivo académico, sino que también busca abrir un diálogo político sobre cómo y por qué se le ha negado una infraestructura adecuada[5] a las entidades biológicas no humanas que habitan en el Instituto de Ciencias Naturales del país, y en este caso puntual a los especímenes botánicos. Actualmente, la infraestructura de este Instituto se encuentra en alto riesgo de colapso interno y se ve constantemente afectada por las lluvias intensas que se presentan en Bogotá durante ciertas épocas del año[6] (ver Ilustración 6). Estos dos elementos ponen en peligro la conservación del muestreo más grande que existe sobre la biodiversidad del país. 

 Ilustración 6- Retratos de la situación actual de la infraestructura del Herbario Nacional Colombiano y del Instituto de Ciencias Naturales. Fotografías de la autora tomadas en Septiembre de 2024.

En el desarrollo de este trabajo, preguntarme por la historia y el presente de las prácticas de colecta del Herbario Nacional me permite problematizar los discursos de conservación ambiental y la orientación de las políticas de restauración ecológica. Evidenciar cómo se manifiesta el afecto es fundamental para analizar la relación entre actor[7] y aquellos objetos-cuerpos[8] que captan su atención restituyendo importancia y agencia no sólo al actor, sino a los objetos que suelen considerarse estables y estáticos. Al rastrear estas relaciones afectivas, emergen las diversas formas en que estos objetos se despliegan según el tipo de contacto con las demás entidades. Es por esto por lo que a lo largo de esta investigación manejo el concepto de ecofacto para referirme a estos objetos con los que dialogo.

El panorama sobre el contacto y el tacto al momento de leer la documentación sugiere una inquietud sobre la diagramación e impresión que he decidido darle a esta investigación. Como lo detallaré más adelante, me guía la intención de transmitir una sensibilidad estética que toque al lector para generar movimiento en sus pensamientos, palabras y acciones. Aparece entonces la cuestión de la narrativa relacionada con la materialidad del objeto que la contiene y la transmite. El diseño y el material no sólo sirven de acompañante o elección, sino que busco que participen activamente en la experiencia de lectura, comprensión y aprehensión del texto. El análisis de Gerard Genette en Paratexts[9] es enriquecedor en este sentido porque reinstala la necesidad de una reflexión sobre la forma en que se genera la primera impresión del lector sobre el documento. Este ya no se empieza a leer cuando aparece el texto central, sino desde el momento en que se coge con las manos. Así, el objeto mismo cumple un rol activo para comunicar los postulados aquí desarrollados: se convierte, no en complemento, sino en un argumento respecto a las cuestiones de percepción, corporeidad y emoción. Esto último vale tanto para los documentos y piezas de los herbarios como para la impresión este manuscrito.


Ilustración 7- Fotografías de la maqueta de impresión del manuscrito. Trabajo artístico-editorial de la autora. 2024.


Cada sección del cuerpo del manuscrito, ver Ilustración 7, cuenta con una portada en un papel específico. Los capítulos buscan transmitir su identidad propia, la cual está directamente relacionada con el lugar de origen de la información utilizada. Es decir, en el caso del primer capítulo, El botánico, que trata sobre la vida de José Jerónimo Triana, la envoltura del capítulo recrea el color y la forma de las carpetas del archivo consultado: el Archivo Histórico Central. En el capítulo dos, La especie, la envoltura simula una portada editorial como en la que Triana publicó los resultados de sus investigaciones, dando a los a luz a las “especies” determinadas. Para el tercer capítulo, El espécimen, la selección de la envoltura también remite a una carpeta: aquella que se usa en el Herbario Nacional para resguardar los especímenes botánicos. El cuarto capítulo, titulado La planta, cuenta con una envoltura fabricada a partir de papel periódico. Este papel se usa para prensar las plantas colectadas en campo y es el momento inicial de su transformación material. Cada Anexo tienen su diagramación individual y son independientes del resto de la publicación. En todas estas secciones, las fotografías, los especímenes y las ilustraciones se insertan como desprendibles y su consulta se complementa por una lupa de mano.

Retomando la lectura que hace Alexa Weik von Mossner sobre Material Ecocriticism de Serenella Ioviono and Serpil Oppermann, “los ecocríticos que se suben a «la nueva ola materialista del pensamiento» se interesan por «las dinámicas emergentes de la materia y el significado, el cuerpo y la identidad, el ser y el saber, la naturaleza y la cultura, el bios y la sociedad... no aislados unos de otros sino unos a través de otros, siendo la materia un proceso continuo de encarnación que implica y determina mutuamente la cognición, las construcciones sociales, las prácticas científicas y las actitudes éticas».”[10][v] Las estrategias narrativas se configuran entonces como una arquitectura autoportante y relacional. De forma similar a los rizomas de Deleuze, que se caracterizan por su capacidad de generar conexiones, las narrativas también están conectadas con otros sustratos del conocimiento. Alexa Weik von Mossner lo resume al exponer su interés “en el modo en que [las] narraciones apelan a nuestra percepción sensual y a nuestra cognición corporal –aunque de maneras muy diferentes-- para sumergirnos en sus mundos y hacernos partícipes […].”[11][vi]


[i] Clough y Halley, The Affective Turn., 3. 
The Affective Turn elaborates might itself be described as marking an intensification of self-reflexivity (processes turning back on them- selves to act on themselves) in information/communication systems, includ- ing the human body; in archiving machines, including all forms of media technologies and human memory; in capital flows, including the circulation of value through human labor and technology; and in biopolitical networks of disciplining, surveillance, and control. [ii] Houser, Ecosickness in Contemporary U.S. Fiction, 23.
Two commitments stand out to affiliate accounts of affect in these areas as well as in the cognitive sciences, aesthetics, and political philosophy: determining how objects and events rise to attention in our personal worlds and how attachments, detachments, and commitments form from that attention.[iii] Houser, Ecosickness in Contemporary U.S. Fiction, 23.
More explicit engagement with theories of affect enriches ecocritics’ understanding of narrative’s influence on how we see, how we know, and how obligations take root.[iv] Mossner, Affective Ecologies, 8.
This implies that the affective and propositional understanding of readers—and even that of non-readers—can be shaped or at least influenced by environmental narrative [trough] a repertoire of rhetorical and narrative techniques that aim to engage readers sensually and emotionally and thereby move them to action.[v] Mossner, Affective Ecologies, 10.
Ecocritics who ride ‘the new materialist wave of thought’ are interested in ‘the emerging dynamics of matter and meaning, body and identity, being and knowing, nature and culture, bios and society . . . not in isolation from each other but through one another, matter being an ongoing process of embodiment that involves and mutually determines cognition, social constructions, scientific practices, and ethical attitudes’ (2014, 5).[vi] Mossner, Affective Ecologies, 2.
My concern is with the ways in which both narratives appeal to our sensual perception and embodied cognition—if in very different ways—in order to immerse us into their storyworlds and engage us in the gruesome tale they tell about environmental disaster and human suffering.


































[1]
Un espécimen no es una planta. Ha atravesado procesos de transformación material y epistémica que la insertan en otra red de relacionamientos. No obstante, esta nueva materialidad simbólica y estética es lo que hace del espécimen una representación material de una planta.



[2]
Me interesa la similitud entre conservación y conversación por las luces que arroja sobre los temas tratados en estas páginas: conversar para conservar algo, conservar para luego poder conversar
.


































[1] Amat-García y Aguirre-Ceballos, «El Instituto de Ciencias Naturales (1936-2019)», 769.




















[2] Por artesanía se entiende al trabajo práctico e intelectual ejercido por el equipo que conformó la comisión.


[3] Del Castillo, Crafting a Republic for the World, 2.













[4] Del Castillo, Crafting a Republic for the World, 4.

































[5] Sánchez, Gobierno y geografía, 275.































[1] Ingold, Lines.
[2] Ibid., 39.






[3] Por materia me refiero a todo aquello que ocupa un lugar en el espacio: un cuerpo; puede ser un ser vivo, un ser muerto, un ser en descomposición, un objeto en movimiento, un objeto inerte. Por material me refiero a los materiales me refiero a los componentes que conforman los cuerpos (materia) según su variabilidad de asociaciones. Por materialidad me refiero en sí a la cualidad que se les atribuye a los cuerpos según su forma física y su material.




[4] En nuestro caso se trata del Herbario Nacional Colombiano (COL), ubicado actualmente en el Insituto de Ciencias Naturales de la sede Bogotá de la Universidad Nacional de Colombia.






[5] Comprendo el trabajo artesanal desde la perspectiva de Richard Sennett en su obra El Artesano, 329: “El trabajo artesanal encarna la gran paradoja de que una actividad de gran refinamiento y complejidad surja de actos mentales tan simples como la descripción detallada de los hechos y su indagación posterior.” 





















































[6] Este Archivo, también ubicado en el campus de la UNAL, se encuentra al otro lado del Herbario. 















[7] Desplegar los pliegues nos remite a reconocer el movimiento interno de los cuerpos interrogados en la investigación (los especímenes, las cartas, las ilustraciones…) y que dialogan a distintos tiempos y escalas consigo mismos y con aquellos cuerpos que resultan similares como diferentes.




























[1] Blackmore et al., Cuerpos Permeables, 6-16.
[2] Ibid.



















[1] Florian Tirado, «El espécimen ingobernable. Cultura material del error en colecciones de historia natural.», 11.











[1] Clough y Halley, The Affective Turn., 3. El giro afectivo remite a un enfoque transdisciplinario que replantea el papel de las emociones y los afectos en la vida social, política y cultural, enfocándose no solo en las experiencias humanas, sino también en cómo estas se ven amplificadas, registradas y transformadas por tecnologías y sistemas contemporáneos. 



[2] Houser, Ecosickness in Contemporary U.S. Fiction, 23.
[3] Ibid., 23.


















[4] Mossner, Affective Ecologies, 8.




[5] Bromberg, Best Practices for the Conservation and Preservation of Herbaria.
Una infraestructura ideal para el mantenimiento de un herbario se estructura en torno a varios componentes de conservación. Por un lado, debe proveer un control riguroso de plagas mediante la congelación de especímenes a -20°C durante 48-72 horas, evitando el uso de pesticidas que puedan dañar tanto las muestras como la salud. En las aulas de consulta y almacenamiento se debe mantener una temperatura estable de 20°C y una humedad relativa del 50%, evitando fluctuaciones. Las muestras deben almacenarse en papel libre de ácido y protegidas del polvo, utilizando gabinetes metálicos con sellos de goma para evitar la entrada de luz, polvo y plagas. Finalmente, es clave que la infraestructura física también provea una infraestructura digital para preservar la información asociada a los especímenes, garantizando su accesibilidad y conservación a largo plazo sin necesidad de manipulación física directa.

[6] Ver: Instituto de Ciencias Naturales – UNAL (@ICNUNAL). "Grietas estructurales que se quieren volver historia de una tragedia. Este edificio se hunde y se quiebra mientras el agua nos cae encima #SOS_ICN” Twitter, 21 de febrero de 2024, https://bit.ly/3BgmgRD.
























[7] Por actor contemplo tres posibles escenarios en esta investigación: quien colecta la planta, el científico; quien estudia al científico, la investigadora de esta tesis; quien lee la investigación, el público.

[8] En el marco de esta investigación, por objeto me remito a la planta, el espécimen, la especie.
















[9] Genette y Macksey, Paratexts.





























































[10]
Mossner, Affective Ecologies, 10.
[11] Ibid, 2.